Gente que Cuenta

Maestro de capirote,
por Victorino Muñoz

Francisco de Goya Atril press
Francisco de Goya,
Tribunal de la Inquisición (detalle), 1812
Fuente: https://pt.wikipedia.org/

Cuando llegué a la universidad me sorprendió escuchar una frase. “Ese profesor es bueno, pero aburrido”, me decía una chica de segundo semestre, adelantándome lo que me iba a encontrar cuando pasara del primero.

La verdad, era algo en lo que nunca antes había pensado. Digo, no sabía que un profesor podía ser aburrido o, dicho de otro modo, que un profesor tuviera que no serlo, sino lo contrario, que debía divertir a los estudiantes, aparte de darles clases.

No podría afirmar si, en efecto, mis profesores y maestros anteriores para ese momento, quiero decir, los de la primaria o el liceo, fueron o no aburridos. Fueron profesores sin más ni más. Iban a lo suyo y ya.

En ese entonces yo creía que el docente era como un libro, como un libro abierto que alguien iba leyendo frente a mi cara (quizás lo sigo creyendo). Y un libro es un montón de letras negras sobre una hoja blanca. No tiene efectos especiales ni nada.

Digo todo esto porque, tal vez hoy día mucho más, sigo escuchando entre los estudiantes y aun entre mis colegas docentes esas críticas acerca de algún profesor que resulta aburrido, porque solo se limita a hablar de sus contenidos en clases.

No voy a decir si yo soy o no divertido. Si lo soy, no es porque me proponga serlo. Pero tampoco considero que sea obligación del docente entretener a la audiencia como si de un stand up comedy se tratara. El primer deber del maestro debería ser saber lo que se supone que sabe (en otro momento discutiremos esto).

En mis tiempos de universitario no existía aún tanta parafernalia tecnológica. Los profesores no usaban más la pizarra y, a lo sumo, un estático proyector de diapositivas, aparte de su voz, su palabra, o alguna que otra guía fotocopiada.

Ahora, se supone que debemos emplear medios tecnológicos, incorporar videos y presentaciones dinámicas, hacer diversas actividades que resulten amenas para la clase; incluso, hay que mantener todo un sistema paralelo de recursos en línea. Y todo por la misma paga.

Si el profesor no hace nada de esto, y se circunscribe a dictar y a copiar en la pizarra, es señalado con el dedo, porque ahora el sombrerito de cono como que lo lleva es el maestro.

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Victorino Muñoz valenciano, autor de "Olímpicos e integrados", ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y "Página Roja", publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017. rvictorino27@hotmail.com Twitter:@soyvictorinox Foto Geczain Tovar

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