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Rafael Victorino Muñoz

Opinión política,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 268b

Opinión política,
por Victorino Muñoz

De todos los géneros y subgéneros de la prosa ensayística o argumentativa, el que menos leo, por parecerme el más tedioso de todos, es el que llaman opinión política. Lo he intentado a veces, pero lo dejo al poco rato. A lo sumo, la gran mayoría de los productos discursivos que se pueden inscribir bajo esta etiqueta se limitan a decir una sola y única cosa, esto es, tratar de demostrar que los del otro bando están totalmente desencaminados, o que son unos seres viles, nefastos, unos cretinos, unos degenerados, qué sé yo. Los argumentos para cimentar tal opinión consisten, a su vez, en enfatizar ya alguno u otro aspecto de los personajes del bando rival. Y nótese que hablo, en primer lugar, de las personas, porque al parecer lo más agradable para tales opinadores es atacar a las perso...
Psicología hater,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 267b

Psicología hater,
por Victorino Muñoz

El término hater se aplica a las personas que se dedican a despreciar o criticar destructivamente a alguien o algo; aunque eso puede hacerse de una manera particular o general. Es decir, hay haters que odian al mundo entero y hay otros que la tienen tomada específicamente con una persona, equipo deportivo, país, etc. Entonces, puede haber haters en casi todas las áreas de actividad humana: en las artes, en el deporte… Y en esto último es donde más se nota, porque creo que numéricamente hablando hay más fanáticos deportivos que de la literatura. Y no sabría decir si por suerte o por desgracia, ya que aquí también aplica lo de “pueblo pequeño, infierno grande”. Yo desde hace tiempo vengo observando dicha conducta, tanto en persona como a través de las redes. Y me da la impresión de ...
Cerca de casa,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 266d

Cerca de casa,
por Victorino Muñoz

Esta semana me he dado una caída de padre y señor nuestro, que por poco no me rompo la crisma, como se decía antaño, figurativamente hablando. Pues, nada, me encontraba de lo más tranquilo, paseando al perro en un parque cerca de la casa, y fui a saltar un pequeño saliente, cosa de unos pocos centímetros. De pronto me fui de un lado y luego hacia atrás. Perdí el equilibrio, o el perro haló la correa o ambas cosas. Lo cierto es que al siguiente segundo estaba de espaldas en el suelo, aterrizando de cintura (por decirlo de una manera decente) y pataleando como cucaracha patas arriba. Al poco se acercan unos niños que andaban por ahí jugando, para ayudarme y preguntar cómo estaba. Todo bien, dije, levantándome por mis propios medios. En efecto, no fue nada. Apenas raspones en los ...
Razón de la novela,<br/>  por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 265c

Razón de la novela,
por Victorino Muñoz

Más allá de lo que nos mueve a iniciar su lectura, hay razones para seguir con una novela. La primera tiene que ver con lo que se conoce como intriga, definida de un modo básico como aquellas técnicas y recursos que dispone el autor para que el lector se mantenga a la expectativa con respecto a una situación por esclarecer. Así, continuamos con el libro para saber la respuesta al “¿qué pasará luego?” Y este qué pasará puede referirse a muchas cosas: se casarán los protagonistas (intriga amorosa), quién es el culpable, lo capturarán (intriga policial), se restablecerá el equilibrio (emocional, afectivo, familiar), y un largo etcétera. Ejemplos de este tipo de historias las encontramos en El conde de Montecristo de Alejandro Dumas (¿logrará vengarse?), Orgullo y prejuicio (¿se casarán ...
Conquista verbal, por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 264a

Conquista verbal, por Victorino Muñoz

Hace días me pasó una cosa muy curiosa: iba pasando por una calle del centro de la ciudad y alguien, desde algún edificio, arrojó un pollito. Cosa desagradable, por supuesto; sin embargo, yo pensé en que parecía un cuento de Cortázar (Carta a una señorita en París), mezclado con uno de Massiani (Un regalo para Julia). Precisamente Cortázar dijo en alguna ocasión que la literatura es una vasta empresa de conquista verbal de la realidad. Esta conquista verbal se materializa muchas veces cuando comenzamos a ver dicha realidad, o aun a nombrarla, con las palabras que los escritores crean, intencionalmente o sin querer. Con esto me refiero al hecho de que para referirnos a un espectáculo grotesco podemos usar el término dantesco, a una situación absurda podemos llamarla kafkiana y a un pe...
Pasión felina,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 263c

Pasión felina,
por Victorino Muñoz

Las razones para preferir los gatos, o para simplemente querer tener de mascotas a estas misteriosas, hermosas y divertidas criaturas, son diversas. Podríamos comenzar la enumeración considerando el aspecto estético visual, es decir, lo que vemos en el exterior. Los gatos atraen tanto por la armonía de formas como por el movimiento al andar, al correr, al saltar, mover las patitas. Están todos llenos de gracias Y hablando de atracciones visuales, la de sus ojos es difícil de ignorar. De hecho, a menudo cuando nos referimos a una personas de ojos lindos y hermosos, es común decir que parece un gato o, incluso, apodarlos el gato o la gata. En segundo lugar, aunque para mí esto está en primero, se encuentra el placer táctil. Pocas cosas me resultan más placenteras que deslizar la man...
Ceda el paso, por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 262a

Ceda el paso, por Victorino Muñoz

No sabría decir la totalidad de los rasgos que debe caracterizar eso que llamamos civilidad, entendida como la capacidad, más bien diría yo cualidad, de vivir de manera armoniosa con los demás. Sin embargo, tengo para mí que, más allá del respeto mutuo, la educación, acatamiento de las normas, no arrojar basura, no pasar un semáforo en rojo, etc., el acto de ceder el paso tiene algo que decir en este asunto. Ceder el paso es para mí el sumun de la cortesía y la consideración al otro. Si estoy saliendo por una puerta y otro quiere entrar, sea hombre, mujer, niño, anciano, perro o gato, yo dejo que pase primero. Lo mismo hago si voy por una acera estrecha: desciendo y dejo que el que viene circule a sus anchas; al llegar a un cruce me detengo y dejo que pase el otro; y si es un peat...
Palabras al viento, por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 261a

Palabras al viento, por Victorino Muñoz

"Al ceñirte en mis brazos, estrecho contra mi corazón esa belleza que del mundo hace mucho se marchara". WB Yeats Por alguna razón que desconozco, al leer esos versos de Yeats, pensé en Helena de Troya y en todo lo que su belleza, según en la Ilíada se cuenta, despertó en su momento: una guerra, el final de un mundo y el inicio de otro. Sin embargo, de esa belleza, que del mundo hace mucho se marchara – como dice el poema – no queda nada. No hay ni una imagen, ni una estampa. Se desapareció de la faz de la tierra, como si nunca hubiera existido; y no se sabría de ella ni se recordaría, si no fuera precisamente por las palabras que sobre ella alguna vez se escribieron. Lo mismo puede decirse de las grandes murallas de Troya, si es que alguna vez estuvieron; de sus pesadas puertas,...
Hambre de saber,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 260d

Hambre de saber,
por Victorino Muñoz

En El crimen de Silvestre Bonnard, de Anatole France, se lee este diálogo: —¡Cuántos libros! ¿Los ha leído usted todos? — Desgraciadamente. Por lo cual no sé nada, pues ninguno de esos libros deja de desmentir al otro; de manera que, una vez conocido lo que dicen todos, no se sabe qué pensar. De verdad que para quien no lee habitualmente, una persona que frecuenta los libros podría parecer un gran sabio. Mas no es así, ya que, como insinúa Anatole France, tanta lectura nos puede dejar sumidos más bien en un mar de confusiones. Esto diría una persona sabia y sensata, de esas que ya no se ven mucho, al admitir que por más que leemos siempre estamos lejos de saberlo todo; incluso, mientras más sabemos más nos percatamos de cuánto nos falta. Claro que no falta el caso contrario, de...
Boxeo de sombra,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 259c

Boxeo de sombra,
por Victorino Muñoz

Desde que tengo dos cuentas de WhatsApp me ha dado por hablar cada vez más conmigo mismo. Esta es una costumbre que creo tenemos todos (me refiero al diálogo interno); sin embargo, yo lo he llevado a otro nivel, al convertirlo en una buena manera de ejercitarme en esta difícil esgrima de la argumentación.En tal sentido, cuando tengo una idea para comenzar a escribir algo (como los artículos para esta página), uno de mis yo toma partido por una de las dos posiciones. Por ejemplo, si las redes sociales traen más cosas buenas que malas; o viceversa.Y entonces, dale que te doy, comienza una andanada de discursos ya a favor, ya en contra.- Las personas pueden compartir con quienes tienen sus mismos intereses, gustos y afinidades – dice uno de mis yo.- Sí, pero entonces pueden encerrarse solo en...
Adiós, mundo cruel,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 258d

Adiós, mundo cruel,
por Victorino Muñoz

Hace unas décadas me inscribí en la universidad en un seminario de pensamiento económico (pese a que era estudiante de literatura). El que fungía como profesor publicó un artículo en el que afirmaba que el mundo físico se estaba evaporando. En un principio no lo entendí bien, acaso por mi juventud, acaso porque en ese tiempo tenía la manía de estar en desacuerdo con las personas mayores que yo, solo por el hecho de ser mayores. Como sea. Por falta de espacio no voy a resumir lo que decía el autor para explicar las razones de su aserto. Solo quiero dar fe de que su afirmación se convirtió en una predicción, que ya ha empezado a cumplirse en diversos ámbitos. Hace ya algún tiempo, como ustedes habrán podido notar, la música dejó de existir como objeto físico que se compra y se vende. N...
No pasa nada,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 257c

No pasa nada,
por Victorino Muñoz

Hace unos años, como por las fechas decembrinas, iba camino a una reunión con los compañeros con quienes trabajaba en ese entonces. De pronto del carro comenzó a salir humo y a mostrar signos de recalentamiento. Me detuve, abrí el capó y noté que, en efecto, se había roto una manguera. Tuve que llamar para decir que no iba a la reunión. Lástima. Yo nunca me pierdo una comida. Sin embargo, en esas condiciones era difícil que pudiera llegar. Recordé que cerca del sitio en el que estaba había un taller donde tal vez pudieran auxiliarme para resolver el problema y asistir al compromiso o por lo menos regresar a la casa. Claro, en ese estado no era recomendable encender el carro. Así que me dispuse a empujarlo, por unas cuadras. Comencé en la tarea y al poco rato se acercó un sujeto: ...