News That Matters

Rafael Victorino Muñoz

Hambre de saber,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 260d

Hambre de saber,
por Victorino Muñoz

En El crimen de Silvestre Bonnard, de Anatole France, se lee este diálogo: —¡Cuántos libros! ¿Los ha leído usted todos? — Desgraciadamente. Por lo cual no sé nada, pues ninguno de esos libros deja de desmentir al otro; de manera que, una vez conocido lo que dicen todos, no se sabe qué pensar. De verdad que para quien no lee habitualmente, una persona que frecuenta los libros podría parecer un gran sabio. Mas no es así, ya que, como insinúa Anatole France, tanta lectura nos puede dejar sumidos más bien en un mar de confusiones. Esto diría una persona sabia y sensata, de esas que ya no se ven mucho, al admitir que por más que leemos siempre estamos lejos de saberlo todo; incluso, mientras más sabemos más nos percatamos de cuánto nos falta. Claro que no falta el caso contrario, de...
Boxeo de sombra,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 259c

Boxeo de sombra,
por Victorino Muñoz

Desde que tengo dos cuentas de WhatsApp me ha dado por hablar cada vez más conmigo mismo. Esta es una costumbre que creo tenemos todos (me refiero al diálogo interno); sin embargo, yo lo he llevado a otro nivel, al convertirlo en una buena manera de ejercitarme en esta difícil esgrima de la argumentación.En tal sentido, cuando tengo una idea para comenzar a escribir algo (como los artículos para esta página), uno de mis yo toma partido por una de las dos posiciones. Por ejemplo, si las redes sociales traen más cosas buenas que malas; o viceversa.Y entonces, dale que te doy, comienza una andanada de discursos ya a favor, ya en contra.- Las personas pueden compartir con quienes tienen sus mismos intereses, gustos y afinidades – dice uno de mis yo.- Sí, pero entonces pueden encerrarse solo en...
Adiós, mundo cruel,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 258d

Adiós, mundo cruel,
por Victorino Muñoz

Hace unas décadas me inscribí en la universidad en un seminario de pensamiento económico (pese a que era estudiante de literatura). El que fungía como profesor publicó un artículo en el que afirmaba que el mundo físico se estaba evaporando. En un principio no lo entendí bien, acaso por mi juventud, acaso porque en ese tiempo tenía la manía de estar en desacuerdo con las personas mayores que yo, solo por el hecho de ser mayores. Como sea. Por falta de espacio no voy a resumir lo que decía el autor para explicar las razones de su aserto. Solo quiero dar fe de que su afirmación se convirtió en una predicción, que ya ha empezado a cumplirse en diversos ámbitos. Hace ya algún tiempo, como ustedes habrán podido notar, la música dejó de existir como objeto físico que se compra y se vende. N...
No pasa nada,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 257c

No pasa nada,
por Victorino Muñoz

Hace unos años, como por las fechas decembrinas, iba camino a una reunión con los compañeros con quienes trabajaba en ese entonces. De pronto del carro comenzó a salir humo y a mostrar signos de recalentamiento. Me detuve, abrí el capó y noté que, en efecto, se había roto una manguera. Tuve que llamar para decir que no iba a la reunión. Lástima. Yo nunca me pierdo una comida. Sin embargo, en esas condiciones era difícil que pudiera llegar. Recordé que cerca del sitio en el que estaba había un taller donde tal vez pudieran auxiliarme para resolver el problema y asistir al compromiso o por lo menos regresar a la casa. Claro, en ese estado no era recomendable encender el carro. Así que me dispuse a empujarlo, por unas cuadras. Comencé en la tarea y al poco rato se acercó un sujeto: ...
Viejo llorón,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 256d

Viejo llorón,
por Victorino Muñoz

Si bien algunos dicen que los hombres no lloran, hasta cierta edad yo creía que solo estaba permitido soltar algunas lágrimas por tres razones:- Porque nos deja una mujer- Porque pierde nuestro equipo (de fútbol o, en mi caso, de básquet)- Porque nos arrancamos accidentalmente un pelo de la nariz (eso sí duele, compadre)Pero, he aquí que he llegado a cierta edad y me he convertido en un viejo llorón. Me empiezan a conmover tantas cosas que antes, en mi juventud, hubiera visto hasta con cierta indiferencia o, por lo menos, serenidad. Por ejemplo:- Todos los días paso trotando frente a un conjunto de edificios y veo a un señor, enorme como una montaña, que pasea un perrillo; el animalito está paralizado de las patas traseras. Y el señor lo pone en la grama, se acuesta con él, espera que el p...
Los no invitados,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 254c

Los no invitados,
por Victorino Muñoz

En medio de la algarabía, el dueño de casa le quita de las manos el micrófono al cantante de la orquesta y grita: – Un momento, un momento… aquí pasa algo. Cesa toda música y todo movimiento de parte de las parejas que estaban en la pista. – Al parecer, hay unos cuantos colados que no fueron invitados – continúa el jefe de familia–… A ver, los familiares de la novia se ponen hacia este lado… Y un grupo de personas se alinea hacia la izquierda. – Y los familiares del novio de este lado… Y otro grupo hacia la derecha. – Ahora se salen todos, porque esto es una fiesta de cumpleaños. Más o menos esta es la impresión que me da, todos los días, cuando entro en mis cuentas de Facebook, Instagram o X: un montón de personas a las que no conozco, que no recuerdo haber solicit...
Trabajo invasivo,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 253b

Trabajo invasivo,
por Victorino Muñoz

Según una teoría que yo inventé, los trabajos se dividen en dos grandes grupos:- Los no invasivos: son aquellos que cumples en un lugar y tiempo determinados y que, una vez que culmina dicho período o te vas de dicho lugar, cesa todo contacto con el mismo. Por ejemplo, el agricultor no puede llevarse la siembra a casa; del mismo modo que el albañil no puede terminar de armar la pared en su hogar mientras mira la televisión.- Y los invasivos: llámanse así a aquellos que te persiguen en donde estés; es decir, cuando sales de tu lugar de trabajo o estás fuera de tu horario y todavía debes llevarte parte del mismo a tu casa, ya sea porque tienes tareas, o porque los jefes te llaman, debes realizar alguna formación en línea o presencial, ir a una reunión y etcétera.Por supuesto, hay unos más in...
Ser bestseller,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 252c

Ser bestseller,
por Victorino Muñoz

 En ocasiones se me han acercado personas con la intención de darme uno de esos consejos que no sirven en realidad para nada. Hace unos días, por enésima vez, me sugirieron que escribiera un libro que vendiera muchos ejemplares.“¡Verdad!, ¿por qué no se me había ocurrido antes?”, me dieron ganas de responderle a la persona. Pero, como no me gusta quitarle su ilusión a nadie y ya no me ando peleando con la gente en la calle (prefiero hacerlo por escrito), solo dije gracias.Sin embargo, aquí estoy, discutiendo el asunto aunque tardíamente. El punto es que yo no he escrito (y no creo que vaya a escribir) una de esas obras que se convierten bestseller por la sencilla razón de que es un libro que le gusta a una gran mayoría.¿Y eso qué?, me preguntarán ustedes. Bueno, aclaro, no es que me las dé...
La lección de Steinbeck,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 251b

La lección de Steinbeck,
por Victorino Muñoz

Todos los libros nos enseñan algo, pero este algo no siempre es lo mismo que se propuso el autor (si es que se propuso enseñar), y no necesariamente guarda relación con el asunto del libro. Ello se debe a que tal aprendizaje muchas veces tiene que ver más con quien lee o con cómo lee, que con lo escrito propiamente como tal.El asunto es que lo que me quedó de Al este del edén de John Steinbeck, aparte de las líneas gruesas de la historia principal, es algo que el autor escribió sobre llevar a cabo una tarea, olvidando lo que uno hace. Textualmente dice: "para realizar como es debido cualquier acción difícil y sutil, es preciso considerar ante todo la finalidad a la cual se tiende; una vez aceptada dicha finalidad como deseable, entonces es preciso olvidarla por completo y concentrarse únic...
Pequeños terrores,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 250d

Pequeños terrores,
por Victorino Muñoz

En la antigüedad las historias de terror eran sobre monstruos monstruosos, enormes, terribles: el kraken, la hidra de Lerna, Polifemo, el mismo Goliat era tan alto como intimidante. El tamaño sí importaba a la hora de infundir miedo. Posteriormente, y también un poco ahora, el ser humano siguió temiendo a los seres grandes, como el oso, el tigre, el lobo; y a su sonido, y a todo sonido bronco, como el del trueno. Esto lo fue superando conforme desarrollaba armas que le permitían vencer a tales bestias y vencer tal vez los miedos. Pero, por otra parte, con el correr del tiempo y los avances de la ciencia exploramos lo más pequeño y descubrimos que lo terrible también es lo diminuto y viceversa, y que algo ínfimo e invisible a los ojos puede ser mortal. Un virus, una bacteria, que caus...
Hijos peludos,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 249d

Hijos peludos,
por Victorino Muñoz

Como la gente ha seguido insistiéndome, cada vez que me ven con mis perros y gatos, he tenido que volver sobre el tema. No, no, les respondo: no me molesta para nada tener que limpiar sus pelos regados por todos lados, sus necesidades fisiológicas o los desastres que hacen cuando deciden ponerse a jugar con lo que no deben. A menudo les pregunto a estos impertinentes (porque es lo que me parecen, ya que ellos no me ayudan ni a limpiar ni me dan para la comida de los animales): si usted tuviera un hijo, ¿le molestaría acaso tener que recoger lo que riegan, bañarlos o asearlos? ¿Verdad que no? Y si ya los tiene, sabe mejor que nadie esa respuesta. Pues, aunque no se me parezcan, ese perro y ese gato que usted ve allí, son mis hijos. Son mis niños peludos, chiquitos y orejones. Los amo ...
El peor de los oficios,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 248d

El peor de los oficios,
por Victorino Muñoz

En un ensayo de título homónimo al del presente artículo, Gustavo Pereira afirma que el de poeta es el peor de los oficios. En líneas generales, los argumentos con que apoya su aserto se pueden resumir en lo siguiente: la inutilidad de tal arte, sobre todo inutilidad para proveer el sustento; no es considerado un trabajo, solo se ejerce a destajo, a medias, o a escondidas. Podríamos añadir que incluso el trato de los propios poetas hacia sus colegas hace más difícil el asunto… Pero, no quiero continuar por esta línea, ya que difiero del autor con respecto al asunto principal, es decir, no estoy de acuerdo con que ese deba ser considerado el peor de los oficios. Para mí son los oficios del hogar. Que tengamos esta discrepancia me hace temer que Pereira no debe cocinar mucho, ni anda t...