Arte del prólogo,
por Victorino Muñoz
Ya lo había escrito, pero lo repito: los prólogos son el letrero de hale o empuje en las puertas. Todo el mundo los ignora.
¿Cuáles son las razones para mantener, empero, esta oscura e incierta tradición, pese al escaso interés que suscita? Ensayemos algunas posibles respuestas.
Tal vez una razón de la existencia del prólogo es que los lectores de pocas luces, una vez leído el libro, tendrán alguna frase inteligente para hablar del mismo, repitiendo lo que dijo el prologuista.
Por lo común, en un gran grupo de casos, tenemos un libro de un autor no muy conocido: es el prologuista, el que lo presenta, quien atrae realmente la atención sobre aquel. De hecho, así se promocionan unos cuantos: compra esta edición, es la que trae el prólogo del célebre catedrático o escritor…
Empero,...












