News That Matters

Rafael Victorino Muñoz

Los no invitados,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 254c

Los no invitados,
por Victorino Muñoz

En medio de la algarabía, el dueño de casa le quita de las manos el micrófono al cantante de la orquesta y grita: – Un momento, un momento… aquí pasa algo. Cesa toda música y todo movimiento de parte de las parejas que estaban en la pista. – Al parecer, hay unos cuantos colados que no fueron invitados – continúa el jefe de familia–… A ver, los familiares de la novia se ponen hacia este lado… Y un grupo de personas se alinea hacia la izquierda. – Y los familiares del novio de este lado… Y otro grupo hacia la derecha. – Ahora se salen todos, porque esto es una fiesta de cumpleaños. Más o menos esta es la impresión que me da, todos los días, cuando entro en mis cuentas de Facebook, Instagram o X: un montón de personas a las que no conozco, que no recuerdo haber solicit...
Trabajo invasivo,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 253b

Trabajo invasivo,
por Victorino Muñoz

Según una teoría que yo inventé, los trabajos se dividen en dos grandes grupos:- Los no invasivos: son aquellos que cumples en un lugar y tiempo determinados y que, una vez que culmina dicho período o te vas de dicho lugar, cesa todo contacto con el mismo. Por ejemplo, el agricultor no puede llevarse la siembra a casa; del mismo modo que el albañil no puede terminar de armar la pared en su hogar mientras mira la televisión.- Y los invasivos: llámanse así a aquellos que te persiguen en donde estés; es decir, cuando sales de tu lugar de trabajo o estás fuera de tu horario y todavía debes llevarte parte del mismo a tu casa, ya sea porque tienes tareas, o porque los jefes te llaman, debes realizar alguna formación en línea o presencial, ir a una reunión y etcétera.Por supuesto, hay unos más in...
Ser bestseller,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 252c

Ser bestseller,
por Victorino Muñoz

 En ocasiones se me han acercado personas con la intención de darme uno de esos consejos que no sirven en realidad para nada. Hace unos días, por enésima vez, me sugirieron que escribiera un libro que vendiera muchos ejemplares.“¡Verdad!, ¿por qué no se me había ocurrido antes?”, me dieron ganas de responderle a la persona. Pero, como no me gusta quitarle su ilusión a nadie y ya no me ando peleando con la gente en la calle (prefiero hacerlo por escrito), solo dije gracias.Sin embargo, aquí estoy, discutiendo el asunto aunque tardíamente. El punto es que yo no he escrito (y no creo que vaya a escribir) una de esas obras que se convierten bestseller por la sencilla razón de que es un libro que le gusta a una gran mayoría.¿Y eso qué?, me preguntarán ustedes. Bueno, aclaro, no es que me las dé...
La lección de Steinbeck,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 251b

La lección de Steinbeck,
por Victorino Muñoz

Todos los libros nos enseñan algo, pero este algo no siempre es lo mismo que se propuso el autor (si es que se propuso enseñar), y no necesariamente guarda relación con el asunto del libro. Ello se debe a que tal aprendizaje muchas veces tiene que ver más con quien lee o con cómo lee, que con lo escrito propiamente como tal.El asunto es que lo que me quedó de Al este del edén de John Steinbeck, aparte de las líneas gruesas de la historia principal, es algo que el autor escribió sobre llevar a cabo una tarea, olvidando lo que uno hace. Textualmente dice: "para realizar como es debido cualquier acción difícil y sutil, es preciso considerar ante todo la finalidad a la cual se tiende; una vez aceptada dicha finalidad como deseable, entonces es preciso olvidarla por completo y concentrarse únic...
Pequeños terrores,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 250d

Pequeños terrores,
por Victorino Muñoz

En la antigüedad las historias de terror eran sobre monstruos monstruosos, enormes, terribles: el kraken, la hidra de Lerna, Polifemo, el mismo Goliat era tan alto como intimidante. El tamaño sí importaba a la hora de infundir miedo. Posteriormente, y también un poco ahora, el ser humano siguió temiendo a los seres grandes, como el oso, el tigre, el lobo; y a su sonido, y a todo sonido bronco, como el del trueno. Esto lo fue superando conforme desarrollaba armas que le permitían vencer a tales bestias y vencer tal vez los miedos. Pero, por otra parte, con el correr del tiempo y los avances de la ciencia exploramos lo más pequeño y descubrimos que lo terrible también es lo diminuto y viceversa, y que algo ínfimo e invisible a los ojos puede ser mortal. Un virus, una bacteria, que caus...
Hijos peludos,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 249d

Hijos peludos,
por Victorino Muñoz

Como la gente ha seguido insistiéndome, cada vez que me ven con mis perros y gatos, he tenido que volver sobre el tema. No, no, les respondo: no me molesta para nada tener que limpiar sus pelos regados por todos lados, sus necesidades fisiológicas o los desastres que hacen cuando deciden ponerse a jugar con lo que no deben. A menudo les pregunto a estos impertinentes (porque es lo que me parecen, ya que ellos no me ayudan ni a limpiar ni me dan para la comida de los animales): si usted tuviera un hijo, ¿le molestaría acaso tener que recoger lo que riegan, bañarlos o asearlos? ¿Verdad que no? Y si ya los tiene, sabe mejor que nadie esa respuesta. Pues, aunque no se me parezcan, ese perro y ese gato que usted ve allí, son mis hijos. Son mis niños peludos, chiquitos y orejones. Los amo ...
El peor de los oficios,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 248d

El peor de los oficios,
por Victorino Muñoz

En un ensayo de título homónimo al del presente artículo, Gustavo Pereira afirma que el de poeta es el peor de los oficios. En líneas generales, los argumentos con que apoya su aserto se pueden resumir en lo siguiente: la inutilidad de tal arte, sobre todo inutilidad para proveer el sustento; no es considerado un trabajo, solo se ejerce a destajo, a medias, o a escondidas. Podríamos añadir que incluso el trato de los propios poetas hacia sus colegas hace más difícil el asunto… Pero, no quiero continuar por esta línea, ya que difiero del autor con respecto al asunto principal, es decir, no estoy de acuerdo con que ese deba ser considerado el peor de los oficios. Para mí son los oficios del hogar. Que tengamos esta discrepancia me hace temer que Pereira no debe cocinar mucho, ni anda t...
Objeto volador, por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 247a

Objeto volador, por Victorino Muñoz

Recientes declaraciones de algunas personas vinculadas a altas esferas del gobierno de Estados Unidos han reavivado el interés, interés que por cierto nunca ha decaído, en torno a la polémica de si existe vida extraterrestre o no; más aún, si esta es una vida inteligente y si la misma ha entrado en contacto con nuestro planeta.Pues, aunque no me lo están preguntando, yo digo que sí. Tengo cero pruebas y muchas dudas; pero estas dudas se convierten, de algún modo, en certezas a la inversa, ya que no hay manera de explicarlas sino a través de lo inexplicable.El ser humano inventó la rueda entre el año 3.500 a 4.000 a.C., acontecimiento que tuvo lugar en la antigua Sumeria. Luego, se comenzaron a usar coches a caballo. Pasaron cinco mil y tantos años, hasta que en 1886 apareció el primer vehí...
Opinología,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 246b

Opinología,
por Victorino Muñoz

No por el hecho de que uno escribe sobre diversos temas puede o incluso debe opinar sobre todo. Tal vez habrá quien lo haga, pero no es mi caso. En esas oraciones del tipo "no sé mucho sobre ese tema", yo suelo escribir punto y final. A diferencia de tantos libreopinadores (que no pensadores) que abundan por allí, quienes añaden un "pero creo que...", sin prestarle atención a la primera parte, es decir, al "yo no sé".Si no sabe, calle. Es lo que yo hago, para no hablar de más ni errar. Incluso, hay veces que sé y también hago silencio, por diversas razones que dependen de la circunstancia. Sobre todo tengo la costumbre de callar cuando todo el mundo está hablando del mismo tema.Y es que si mi opinión no contribuye para nada, esto es, no voy a añadir algo nuevo, ni voy a cambiar en algo la ...
Tibios de espíritu,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 245b

Tibios de espíritu,
por Victorino Muñoz

Una de las causas por las cuales no ando a las greñas con todos, cuando se trata de opinar de asuntos de política, religión o deportes (y estos suelen ser temas por los cuales muchos de matan, literalmente), es que soy un tibio. No puedo abrazar con tanta vehemencia una convicción ni creo que exista un credo por el cual se deba quitar del mundo a alguien. Y es que cuando me pongo a examinar los puntos de vista planteados, encuentro que de algún modo y con respecto a ciertos asuntos, no les falta razón a los de un bando ni a los del otro. Explico con un ejemplo. Con respecto a quién es el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, están los partidarios de LeBron y los de Jordan. Aunque también están los haters, que dicen que LeBron no sirve, pero no es porque amen al otro sino ...
El lector brincón,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 244c

El lector brincón,
por Victorino Muñoz

De todos derechos del lector mencionados por Daniel Pennac, el que más me interesa es el segundo: el derecho a saltarse páginas. Yo lo habría puesto iniciando la lista, porque es el que más ejerzo, incluso más que el primero (derecho a no leer), que me parece obvio. El punto es que, movido por la ansiedad, por el tedio o quién sabe qué, a menudo me salto algunas partes de los libros que estoy leyendo. Claro que todos lo hacemos, cuando se trata, por ejemplo, de una investigación, en la que nos adentramos en el texto buscando una información precisa y, obviamente, soslayamos lo que no nos interesa. En general, hay partes que son mis favoritas para no leerlas. Las menciono a continuación: Los prólogos, por supuesto. Y es que no quiero saber, de antemano, nada del libro y prefiero ...
Linsanity real,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 243b

Linsanity real,
por Victorino Muñoz

Pese a su aspecto asiático, Jeremy Lin fue un jugador de baloncesto nacido en California. En 2011, un momento en el que los Knicks de Nueva York no eran el equipo ganador que es ahora, Jeremy Lin tomó las riendas del desmantelado quinteto y comenzó a anotar y a anotar, haciendo increíbles jugadas.Durante una parte de la temporada, mantuvo un alto promedio de puntos, al nivel de una súper estrella. Esto despertó a una afición dormida y generó una histeria colectiva, hasta el punto que se llegó a creer que Jeremy Lin sería el próximo Michael Jordan, un poco más blanco, ojos rasgados y cabello en punta.La euforia duró poco, solo unos juegos. Pasó como una tormenta tropical; y antes de terminar la temporada, ya los Knicks y Jeremy Lin volvían a ser otros más del montón. Pero, mientras mantuvo ...