
Palanca de Arquímedes
(287 a. C. – 212 a. C.) en De Architectura de Vitruva. 1630. Trivulziana, Milán.
Fuente: https://www.meisterdrucke.pt/
Manolo tiene una nueva manía, aunque él insiste en llamarla “un nuevo interés”. Se trata de situarse en momentos culminantes de la historia y conjeturar acerca de qué hubiera pasado si lo que pasó, no pasó y pasó algo diferente. En otras palabras, jugar con la imaginación y la Historia.
─ Imagínate que tú eres Arquímedes ─ me instaba con ardor juvenil ─ eres un genio y a tus 75 años ya has hecho aportes importantes en Matemáticas y Física que todavía sirven para desarrollar nuevos instrumentos dos mil quinientos años después de este momento.
─ ¿Cuál momento? ─ Pregunté como un actor que se interesa por el papel que le va a tocar encarnar.
─ Estás en la playa de Siracusa… abstraído. A tu alrededor ruge una guerra y los soldados romanos han tomado tu ciudad….
─ ¿Y yo peleo contra ellos? ─ asumí heroico.
─ Tu única arma es tu mente ─ respondió Manolo negando con la cabeza ─, estás resolviendo un problema, descifrando un misterio, encontrando la fórmula de un portento y aparece un soldado romano a tu lado y te dice que te levantes inmediatamente.
─ Pero yo me resisto
─ Ni siquiera, no le has escuchado porque tú estás oyendo la música de las esferas, navegando fórmulas novedosas al borde de otro grito de “¡Eureka!” porque este descubrimiento será mayor que el Principio de Arquímedes, las leyes de la Palanca, el Tornillo de Arquímedes o cualquier fórmula matemática que ya hayas descubierto. Este será el descubrimiento de tu vida. Por eso no te interesa para nada lo que este hombre quiere.
Para hacer el cuento corto: el asunto es que bien sea porque Arquímedes no escuchó al soldado o no le interesó o el soldado tampoco estaba enterado de la orden del General Marco Claudio Marcelo de respetar la vida de Arquímedes o porque el soldado estaba de muy mal humor por una disentería crónica, agarró su gladius y mató de una estocada al gran Arquímedes de Siracusa, privando al mundo de su última revelación.
─ ¿Y crees que ese descubrimiento podría hacer un mundo mejor? ─ yo sabía que ese era el “nuevo interés” de Manolo.
─ No lo sé, pero me temo que no sería demasiado diferente ─ fue su desencantada respuesta ─, hombres como Arquímedes pueden cambiar el mundo, pero un inconsciente con una espada también puede hacerlo en sentido contrario.
Manolo se preguntaba si alguna vez tendremos la capacidad de reconocer, honrar y preservar al hombre sabio y negarle la espada al inconsciente.