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José Manuel Peláez

Aquel día,<br/> por José Manuel Peláez 
José Manuel Peláez, 275c

Aquel día,
por José Manuel Peláez 

Aquel día vive en mi memoria. Es posible que olvide, por momentos, lo que debí aprender, pero nunca cómo me sentí. Deseaba que mi madre estuviera orgullosa de mí y para eso me había pasado tres días aprendiéndome de memoria la lista de las Provincias de España con sus respectivas capitales para que cuando Sor Inés, la malvada maestra de geografía, me las preguntara se convirtiera en estatua de sal y le dijera a mamá que yo era un portento. Yo vivía repitiendo binomios tipo: Álava… Vitoria, Córdoba… Córdoba, La Rioja… Logroño y así las 52 provincias. Las aprendí al derecho y al revés por orden alfabético o por azar utilizando un bombo del que sacaba el nombre de una de ellas. Llegó el momento definitivo. Mis compañeros estaban pendientes de la entrada de Sor Inés y apostaban a que ...
La querida incertidumbre,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 274d

La querida incertidumbre,
por José Manuel Peláez

La pantalla en negro era como un cadáver laqueado; brillante, inmóvil y sin esperanza. Yo jugaba a no entender lo que había ocurrido, pero lo sabía perfectamente. Un pico eléctrico producto de una tormenta había asesinado a mi laptop. Por supuesto culpé al cambio climático, a la red eléctrica del edificio, a la municipalidad y a la vecina del quinto que me asustó con sus gritos. Pero olvidarme de desconectar el aparato apenas despertó la tormenta no me hacía culpable a mí.A la mañana siguiente, ayudé al técnico a abrir la puerta de su local y no le dejé ni preparar café antes de que hiciera la autopsia. Julián accedió porque fuimos compañeros de bachillerato y alguna vez intervine para que mi hermana saliera con él. No había nada que hacer, varias líneas de la tarjeta madre se habían quema...
Palabras elásticas,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 272c

Palabras elásticas,
por José Manuel Peláez

Muchas veces tengo la tentación de “bloquear” a muchos en mis redes, pero me lo impide la tonta esperanza de que compartir con ellos puede ser interesante algún día y por eso no me atrevo a “borrarlos”. Le confesaba esto a Manolo después de haber gastado casi media hora leyendo en voz alta que Alberto estaba en Viena comiéndose una torta Sacher increíble y que Susana me daba las gracias por existir y que Peter no se decidía por cual camisa escoger para ir a la fiesta de esa noche y muchas cosas más que podía ignorar sin sentirme mal. ─ ¿De qué te quejas? ─ preguntó Manolo ─ ¿No querías compartir? ─ Sí, pero no sé cuándo ese compartir es interesante hasta que lo veo. ─ Le das demasiada importancia a eso de compartir … hay que tener cuidado con las palabras de goma ─ me dijo seña...
Dominus vobiscum,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 269d

Dominus vobiscum,
por José Manuel Peláez

Cuando Manolo me invitó a acompañarlo a misa, pensé en alguna desgracia. Que yo supiera, él no era hombre de liturgias y yo había olvidado el catecismo. Fiel a su costumbre de dilatar respuestas, no quiso explicarme más. Nos sentamos en un banco de una pequeña iglesia en la que unas dos o tres docenas de fieles aguardaban en absoluto silencio. ─ Dominus Vobiscum ─ retumbó la pequeña nave cuando el sacerdote pronunció las palabras frente al altar y como si nos mirara a cada uno de los presentes. Así comenzó un diálogo que yo no entendía pero que me hacía sentir diferente. No solo era que la misa se hablara en latín, era que los monaguillos no estaban vestidos con vaqueros y zapatos de deporte, sino que usaban sotanas rojas hasta los talones con su correspondiente sobrepelliz blanco. T...
Una de sirenas,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 267c

Una de sirenas,
por José Manuel Peláez

El sonido a desgracia me dolió antes de verla. Moviendo sin cuidado unos papeles, tiré al suelo la sirena de porcelana regalo de mamá que conservaba como su último recuerdo. El timbre de la puerta me descongeló. Manolo venía a buscarme para ir a comer. Ambos nos quedamos mirando los dos pedazos de delicada nereida fracturada por un hachazo en el pecho. Hubo un luto silente que Manolo rompió dándome una palmada en el hombro mientras me aconsejaba que saliéramos. No estuve muy pendiente de cómo llegamos a Chen Wong, pero estaba seguro de que no era un restaurante chino. Manolo me franqueó el paso y, detrás del mostrador, un chino centenario de cuento, con anteojos redondos, coleta y barba de flecos de seda nos recibió impasible. Entonces Manolo se sacó del bolsillo las dos piezas de mi si...
Favoritofobia,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 266d

Favoritofobia,
por José Manuel Peláez

Entre las historias bíblicas de mi infancia, la de David y Goliat fue la que más me impactó. Con los años, aquel impacto se transformó en una favoritofobia militante. Disfruto ver caer a los favoritos en los deportes y en la vida en general. Mientras más pequeño sea el David de turno, mayor es mi goce con su triunfo. Manolo, que siempre vigila que yo no pierda el sentido de lo que hago o digo, me cuestionó si esa pasión por aliarme al más débil no tendría oculto un revanchismo, una especie de ajuste de cuentas con los favoritos. ─ Asegúrate de que tus intenciones sean honestas y que no estés jugando al defensor de los débiles por rencor hacia los fuertes o porque tú nunca hayas sido favorito ─ me dijo un día con la misma tranquilidad con que me podía dar la hora. En principio, el ...
El alquimiochef, <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 264c

El alquimiochef,
por José Manuel Peláez

Si la salud es “el silencio de los órganos”, ese silencio se vio roto por un malestar general de mi cuerpo que, rápidamente, la señora que pone orden en mi apartamento calificó de “catarrazo” y con la misma me empujó al sofá, me dio el control de la televisión y me advirtió que me quedara tranquilo y bebiera mucha agua. Al rato de zapear, me tropecé con un canal de cocina en el que arrancaba un nuevo programa: “El alquimiochef”. El presentador no usaba la clásica filipina de chef, sino una blanquísima bata de laboratorio y estaba en medio de un set que parecía más un aula de práctica de química que una cocina. Hasta había una laptop conectada a una pantalla que servía de telón de fondo al personaje. Mi curiosidad pudo más que mi desconfianza, incluso cuando el señor anunció que iba a...
Los encantadores,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 263c

Los encantadores,
por José Manuel Peláez

Aunque estoy bastante acostumbrado a las excentricidades de Manolo, él siempre consigue sorprenderme. Lo encontré leyendo la versión impresa de The Times of India y pensé que quizás mi amigo estuviera buscando Iluminación, pero me equivoqué. ─ La India es diferente… eso es todo ─ me contestó ─. Si leemos siempre lo mismo terminamos pensando siempre de la misma manera y… fíjate en esto Me extendió una página de noticias en la que se leía cómo un encantador callejero de serpientes acababa de morir cuando su cobra le mordió y él, confiando en que le había arrancado los colmillos, no hizo caso sin pensar que las glándulas venenosas seguían activas y que posiblemente parte del veneno se había introducido por la mordida. ─ Bueno, es una desgracia, pero no entiendo por qué te interesa. ...
Entropía,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 262c

Entropía,
por José Manuel Peláez

La conferencia iba de “Cuando la entropía nos alcance” y a mi editor le pareció interesante que yo asistiera y a mí me pareció prioritario no discutir con él cuando pienso pedirle un aumento.Consulté con la IA el asunto de la entropía, pero el tema me seguía pareciendo una mezcla de termodinámica y ciencia ficción. Sin embargo, cuando investigué al conferencista descubrí que había dado la misma conferencia 56 veces y que todas habían terminado en disturbios. Esto ya era mucho más interesante.El hombre resultó ser entretenido y riguroso. Partió de que la entropía mide el estado de desorden de un sistema y que todo sistema espontáneamente tiende a aumentar su entropía, o sea, su desorden. Por eso el agua se evapora, un cuarto se desordena si no lo organizamos o perdemos un documento que vimo...
Un hombre peligroso,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 261c

Un hombre peligroso,
por José Manuel Peláez

Manolo me invitó a conocer a un hombre peligroso. Pero cuando el hombre apareció, se quitó los lentes y la gorra Stetson Hatteras, reconocí a Pepetón, un personaje de películas de éxito que cultivan una comicidad muy alejada del humor de Manolo. ─ Somos amigos desde los siete años ─ explicó Manolo al ver mi cara de estupefacción. ─ Pero usted es… ─ Un gran amigo de Manolo, es suficiente ─ Pepetón no me dejó terminar la frase Recordando las películas que había visto de él, me sorprendía ahora este hombre rigurosamente serio que ni contaba chistes, ni hacía muecas; harto de su éxito y de su personaje y que me hizo prometer que no utilizaría nada del encuentro para una nota de prensa, artículo o post. Manolo avaló mi palabra y ellos se pusieron a conversar de los viejos tiempos y ...
Tango malevo, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 260b

Tango malevo, por José Manuel Peláez

Hay entrevistas que preferiría no haber hecho, pero el trabajo me impide ser selectivo, por lo cual a veces me harto. Salí de la lujosa oficina buscando sol y aire y algo que me borrara la memoria y, en un instante mágico, me llegó un mensaje de Manolo ordenándome que nos encontráramos en la Sala Strauss si quería alegrar mi vida.Llegué con algo de retraso y apenas Manolo me vio, me arrastró a la sala casi llena. Había una exhibición de baile de tango. Yo no bailo, pero me gusta ver bailar y Manolo sabe eso, de manera que me dispuse a disfrutar del espectáculo.No sé por qué me gusta el tango, no tengo sangre argentina y prefiero el pescado a la carne, pero siempre me ha seducido la sensualidad de su música, la poesía de sus letras y el deseo que rige sus pasos de baile. Desde la primera pa...
Páginas perdidas, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 259a

Páginas perdidas, por José Manuel Peláez

Algunos jefes son más que jefes. En el tiempo en que Armando dirigió mis trabajos periodísticos, cruzamos la línea roja que separa el trabajo de la amistad y nunca nos hemos arrepentido. Conociéndolo bien, sabía que su cumpleaños número 50 iba a ser una ocasión para recordar. Armando disfruta de la buena vida y más si la comparte. Le sugerí a Manolo que me acompañara porque habría manjares exquisitos y vinos para el recuerdo, pero Manolo prefería comerse un sencillo sándwich de sardinas en lata antes que escuchar otro “Cumpleaños Feliz” con sus variaciones supuestamente cómicas. Yo tenía razón en lo que respecta al placer gastronómico y Manolo la tenía en huirle al “Cumpleaños Feliz” que, como siempre, estuvo lleno de ocurrencias de mal gusto. Salí al balcón y poco después Armando apare...