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José Manuel Peláez

Entropía,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 262c

Entropía,
por José Manuel Peláez

La conferencia iba de “Cuando la entropía nos alcance” y a mi editor le pareció interesante que yo asistiera y a mí me pareció prioritario no discutir con él cuando pienso pedirle un aumento.Consulté con la IA el asunto de la entropía, pero el tema me seguía pareciendo una mezcla de termodinámica y ciencia ficción. Sin embargo, cuando investigué al conferencista descubrí que había dado la misma conferencia 56 veces y que todas habían terminado en disturbios. Esto ya era mucho más interesante.El hombre resultó ser entretenido y riguroso. Partió de que la entropía mide el estado de desorden de un sistema y que todo sistema espontáneamente tiende a aumentar su entropía, o sea, su desorden. Por eso el agua se evapora, un cuarto se desordena si no lo organizamos o perdemos un documento que vimo...
Un hombre peligroso,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 261c

Un hombre peligroso,
por José Manuel Peláez

Manolo me invitó a conocer a un hombre peligroso. Pero cuando el hombre apareció, se quitó los lentes y la gorra Stetson Hatteras, reconocí a Pepetón, un personaje de películas de éxito que cultivan una comicidad muy alejada del humor de Manolo. ─ Somos amigos desde los siete años ─ explicó Manolo al ver mi cara de estupefacción. ─ Pero usted es… ─ Un gran amigo de Manolo, es suficiente ─ Pepetón no me dejó terminar la frase Recordando las películas que había visto de él, me sorprendía ahora este hombre rigurosamente serio que ni contaba chistes, ni hacía muecas; harto de su éxito y de su personaje y que me hizo prometer que no utilizaría nada del encuentro para una nota de prensa, artículo o post. Manolo avaló mi palabra y ellos se pusieron a conversar de los viejos tiempos y ...
Tango malevo, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 260b

Tango malevo, por José Manuel Peláez

Hay entrevistas que preferiría no haber hecho, pero el trabajo me impide ser selectivo, por lo cual a veces me harto. Salí de la lujosa oficina buscando sol y aire y algo que me borrara la memoria y, en un instante mágico, me llegó un mensaje de Manolo ordenándome que nos encontráramos en la Sala Strauss si quería alegrar mi vida.Llegué con algo de retraso y apenas Manolo me vio, me arrastró a la sala casi llena. Había una exhibición de baile de tango. Yo no bailo, pero me gusta ver bailar y Manolo sabe eso, de manera que me dispuse a disfrutar del espectáculo.No sé por qué me gusta el tango, no tengo sangre argentina y prefiero el pescado a la carne, pero siempre me ha seducido la sensualidad de su música, la poesía de sus letras y el deseo que rige sus pasos de baile. Desde la primera pa...
Páginas perdidas, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 259a

Páginas perdidas, por José Manuel Peláez

Algunos jefes son más que jefes. En el tiempo en que Armando dirigió mis trabajos periodísticos, cruzamos la línea roja que separa el trabajo de la amistad y nunca nos hemos arrepentido. Conociéndolo bien, sabía que su cumpleaños número 50 iba a ser una ocasión para recordar. Armando disfruta de la buena vida y más si la comparte. Le sugerí a Manolo que me acompañara porque habría manjares exquisitos y vinos para el recuerdo, pero Manolo prefería comerse un sencillo sándwich de sardinas en lata antes que escuchar otro “Cumpleaños Feliz” con sus variaciones supuestamente cómicas. Yo tenía razón en lo que respecta al placer gastronómico y Manolo la tenía en huirle al “Cumpleaños Feliz” que, como siempre, estuvo lleno de ocurrencias de mal gusto. Salí al balcón y poco después Armando apare...
Micro o macro,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 258c

Micro o macro,
por José Manuel Peláez

Ella solo quería hacer algo bueno, tan sencillo como eso. En la Universidad siempre la llamábamos “Marilusa la ilusa”. Un día, al regresar de su trote diario, tuvo la idea de recoger los desperdicios que encontraba en el trayecto. Pensó que dar el ejemplo era muy bueno y colgó varios videos en las redes. Pronto hubo mucha gente imitándola y fue asidua de programas de televisión y radio donde su iniciativa era reconocida. Por eso se animó y creó la asociación “Vida Limpia” con el fin de expandir su influencia. Lograron tener una sede y abrieron franquicias en cuatro ciudades diferentes. Cientos de afiliados exhibían las bolsas vacías que llenarían al terminar su jornada de jogging.   Todo marchaba (o más bien trotaba) muy bien hasta que alguien pensó que era hora de internacionalizar el...
El gran horror, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 256b

El gran horror, por José Manuel Peláez

 En alguna ocasión he descrito cómo Manolo organiza su biblioteca y utiliza un criterio de cercanía o lejanía de los libros a sus intereses para colocarlos en determinado estante, a la izquierda o derecha, o en su mesa de noche para los imprescindibles y en un viejo cajón para aquellos que, según él, nunca debieron escribirse.En la última visita que hice a su casa, se me ocurrió pasearme por ese rincón sagrado repleto de libros y me llamó la atención que aparecía abierta una sección bajo el título de HORROR. Aparte de que no sabía el interés que Manolo pudiera tener por los relatos de horror, lo que más me desconcertó es que en esa sección solo aparecía un delgado folleto con el título “GRANDES MOMENTOS DE LA PUBLICIDAD”.─ ¿Te parece un error? ─ me preguntó Manolo al verme hojear el follet...
Cupones fabulosos,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 255c

Cupones fabulosos,
por José Manuel Peláez

Trato de parecer una persona sociable, pero me sale bastante mal. Siempre recuerdo a Linus, el personaje de Charles Schulz, que decía: “Amo a la Humanidad, es a la gente a la que no soporto”. No idealizo al respecto y sé que se trata de un defecto mío contra el que hay que trabajar. Por eso cuando encontré a la vecina del tercer piso tirada en la entrada del edificio, en medio de un líquido resbaladizo y unas bolsas de mercado, decidí ayudarla a riesgo de que me contara interminablemente lo que le había ocurrido. A duras penas logré incorporarla, recoger algunas de sus bolsas y llevarla a su apartamento. ─ Es mi tobillo… ¡ay…ay!... los cupones, la culpa es de los cupones. Examiné su tobillo que comenzaba a hincharse y me di cuenta de que necesitaba atención médica. Ella seguía cul...
Oportunidad,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 254c

Oportunidad,
por José Manuel Peláez

Había logrado convencer a Manolo de acompañarme a una conferencia sobre “La pérdida de tiempo en nuestro tiempo” que iba a dar otro amigo mío, nada sospechoso de intelectualismo. A pesar de sus recelos, Manolo me acompañó haciendo el doble chiste de que esperaba que la conferencia no fuera “una pérdida de tiempo” y de que no sabía si “llegaríamos a tiempo” porque era tarde. Al pasar delante de la vitrina de una librería de libros de oportunidad, un título llamó mi atención. Se trataba de una edición de Seix-Barral del “Teatro del absurdo” de Martin Esslin. Escenas de mi época de teatrero se vinieron a mi memoria en vertiginosa cascada, así como también el inmenso placer que tuve al leer el libro de Esslin por primera vez. Hacía 14 años que lo había perdido inexplicablemente y todavía me...
Ma non troppo, <br/>por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 253c

Ma non troppo,
por José Manuel Peláez

Era el último concierto de la temporada y el coro iba a dedicarlo a baladas inmortales. Supongo que ambas circunstancias congregarían una asistencia muy superior a la normal. Llegué con tres cuartos de hora de anticipación. A pesar de mis precauciones la sala ya estaba casi llena y cuando ellos llegaron, oteando como suricatos algún asiento disponible, despertaron mi interés. Era una pareja mayor, ambos con pesados anteojos que no escondían su muda beligerancia. Como faltaba un rato, me dediqué a inventarles una historia en la que el hombre no le perdonaba a la mujer haberle arrastrado ese domingo de su sofá favorito solo para escuchar canciones tontas y ella no le perdonaba que siempre que ella pretendía que él la acompañara tuviera que batallar con un juego de baseball o una película ...
El Perfejismo,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 252d

El Perfejismo,
por José Manuel Peláez

Olivia es una excompañera de estudios que lo tiene todo menos la satisfacción de tenerlo todo. Era la mejor de la clase, graduada con honores, contratada apenas dejar la Universidad por una reconocida editorial donde, de manera meteórica, pasó de novata a gerente de primera línea, cargo que armoniza con un matrimonio que todos envidian, unos hijos que todos quieren y un futuro que todos se rifarían. Y aún así: “Olivia está triste ¿qué tendrá Olivia?” pensaba yo mientras me dirigía a celebrar sus 35 años. Cuando ella me recibió en el gran salón con un abrazo cariñoso, confirmé que todavía conservaba la mandíbula encajada y los ojos inquietos de siempre, como si temiera algo. Hablé, sonreí, recordé algún chiste no vulgar y seguí espiando a Olivia que no paraba de circular por el salón ...
¿Su majestad?, <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 251c

¿Su majestad?,
por José Manuel Peláez

Siempre hay quien prefiere enredarse en discusiones cuyo resultado nada va a cambiar a trabajar. Los ves seducirse ante la posibilidad de opinar sobre la Ley de la Gravedad y, frente a eso, considerar insignificante la iniciativa de unos vecinos para organizar un equipo de Primero Auxilios.Manolo y yo tuvimos la mala suerte de encontrarnos en medio del fuego cruzado entre dos vehementes defensores de formas distintas de Gobierno: la Monarquía y la República. El nivel de crispación llevó a que cada uno de los que estábamos tranquilos tomando un café tuviéramos que dar nuestra opinión, sin medias tintas, o Monarquía o República.Mientras yo no dejaba de asombrarme por la exquisita forma de perder el tiempo de todos, los inquisidores llegaron a Manolo.─ ¿Monarquía o República? ─ exigían sin di...
El mejor deseo,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 250d

El mejor deseo,
por José Manuel Peláez

De vez en cuando hago una limpieza “histórica” de mi pequeño apartamento, una limpieza en la que detecto infinidad de cosas que he ido acumulando porque creo que en algún momento las voy a usar. Descubro que ni las he usado, ni las voy a usar y me deshago de ellas, no sin cierta nostalgia, por supuesto. Ayer dediqué mi día libre a la limpieza histórica de este año, aunque en realidad no la hacía desde hacia tres años. Fui metiendo en una bolsa bolígrafos secos, libros ilegibles, corchos de botellas de vino que supuestamente debían recordarme alguna ocasión especial ya olvidada, cintas de video obsoletas, blocks con anotaciones risibles y todo iba muy bien hasta que llegué a la lámpara. La había comprado hace dos años, cuando paseando un domingo con Manolo por un cambalache callejero,...