News That Matters

José Manuel Peláez

Una de sirenas,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 267c

Una de sirenas,
por José Manuel Peláez

El sonido a desgracia me dolió antes de verla. Moviendo sin cuidado unos papeles, tiré al suelo la sirena de porcelana regalo de mamá que conservaba como su último recuerdo. El timbre de la puerta me descongeló. Manolo venía a buscarme para ir a comer. Ambos nos quedamos mirando los dos pedazos de delicada nereida fracturada por un hachazo en el pecho. Hubo un luto silente que Manolo rompió dándome una palmada en el hombro mientras me aconsejaba que saliéramos. No estuve muy pendiente de cómo llegamos a Chen Wong, pero estaba seguro de que no era un restaurante chino. Manolo me franqueó el paso y, detrás del mostrador, un chino centenario de cuento, con anteojos redondos, coleta y barba de flecos de seda nos recibió impasible. Entonces Manolo se sacó del bolsillo las dos piezas de mi si...
Favoritofobia,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 266d

Favoritofobia,
por José Manuel Peláez

Entre las historias bíblicas de mi infancia, la de David y Goliat fue la que más me impactó. Con los años, aquel impacto se transformó en una favoritofobia militante. Disfruto ver caer a los favoritos en los deportes y en la vida en general. Mientras más pequeño sea el David de turno, mayor es mi goce con su triunfo. Manolo, que siempre vigila que yo no pierda el sentido de lo que hago o digo, me cuestionó si esa pasión por aliarme al más débil no tendría oculto un revanchismo, una especie de ajuste de cuentas con los favoritos. ─ Asegúrate de que tus intenciones sean honestas y que no estés jugando al defensor de los débiles por rencor hacia los fuertes o porque tú nunca hayas sido favorito ─ me dijo un día con la misma tranquilidad con que me podía dar la hora. En principio, el ...
El alquimiochef, <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 264c

El alquimiochef,
por José Manuel Peláez

Si la salud es “el silencio de los órganos”, ese silencio se vio roto por un malestar general de mi cuerpo que, rápidamente, la señora que pone orden en mi apartamento calificó de “catarrazo” y con la misma me empujó al sofá, me dio el control de la televisión y me advirtió que me quedara tranquilo y bebiera mucha agua. Al rato de zapear, me tropecé con un canal de cocina en el que arrancaba un nuevo programa: “El alquimiochef”. El presentador no usaba la clásica filipina de chef, sino una blanquísima bata de laboratorio y estaba en medio de un set que parecía más un aula de práctica de química que una cocina. Hasta había una laptop conectada a una pantalla que servía de telón de fondo al personaje. Mi curiosidad pudo más que mi desconfianza, incluso cuando el señor anunció que iba a...
Los encantadores,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 263c

Los encantadores,
por José Manuel Peláez

Aunque estoy bastante acostumbrado a las excentricidades de Manolo, él siempre consigue sorprenderme. Lo encontré leyendo la versión impresa de The Times of India y pensé que quizás mi amigo estuviera buscando Iluminación, pero me equivoqué. ─ La India es diferente… eso es todo ─ me contestó ─. Si leemos siempre lo mismo terminamos pensando siempre de la misma manera y… fíjate en esto Me extendió una página de noticias en la que se leía cómo un encantador callejero de serpientes acababa de morir cuando su cobra le mordió y él, confiando en que le había arrancado los colmillos, no hizo caso sin pensar que las glándulas venenosas seguían activas y que posiblemente parte del veneno se había introducido por la mordida. ─ Bueno, es una desgracia, pero no entiendo por qué te interesa. ...
Entropía,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 262c

Entropía,
por José Manuel Peláez

La conferencia iba de “Cuando la entropía nos alcance” y a mi editor le pareció interesante que yo asistiera y a mí me pareció prioritario no discutir con él cuando pienso pedirle un aumento.Consulté con la IA el asunto de la entropía, pero el tema me seguía pareciendo una mezcla de termodinámica y ciencia ficción. Sin embargo, cuando investigué al conferencista descubrí que había dado la misma conferencia 56 veces y que todas habían terminado en disturbios. Esto ya era mucho más interesante.El hombre resultó ser entretenido y riguroso. Partió de que la entropía mide el estado de desorden de un sistema y que todo sistema espontáneamente tiende a aumentar su entropía, o sea, su desorden. Por eso el agua se evapora, un cuarto se desordena si no lo organizamos o perdemos un documento que vimo...
Un hombre peligroso,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 261c

Un hombre peligroso,
por José Manuel Peláez

Manolo me invitó a conocer a un hombre peligroso. Pero cuando el hombre apareció, se quitó los lentes y la gorra Stetson Hatteras, reconocí a Pepetón, un personaje de películas de éxito que cultivan una comicidad muy alejada del humor de Manolo. ─ Somos amigos desde los siete años ─ explicó Manolo al ver mi cara de estupefacción. ─ Pero usted es… ─ Un gran amigo de Manolo, es suficiente ─ Pepetón no me dejó terminar la frase Recordando las películas que había visto de él, me sorprendía ahora este hombre rigurosamente serio que ni contaba chistes, ni hacía muecas; harto de su éxito y de su personaje y que me hizo prometer que no utilizaría nada del encuentro para una nota de prensa, artículo o post. Manolo avaló mi palabra y ellos se pusieron a conversar de los viejos tiempos y ...
Tango malevo, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 260b

Tango malevo, por José Manuel Peláez

Hay entrevistas que preferiría no haber hecho, pero el trabajo me impide ser selectivo, por lo cual a veces me harto. Salí de la lujosa oficina buscando sol y aire y algo que me borrara la memoria y, en un instante mágico, me llegó un mensaje de Manolo ordenándome que nos encontráramos en la Sala Strauss si quería alegrar mi vida.Llegué con algo de retraso y apenas Manolo me vio, me arrastró a la sala casi llena. Había una exhibición de baile de tango. Yo no bailo, pero me gusta ver bailar y Manolo sabe eso, de manera que me dispuse a disfrutar del espectáculo.No sé por qué me gusta el tango, no tengo sangre argentina y prefiero el pescado a la carne, pero siempre me ha seducido la sensualidad de su música, la poesía de sus letras y el deseo que rige sus pasos de baile. Desde la primera pa...
Páginas perdidas, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 259a

Páginas perdidas, por José Manuel Peláez

Algunos jefes son más que jefes. En el tiempo en que Armando dirigió mis trabajos periodísticos, cruzamos la línea roja que separa el trabajo de la amistad y nunca nos hemos arrepentido. Conociéndolo bien, sabía que su cumpleaños número 50 iba a ser una ocasión para recordar. Armando disfruta de la buena vida y más si la comparte. Le sugerí a Manolo que me acompañara porque habría manjares exquisitos y vinos para el recuerdo, pero Manolo prefería comerse un sencillo sándwich de sardinas en lata antes que escuchar otro “Cumpleaños Feliz” con sus variaciones supuestamente cómicas. Yo tenía razón en lo que respecta al placer gastronómico y Manolo la tenía en huirle al “Cumpleaños Feliz” que, como siempre, estuvo lleno de ocurrencias de mal gusto. Salí al balcón y poco después Armando apare...
Micro o macro,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 258c

Micro o macro,
por José Manuel Peláez

Ella solo quería hacer algo bueno, tan sencillo como eso. En la Universidad siempre la llamábamos “Marilusa la ilusa”. Un día, al regresar de su trote diario, tuvo la idea de recoger los desperdicios que encontraba en el trayecto. Pensó que dar el ejemplo era muy bueno y colgó varios videos en las redes. Pronto hubo mucha gente imitándola y fue asidua de programas de televisión y radio donde su iniciativa era reconocida. Por eso se animó y creó la asociación “Vida Limpia” con el fin de expandir su influencia. Lograron tener una sede y abrieron franquicias en cuatro ciudades diferentes. Cientos de afiliados exhibían las bolsas vacías que llenarían al terminar su jornada de jogging.   Todo marchaba (o más bien trotaba) muy bien hasta que alguien pensó que era hora de internacionalizar el...
El gran horror, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 256b

El gran horror, por José Manuel Peláez

 En alguna ocasión he descrito cómo Manolo organiza su biblioteca y utiliza un criterio de cercanía o lejanía de los libros a sus intereses para colocarlos en determinado estante, a la izquierda o derecha, o en su mesa de noche para los imprescindibles y en un viejo cajón para aquellos que, según él, nunca debieron escribirse.En la última visita que hice a su casa, se me ocurrió pasearme por ese rincón sagrado repleto de libros y me llamó la atención que aparecía abierta una sección bajo el título de HORROR. Aparte de que no sabía el interés que Manolo pudiera tener por los relatos de horror, lo que más me desconcertó es que en esa sección solo aparecía un delgado folleto con el título “GRANDES MOMENTOS DE LA PUBLICIDAD”.─ ¿Te parece un error? ─ me preguntó Manolo al verme hojear el follet...
Cupones fabulosos,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 255c

Cupones fabulosos,
por José Manuel Peláez

Trato de parecer una persona sociable, pero me sale bastante mal. Siempre recuerdo a Linus, el personaje de Charles Schulz, que decía: “Amo a la Humanidad, es a la gente a la que no soporto”. No idealizo al respecto y sé que se trata de un defecto mío contra el que hay que trabajar. Por eso cuando encontré a la vecina del tercer piso tirada en la entrada del edificio, en medio de un líquido resbaladizo y unas bolsas de mercado, decidí ayudarla a riesgo de que me contara interminablemente lo que le había ocurrido. A duras penas logré incorporarla, recoger algunas de sus bolsas y llevarla a su apartamento. ─ Es mi tobillo… ¡ay…ay!... los cupones, la culpa es de los cupones. Examiné su tobillo que comenzaba a hincharse y me di cuenta de que necesitaba atención médica. Ella seguía cul...
Oportunidad,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 254c

Oportunidad,
por José Manuel Peláez

Había logrado convencer a Manolo de acompañarme a una conferencia sobre “La pérdida de tiempo en nuestro tiempo” que iba a dar otro amigo mío, nada sospechoso de intelectualismo. A pesar de sus recelos, Manolo me acompañó haciendo el doble chiste de que esperaba que la conferencia no fuera “una pérdida de tiempo” y de que no sabía si “llegaríamos a tiempo” porque era tarde. Al pasar delante de la vitrina de una librería de libros de oportunidad, un título llamó mi atención. Se trataba de una edición de Seix-Barral del “Teatro del absurdo” de Martin Esslin. Escenas de mi época de teatrero se vinieron a mi memoria en vertiginosa cascada, así como también el inmenso placer que tuve al leer el libro de Esslin por primera vez. Hacía 14 años que lo había perdido inexplicablemente y todavía me...