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José Manuel Peláez

¿Indignado yo?, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 233b

¿Indignado yo?, por José Manuel Peláez

 Manolo es bastante normal, por eso, después de su larga ausencia, tenía que poner al día sus cuentas de luz, agua y servicios varios. Era una larga lista de trámites que prefería hacer acompañado. Pero, como su lista de sus amigos permanecía inalterada, es decir solo quedaba yo y por eso nos encontrábamos en el puesto 16 de una fila de clientes de la compañía telefónica local.Conversábamos tranquilamente sobre algunos detalles de su “viaje a la nada” cuando un alboroto nos interrumpió. Aparentemente alguien había intentado “saltarse” el orden de la fila escudado en su razón de que tenía más prisa que los demás. La indignación de los que respetaban el orden rápidamente expulsó al intruso como si este fuera una bacteria.A pesar de que el hombre desapareció con gestos de desprecio hacia la h...
Como si nada, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 232b

Como si nada, por José Manuel Peláez

Solo apuesto en mi cabeza porque cuando lo he hecho en la realidad, pierdo. En este caso había apostado cientos de veces a que las cosas iban a ocurrir así, como si nada, y hubiera ganado. Manolo estaba sentado en un banco de la plaza frente a mi casa. Con la cara hacia el sol otoñal y los ojos cerrados, como si en vez de sangre tuviera clorofila y buscara la luz con la misma devoción de una planta. Mientras me le acercaba, apostaba de nuevo a cuáles serían sus palabras después de casi un año de desaparición inexplicada. ─ Hola ─ me dijo cuando le hice sombra y como si nos hubiéramos visto ayer. Habría ganado de nuevo. Lo sabía, lo sabía perfectamente, Manolo no pensaba acusar recibo de lo ocurrido. Simplemente había desaparecido y ahora aparecía de nuevo. Eso era todo y era de lo...
El disgusto culinario, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 231a

El disgusto culinario, por José Manuel Peláez

Rubén es un conocido de Manolo muy pendiente de invitarlo a comer especialidades sicilianas que él, Rubén, tiraniza “como no tienes tú una idea”. Le dije que yo de lo que no tenía idea era de dónde estaba Manolo y mucho menos ponerle en contacto con él. Ante esa dificultad, el hombre, proactivo que le dicen, decidió que el invitado fuera yo, el afortunado.Acepté porque la cocina siciliana siempre me ha parecido maravillosa, pero sobre todo, porque la degustación sería una manera incruenta de vengarme de mi amigo por su sorpresiva e inexplicable desaparición.Llegué a la hora exacta y Rubén me recibió ataviado con una almidonada filipina en cuyo frente izquierdo y en letras grandes se leía “SOY RUBEN Y EL GUSTO ES MÍO”. El asunto no comenzaba con buen pie.El menú, impreso, anunciaba Pasta a ...
GPS vintage,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 230c

GPS vintage,
por José Manuel Peláez

 Suelo perderme en mi propia ciudad, de manera que no era nada extraño que en el barrio Alfama de Lisboa me perdiera mucho más. La red de callejuelas estrechas y empedradas era un desafío a vencer para entrevistar a una dama, antigua gloria del fado, que, inexplicablemente, a los 36 años se había retirado de los escenarios. Sabía que no iba a ser una entrevista fácil y quería causar buena impresión llegando a tiempo. Estaba seguro de que mi gran amigo el teléfono inteligente me guiaría, gracias a su aún más inteligente GPS, con precisión hasta el refugio de la misteriosa cantante.Claro que con lo que no contaba era que, a la hora de desenvainar mi espada tecnológica, esta se hubiera quedado sin batería y la pantalla en negro se burlaría de mi falta de previsión. Ahora ya no estaba tan tran...
Gritos y susurros, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 229a

Gritos y susurros, por José Manuel Peláez

Aquel día no estaba yo para buscar compañía, pero tampoco quería quedarme en casa viendo algún documental de costumbres animales, de manera que, acodado en la barra, admiraba la habilidad del camarero para preparar bebidas, tomar pedidos, pasar cuentas, cobrar y parecer interesado en los clientes mientras seguramente pensaba que el día era muy largo. La discusión entre dos mujeres a mi izquierda me sacó de mi observación.Las dos estaban hablando de una tercera mujer, cuyo comportamiento para una de mis vecinas era inadmisible, mientras que para la otra no era asunto de ellas.─ Pero… ¡cómo no va a ser asunto nuestro si es nuestra mejor amiga! ─ dijo con voz fuerte la más molesta.─ Justamente por eso nos corresponde callar y esperar ─ contestó la otra con tranquilidad y en un bajo tono de vo...
Pianissimo secreto,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 228c

Pianissimo secreto,
por José Manuel Peláez

Solo voy a las premiaciones si son amigos míos. No me interesa si son merecedores o no del premio. Esa noche, además, la galardonada era Esperanza Urzibi con quien yo tenía la esperanza (perdón por la redundancia) de compartir un día algo más que una charla amistosa. De manera que me presenté con mi cara de evento social # 3.Me costó bastante vencer la muralla de compañeros admiradores, aduladores, curiosos o envidiosos que la rodeaba. Después de la sonrisa y abrazo de rigor le reiteré mi admiración y regalé también algunos halagos al acto.─ Lástima de la música, parece de consultorio de odontólogo ─ fue su extraño comentario.Iba a explicarse más, pero la “nube” la raptó hacia nuevas presentaciones, saludos y gestos de alabanza a los que no pudo resistirse. Y así me quedé pescando una copa...
Es de agradecer, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 225b

Es de agradecer, por José Manuel Peláez

 Venía caminando sin prestar mucha atención y casi no tuve tiempo de reconocerle cuando se abalanzó sobre mí y me abrazó con tal efusión que la vergüenza casi me mata porque todos a nuestro alrededor, no sé si por envidia o por complicidad, se estarían preguntando la razón para tanto regocijo. Hacía tres años, Emanuel (con E al principio) estaba en una disyuntiva entre quedarse en su país o viajar a otro muy lejano y distinto al suyo donde tendría que empezar desde cero. En aquellos momentos éramos compañeros de trabajo y viéndolo debatirse en un remolino de dudas que se lo tragaba, le invité a unos tragos y, con una asertividad que nunca utilizo para mí mismo, le miré muy serio y le dije que debía irse. Irse, sin más, sin pensar demasiado, sin mirar atrás, simplemente dar el paso al fr...
Máximo peligro,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 227c

Máximo peligro,
por José Manuel Peláez

Muchas veces me recrimino a mí mismo el rechazo que tengo hacia las redes sociales. Ya sé que tienen muchísimas cosas buenas, pero no puedo evitar el susto que me produce la facilidad con la que se usan mal y las consecuencias de ese mal uso. Se me podría decir que yo solo debería preocuparme por hacer buen uso de una herramienta que llegó para quedarse y que tiene beneficios innegables, pero cuando enderezo mi pensamiento hacia ese buen rumbo, aparece alguien como Máximo. Máximo (que en realidad se llama Maximiliano, pero insiste en que le llamen Máximo porque se cree hermanado con el protagonista de Gladiator) es una mezcla indeterminada de irresponsabilidad, superficialidad, fanatismo por las redes y autoconvencimiento de que tiraniza el “pensamiento lateral” o lo que él entiende com...
Dama de noche,<br/>por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 226c

Dama de noche,
por José Manuel Peláez

 Cuando vi el mensaje de Cristina citándome para esa tarde a las 18:00 pensé inmediatamente en Manolo, su hermano, al que había perdido de vista hacía unos meses y con el que me gustaría volver a compartir muchas cosas. Cristina me condujo hasta el patio interior, una especie de jardín botánico en miniatura. Manolo no estaba ni iba a aparecer, pero sí había pasado hacía unas semanas y le había dado instrucciones precisas para que yo acudiera el día y hora señalados. Dos cosas me intrigaban: primero ¿qué era de la vida de Manolo? ¿qué estaba haciendo? ¿pensaba volver o no? ¿cómo se encontraba? y, segundo, qué pintaba yo ahí en aquel momento. Cristina respondió sonriente que poco podía decirme de su misterioso hermano, pero ella creía que estaba bastante bien, simplemente se había quer...
Yo, la hipertimética,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 224c

Yo, la hipertimética,
por José Manuel Peláez

Si no me hubiera sentado en el autobús justo frente a ella, esto no habría pasado. Los lentes oscuros y la gorra que recogía su rubio cabello y le tapaba parte de la frente me desconcertaron. Pero a medida que avanzábamos me convencía de que yo conocía a esa mujer. Quizás fuera la forma primorosa de sus labios o su ausencia de este mundo para estar pendiente solo de la nada que desfilaba frente a su ventanilla.Intenté no ser demasiado obvio, pero no podía evitarlo y tanto va el cántaro a la fuente hasta que ella se dio cuenta de mi impertinente mirada.─ Sí, soy yo… la hipertimética ─ me dijo mientras se quitaba los lentes.Entonces lo recordé todo. Se llamaba Isabel Cantero y la había conocido cuando mi amigo Manolo, tan dado a buscar personas y hechos fuera de lo común, me la presentó hací...
El hombre invisible, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 223b

El hombre invisible, por José Manuel Peláez

La inauguración de una nueva librería es, para mí, un espectáculo digno de verse, como un desfile de cachorros de Tigres de Bengala, Rinocerontes de Java, Linces Ibéricos o Pandas Gigantes que representan la última esperanza contra su extinción. Me encontraba ojeando la sección “TESOROS DE SIEMPRE” cuando, a mi lado, una especie de sobresalto llamó mi atención. Un hombre bajito con una de esas caras sin nada para recordar secuestró un delgado volumen, revisó las primeras páginas y se dirigió a la caja como quien acaba de encontrar oro y lo esconde de miradas codiciosas. Por supuesto que seguí al hombrecito. Me coloqué tras él en la fila, vi que el libro que aferraba era una edición de “El Hombre Invisible” de H.G. Wells. Me preguntaba por qué había decidido hacer lo que estaba hacien...
Hipnosis felina,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 222b

Hipnosis felina,
por José Manuel Peláez

A veces no puedo dormir. Me gustaría decir que eso me ocurre porque trato de buscarle un significado a la vida o las respuestas a ¿quién soy? ¿a dónde voy? y otras parecidas, pero no se trata de algo tan glamoroso. Simplemente no me puedo dormir y ya. El resultado es que el siguiente día comienza como el inicio de una escalada al Everest sin comida, bombona de oxígeno y sin ropa adecuada.Estaba yo en uno de esos días de los que uno espera que pasen rápido cuando me encontré con el aviso del espectáculo de Monsieur félin, un hipnotizador que prometía disfrutar de un gato haciendo “lo nunca visto”. He trabajado en marketing y sé que no hay límites para las promesas y que la mayoría de ellas terminan en decepciones de todo tipo, pero hacía calor, el local tenía aire acondicionado y segurament...