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José Manuel Peláez

Cupones fabulosos,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 255c

Cupones fabulosos,
por José Manuel Peláez

Trato de parecer una persona sociable, pero me sale bastante mal. Siempre recuerdo a Linus, el personaje de Charles Schulz, que decía: “Amo a la Humanidad, es a la gente a la que no soporto”. No idealizo al respecto y sé que se trata de un defecto mío contra el que hay que trabajar. Por eso cuando encontré a la vecina del tercer piso tirada en la entrada del edificio, en medio de un líquido resbaladizo y unas bolsas de mercado, decidí ayudarla a riesgo de que me contara interminablemente lo que le había ocurrido. A duras penas logré incorporarla, recoger algunas de sus bolsas y llevarla a su apartamento. ─ Es mi tobillo… ¡ay…ay!... los cupones, la culpa es de los cupones. Examiné su tobillo que comenzaba a hincharse y me di cuenta de que necesitaba atención médica. Ella seguía cul...
Oportunidad,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 254c

Oportunidad,
por José Manuel Peláez

Había logrado convencer a Manolo de acompañarme a una conferencia sobre “La pérdida de tiempo en nuestro tiempo” que iba a dar otro amigo mío, nada sospechoso de intelectualismo. A pesar de sus recelos, Manolo me acompañó haciendo el doble chiste de que esperaba que la conferencia no fuera “una pérdida de tiempo” y de que no sabía si “llegaríamos a tiempo” porque era tarde. Al pasar delante de la vitrina de una librería de libros de oportunidad, un título llamó mi atención. Se trataba de una edición de Seix-Barral del “Teatro del absurdo” de Martin Esslin. Escenas de mi época de teatrero se vinieron a mi memoria en vertiginosa cascada, así como también el inmenso placer que tuve al leer el libro de Esslin por primera vez. Hacía 14 años que lo había perdido inexplicablemente y todavía me...
Ma non troppo, <br/>por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 253c

Ma non troppo,
por José Manuel Peláez

Era el último concierto de la temporada y el coro iba a dedicarlo a baladas inmortales. Supongo que ambas circunstancias congregarían una asistencia muy superior a la normal. Llegué con tres cuartos de hora de anticipación. A pesar de mis precauciones la sala ya estaba casi llena y cuando ellos llegaron, oteando como suricatos algún asiento disponible, despertaron mi interés. Era una pareja mayor, ambos con pesados anteojos que no escondían su muda beligerancia. Como faltaba un rato, me dediqué a inventarles una historia en la que el hombre no le perdonaba a la mujer haberle arrastrado ese domingo de su sofá favorito solo para escuchar canciones tontas y ella no le perdonaba que siempre que ella pretendía que él la acompañara tuviera que batallar con un juego de baseball o una película ...
El Perfejismo,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 252d

El Perfejismo,
por José Manuel Peláez

Olivia es una excompañera de estudios que lo tiene todo menos la satisfacción de tenerlo todo. Era la mejor de la clase, graduada con honores, contratada apenas dejar la Universidad por una reconocida editorial donde, de manera meteórica, pasó de novata a gerente de primera línea, cargo que armoniza con un matrimonio que todos envidian, unos hijos que todos quieren y un futuro que todos se rifarían. Y aún así: “Olivia está triste ¿qué tendrá Olivia?” pensaba yo mientras me dirigía a celebrar sus 35 años. Cuando ella me recibió en el gran salón con un abrazo cariñoso, confirmé que todavía conservaba la mandíbula encajada y los ojos inquietos de siempre, como si temiera algo. Hablé, sonreí, recordé algún chiste no vulgar y seguí espiando a Olivia que no paraba de circular por el salón ...
¿Su majestad?, <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 251c

¿Su majestad?,
por José Manuel Peláez

Siempre hay quien prefiere enredarse en discusiones cuyo resultado nada va a cambiar a trabajar. Los ves seducirse ante la posibilidad de opinar sobre la Ley de la Gravedad y, frente a eso, considerar insignificante la iniciativa de unos vecinos para organizar un equipo de Primero Auxilios.Manolo y yo tuvimos la mala suerte de encontrarnos en medio del fuego cruzado entre dos vehementes defensores de formas distintas de Gobierno: la Monarquía y la República. El nivel de crispación llevó a que cada uno de los que estábamos tranquilos tomando un café tuviéramos que dar nuestra opinión, sin medias tintas, o Monarquía o República.Mientras yo no dejaba de asombrarme por la exquisita forma de perder el tiempo de todos, los inquisidores llegaron a Manolo.─ ¿Monarquía o República? ─ exigían sin di...
El mejor deseo,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 250d

El mejor deseo,
por José Manuel Peláez

De vez en cuando hago una limpieza “histórica” de mi pequeño apartamento, una limpieza en la que detecto infinidad de cosas que he ido acumulando porque creo que en algún momento las voy a usar. Descubro que ni las he usado, ni las voy a usar y me deshago de ellas, no sin cierta nostalgia, por supuesto. Ayer dediqué mi día libre a la limpieza histórica de este año, aunque en realidad no la hacía desde hacia tres años. Fui metiendo en una bolsa bolígrafos secos, libros ilegibles, corchos de botellas de vino que supuestamente debían recordarme alguna ocasión especial ya olvidada, cintas de video obsoletas, blocks con anotaciones risibles y todo iba muy bien hasta que llegué a la lámpara. La había comprado hace dos años, cuando paseando un domingo con Manolo por un cambalache callejero,...
¡Gran oportunidad!,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 249d

¡Gran oportunidad!,
por José Manuel Peláez

La frase de “hay que sentar cabeza” siempre me ha parecido disonante. Como si quisiera decir que una cabeza sentada piensa mejor que otra en movimiento. La entiendo en el sentido de que en algún momento hay que enfocarse y poner todas nuestras habilidades al servicio de un propósito, pero la frase sigue sin gustarme. Y, aun así, la pensé cuando mi jefe me propuso un trabajo con mejor sueldo, mayores beneficios y condiciones más cómodas. Quizás era el momento de “sentar cabeza”. Lo malo es que el trabajo era en un lugar ajeno a mí y muy lejos de mis querencias y mi idioma.Tenía dos días para decidir.─ ¡Qué gran oportunidad! ─ clamó Manolo cuando se lo estaba contando.─ Pero si no sabes ningún detalle, Manolo… ¿gran oportunidad de qué?─ De equivocarte.Del discurso con el que continuó Manolo,...
Secretos a la vista, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 248b

Secretos a la vista, por José Manuel Peláez

Tengo un inquieto sobrino de 9 años que ametralla a mi hermana con preguntas a toda hora y mientras los demás vemos en él a un futuro investigador, ella lo ve como una mosca nacida para molestarla especialmente. Desde por qué el Sol se oculta, hasta quién dibuja los límites de los países, pasando por el por qué los bebés canguro nunca se caen de la bolsa de sus madres cuando éstas saltan, todo es objeto de la mirada curiosa de mi sobrino y de su exigencia de respuestas. Lo llevé al Monasterio del Escorial, el refugio de Felipe II, y en la imponente biblioteca, nos dimos cuenta de que los miles de volúmenes resguardados en las vitrinas estaban colocados con los lomos hacia adentro. No había manera de saber ningún título ni imaginar de lo que hablaban. Durante el camino de regreso estu...
Para cuando… <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 247c

Para cuando…
por José Manuel Peláez

“Querida mía: para cuando recibas esta seguramente el pequeño Manuel ya habrá nacido y yo no lo habré visto. Nada me ha dolido tanto, pero tú y yo sabemos por qué era necesario…” Manolo leía la carta con voz pausada y cariñosa. Pocas veces lo había sentido tan cálido. Esperé a que terminara la lectura, doblara el papel en sus antiguas marcas y lo guardara en un cajón. Después comenzó a contarme que se trataba de una vieja carta de su abuelo para su abuela cuando en los años 40 él tuvo que emigrar para trabajar y se perdió el nacimiento de su hijo, el padre de Manolo. La habían encontrado en la vieja casona familiar, perdida detrás de unos muebles. ─ Como verás ─ decía mi amigo ─ en mi familia no derrochaban creatividad para buscar nombres. Vengo de una larga lista de Manolos. Sé q...
¡Te llamo!,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 245c

¡Te llamo!,
por José Manuel Peláez

Cada uno de nosotros establece un sistema de lealtades más o menos claras. Lealtades hacia los otros y lealtades que esperamos de los otros. No tengo grandes expectativas ni de los otros ni de mí mismo, pero me gusta pensar que hay un sistema de lealtades. Rigoberto, un compañero de colegio de la adolescencia, con el que aprendí a fumar además de exquisitas técnicas de copia para los exámenes de matemática y que fue el primero en advertirme de lo complejas que son las mujeres, se había reencontrado conmigo hacía dos semanas después de años de alejamiento. Vive y trabaja en un país lejano donde dice haberse encontrado a sí mismo y aunque yo me preguntaba cómo había sido posible irse a perder tan lejos, preferí disfrutar de su compañía y de nuestros recuerdos, además de sellar la promesa ...
Memorias de mañana,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 244c

Memorias de mañana,
por José Manuel Peláez

Hay conversaciones de todo tipo: convenientes, necesarias, inútiles, aburridas o divertidas y muchas más, pero luego están las conversaciones importantes. Esas conversaciones que se convierten en un placer para quienes participan en ellas. Y simplemente se trata de eso, de experimentar un placer. Se sabe que no se va a cambiar el mundo, que la gente seguirá siendo como puede ser y que nosotros mismos no escaparemos de esa Ley, pero sentarse con un conversador virtuoso es como ir a un concierto inolvidable, la música acabará, pero seguirá sonando en nuestras mentes. Le había contado yo a Manolo cómo me había sentido al visitar algunos lugares de mi infancia a los que, por juegos del trabajo o del azar, me tocó reencontrar. Por supuesto caímos en el tema de que cuando eso ocurre, el paso ...
¡Ay… Macarena!,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 243c

¡Ay… Macarena!,
por José Manuel Peláez

No puedo decir de ninguna de las maneras que Macarena sea una mala persona. Otra cosa muy distinta es que yo no la pueda aguantar. Y, a veces, me llamo la atención al respecto porque no me parece correcto huir, esconderse o, mejor aún, evaporarse cada vez que me topo con ella en el pasillo. Al fin y al cabo, yo mismo reconozco que es una buena persona.Pero justamente esa es la razón de mi rechazo. Macarena es demasiado buena, es un melón en su justo punto de sazón al que le agregas azúcar, miel y crema pastelera. Ya decían los griegos que todo exceso es una falla y el exceso de bondad no tiene por qué escapar de esta Ley.Para Macarena no existen las emociones negativas. No se trata de que no las cultive, simplemente no existen. La pérdida de un amor es la puerta para encontrar otro mejor, ...