Gente que Cuenta

¡Ay… Macarena!,
por José Manuel Peláez

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Pauline Boty, (1938–1966)
Darla por perdida
Fuente: https://artuk.org/

No puedo decir de ninguna de las maneras que Macarena sea una mala persona. Otra cosa muy distinta es que yo no la pueda aguantar. Y, a veces, me llamo la atención al respecto porque no me parece correcto huir, esconderse o. mejor aún, evaporarse cada vez que me topo con ella en el pasillo. Al fin y al cabo, yo mismo reconozco que es una buena persona.

Pero justamente esa es la razón de mi rechazo. Macarena es demasiado buena, es un melón en su justo punto de sazón al que le agregas azúcar, miel y crema pastelera. Ya decían los griegos que todo exceso es una falla y el exceso de bondad no tiene por qué escapar de esta Ley.

Para Macarena no existen las emociones negativas. No se trata de que no las cultive, simplemente no existen. La pérdida de un amor es la puerta para encontrar otro mejor, la ruina es la oportunidad para comenzar desde cero, la muerte puede ser el cese del sufrimiento y si cuando abres los ojos por la mañana puedes apreciar la luz del sol colándose por las rendijas de la persiana, es señal de que la vida es una Tarantella y debes saltar del lecho, buscar la pandereta y girar como un derviche beodo de vitalidad.

El existir, para Macarena es una sucesión de recreos divertidos entre fiestas más divertidas. No soporta ver una mala cara porque se ve impelida a consolar al doliente. No te permite ningún luto por mínimo que sea y después de unos segundos de someterte a sus tratamientos sanadores de palabra, obra y ánimos sin fin, quedas convencido de que eres un idiota porque no hay nada… ¡absolutamente nada!… por lo que sufrir.

No quiero defender tampoco a los profetas de la desgracia, por supuesto, pero creo que las emociones exigen la honestidad de acusar recibo real de lo que verdaderamente sentimos y, al mismo tiempo, saberse pasajeras. No podemos estacionarnos en el sufrir, pero tampoco en la aparente indiferencia a lo que duele. Ese margen de maniobra es el que Macarena no permite.

Manolo me ha dicho muchas veces que mi problema con Macarena soy yo porque al fin y al cabo y por mucho que Macarena me moleste, tampoco hay una verdadera razón para hacerlo. Por momentos, creo que Manolo se ha transformado en alguien demasiado ZEN.

Hoy, esperando el ascensor, no me di cuenta de que Macarena estaba detrás de mí. Tenía los ojos enrojecidos y sin brillo. No contestó a mi sonrisa y, por primera vez, tuve la certeza que estaba delante de la verdadera Macarena y, después de unos segundos, la abracé.

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José Manuel Peláez Profesor universitario de Literatura del Renacimiento y Teatro Contemporáneo. Escritor de ficción para cine, televisión y literatura, especialmente policial. Sus novelas “Por poco lo logro” y “Serpientes en el jardín” se consiguen en Amazon. Ha creado y dirigido Diplomados de Literatura Creativa y de Guion audiovisual en la Universidad Metropolitana de Caracas. Actualmente mantiene un programa de cursos virtuales relacionados siempre con la Narrativa en todas sus formas. josemanuel.pelaez@gmail.com

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