Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 15/2

Misteriosa mascara de carnaval Atril press
“En Venecia se esconden tras máscaras delicadas, porcelanas de misterio y olor a canal”
Fuente: https://stockcake.com/

 

¡Ah! Este año se dio la unión fatídica del Día de los Enamorados y el Carnaval.

Dos fiestas juntas que parecen conspirar para recordarnos que la cursilería y el desorden son ineludibles. El primero, con sus mensajes empalagosos y rosas que huelen a obligación; el segundo, con su grito universal de «a que no me conoces»…

En Venecia se esconden tras máscaras delicadas, porcelanas de misterio y olor a canal; en Río se entregan a la samba como si el mundo acabara en cada paso de cadera; y en alguno de nuestros pueblos, la guerra de agua es tan precisa que hasta las señoras más serias parecen francotiradoras. Hay países donde el carnaval ni cuajó, como Inglaterra, donde la rigidez es religión, o ciertos cantones suizos, donde el ruido excesivo es declarado crimen de guerra.

En estas fechas, el absurdo se vuelve norma. Reyes bailando con mendigos; ejecutivos travestidos de monjas; y en Caracas, las «negritas» (señoras respetables) aprovechaban su disfraz para desatar noches de desmadre cuidadosamente planeadas. En algunos pueblos, incluso se celebraban matrimonios, efímeros como el papelillo en el suelo… Todo puede suceder y, de hecho, sucede, y nadie recuerda nada al día siguiente, salvo la sensación de haber sobrevivido al caos.

El carnaval es un permiso colectivo para desobedecer con risa, y el Día de los Enamorados es un recordatorio de que la cursilería se puede comprar con bombones. Para algunos incomoda; para otros libera. El carnaval es el único momento del año donde la dignidad es un estorbo y el ridículo, una condecoración. Y ahí estamos, entre máscaras, corazones y baldes de agua, contemplando el absurdo. Por lo visto, la gracia está en el caos.

Si donde estás tienes días libres, aprovecha para escapar del esperpento: leer, caminar, dormir o simplemente cerrar los ojos y esperar que todo termine. Porque el miércoles, milagrosamente, volveremos a ser ciudadanos razonables, sin baldes, sin bombones y sin samba.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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