Te cuento que…
por Suzan Matteo
Navegando por internet uno se encuentra cosas que demuestran que la imaginación humana como que no tiene límites. Por ejemplo, el «comepecados».
El nombre parece inventado por alguien con hambre y problemas teológicos. Pero no: fue una figura real de Inglaterra y Gales, documentada desde el siglo XVII. Su trabajo consistía en comerse los pecados de los muertos. Sí. Comérselos.
Cuando alguien fallecía, podían llamar a un hombre para que recibiera pan, cerveza y unas monedas y, después de una oración, se comiera simbólicamente los pecados del difunto. Era una especie de gestor de culpas a domicilio. El muerto descansaba, la familia quedaba tranquila y el comepecados se marchaba con el estómago lleno y el alma cargada con las faltas ajenas. Un negocio bastante malo: después nadie quería...












