
Escena de una calle de Berlín, (1913-1914)
Fuente: https://www.wikiart.org/
Muchos conocen la anécdota del niño a quien el profesor le pregunta qué quiere ser de mayor y el pequeño responde: “famoso”. “Famoso, ¿por qué?”, pregunta el maestro. “No importa”, replica el niño, “simplemente famoso”. La anécdota describe con perspicacia el mundo en que vivimos, la sociedad de influencers, la comunidad de seguidores en Instagram, la aspiración de pertenecer al club de los ricos y famosos. La notoriedad y la influencia son, sin duda, importantes. Todos necesitamos vender nuestro producto, sea un apartamento, un libro o una idea. Muchos sabios, sin embargo, advierten lo contrario: la mejor forma de pasar la vida es bajo el manto de invisibilidad del anonimato. Esta no es una recomendación de alguien gris y aburrido. Ya lo dijo un Califa de Bagdad: “la mejor vida es la de aquel que no nos conoce y a quien nosotros no conocemos”. Para el buen vivir, no solo es ventajoso huir de la fama y del poder, sino que es conveniente esconderse de los que los tienen. Ya lo dijo un sabio sufi: “Mi casa tiene dos puertas; si el sultán entrara por una, yo saldría por la otra.”
Es necesario reconocer el valor de la impopularidad y del anonimato. El renombre, la fama y el poder, nos alejan de la privacidad, la tranquilidad, la concentración, la intimidad. Pensemos, por ejemplo, en la falta crónica de tiempo, en la incómoda agenda de una persona importante, siempre llena de reuniones. ¿Cuál es el costo en estrés y ansiedad de la carrera constante en que viven los hombres y mujeres exitosos? ¿No es la prisa plebeya la sombra inseparable de la notoriedad? ¿Cuál es el tempo del amor, del encuentro consigo mismo? El anonimato preserva verdaderos placeres. El deleite de caminar tranquilo entre la multitud sin ser reconocido, el solaz de quedarse en paz en un lugar sin ruido, el goce de pasar la tarde tranquila con seres queridos, el simple hecho de no tener la exigencia de ser alguien.
El notable solo existe cuando alguien lo nota. Su personalidad es, en realidad, un reflejo especular en los ojos del otro. La celebridad vive con la constante y aterradora posibilidad de que su imagen pueda repentinamente desvanecerse. La intimidad es un sentimiento mucho más hondo y sólido que la sensación de ser el centro del universo. En el tercer acto de la ópera La Valkiria de Richard Wagner, el dios Wotan le comenta a Brunilda: “a los acuerdos debo el poder y de los acuerdos soy esclavo.” La ventaja de la impopularidad es la posibilidad de disfrutar la libertad que el anonimato proporciona.