Buenos días y buen domingo para todos. Bienvenidos a una nueva entrega de Atril.press, elaborada especialmente para ustedes por la gente que cuenta.
Esta semana, Alfredo Behrens nos trae el relato de cómo se manejan las cosas en los bares de los espíritus. Deseamos de corazón que así sea, porque supera con creces la figura del eterno angelito en la nube tocando un arpa. En fin.
Ya en asuntos más terrenos, tenemos un texto de Soledad Morillo sobre los besos en la boca, esa fuerza maravillosa protagonizada por dos personas que se sueltan a convivir entre la razón y el abismo. Luli Delgado, en cambio, mucho menos poética, nos cuenta el penoso gripón por el que atraviesa y le echa la culpa a una enfermera que, en vez de inyectarla contra la gripe, parecería que lo hizo a favor. Seguimos con un texto de Susana Pacheco Cedeño, quien a partir de esta edición se incorpora a nuestro grupo. ¡Bienvenida, Susana!
Mayte Navarro nos trae los detalles sobre la subasta organizada por las Damas salesianas en beneficio de las comunidades indígenas de Maniapure; si desean participar, les dejamos a disposición el enlace para la subasta digital. José Manuel Peláez se sumerge junto con Manolo en aquel programa llamado Un paso al más allá —la mítica Twilight Zone— y discurren sobre la creencia de los indios Curacai de que las fotos se roban el alma de las personas. Vaya uno a saber.
Lucy Gómez nos habla de los jardines aromáticos, mientras Helena Paneyko escribe sobre esos seres que, a punta de leer, ver o escuchar, pasan a resultarnos más familiares que mucha de la gente que conocemos. Harold Vas nos trae la segunda entrega de su relato El sendero (les dejamos acceso a la entrega anterior para que relean o sepan de qué se trata). Ya cerrando, Victorino Muñoz nos habla del mejor regalo que alguien le puede dar a otra persona, y Suzan Matteo escribe sobre John Harrison, relojero y autodidacta que hizo grandes aportes para el cálculo de los horarios de los navegantes.
Además, les traemos El Mundo de Clara, un crucigrama elaborado por Angélica Tovar, y un video que explica por qué las pantallas de los teléfonos celulares son tan sensibles al tacto y tan inconmovibles frente a cualquier otra cosa, una punta de lápiz, por ejemplo.
Dejamos a disposición el Newsletter para quienes quieran recibir El Atril en sus correos, y el correo contacto@atril.press en caso de que quieran enviarnos sus comentarios y sugerencias.
Esta semana los dejamos con la obra Invitados de ultramar (1901), del pintor ruso Nikolái Roerich; sobre su nombre, dejamos un enlace con su biografía.
Y colorín colorado, llegamos al final de esta edición, no sin antes agradecerles muy sinceramente la visita de todos los domingos y desde ya extenderles nuestra invitación para nuestra próxima edición.
Una buena semana para todos y muchos saludos.
La gente que cuenta

Visitantes de ultramar, 1901
Fuente: https://www.wikiart.org/