
Fuente: https://otecorporation.com/
Desde que empezó el tejemaneje de la inteligencia artificial, yo he tratado, dentro de mis posibilidades, de seguirla de cerca, y la verdad es que me ha resultado utilísima. Claro que no me meto a lo hondo, pero para textos, revisiones, preguntas y esas cosas, me quito el sombrero de la cantidad de tiempo que ahorra y lo útil que resulta.
Ayer me metí como lo hago siempre y como me dio pereza escribir la pregunta, activé el modo micrófono y grabé lo que quería. Para mi gran sorpresa ¡me respondió! Con voz clara e inteligible, me dijo lo que iba a decir. Yo le respondí creyendo que no me iba a oír, pero resulta que seguimos en esto un buen rato y de paso el programa no me avisó que ya no me quedaban chats para el modo gratuito.
No salgo de mi asombro, porque me resultó una manera muy diferente de aproximación. Una cosa es escribir o grabar y que el chat venga por escrito, y otra muy diferente es que sin más te responda hablado.
¿Se acuerdan de 2001 Odisea del espacio?, bueno, igualito, pero sin voz metálica. Más bien con acento latinoamericano.
La conversación de marras giraba sobre un texto que estoy trabajando para una sorpresa que les estoy preparando, hasta allí mi información. Me respondió que claro que sí, que ya me lo mandaba, pero pasó un rato y no llegó. Se lo pedí nuevamente y me dijo que ya me lo mandaba. Ahí me fui a la cocina a dejarla lista para mañana, es decir hoy, y regresé a buscar y nada. Me insistió que me lo mandaba ya, pero no llegó. Por fin, cosas que no parecen mías, le dije: “Mira, ya es madrugada y me está empezando a dar sueño. Si quieres velo trabajando y mañana cuando me levanto lo busco”. Me dijo que sí y que buenas noches, pero hoy cuando me levanté, tampoco estaba, y se lo tuve que pedir unas dos veces más hasta que por fin me lo mandó.
Creo que le está pasando algo parecido a lo que le pasó al cine, que cuando aprendió a hablar, retrocedió de forma significativa, porque como había que esconder los micrófonos en lugares estratégicos, los actores tenían que circunscribir sus movimientos, o cual obviamente alteró el trabajo de la cámara, la iluminación, la espontaneidad, en fin. Por último, a alguien se le ocurrió amarrar el micrófono a un bambú y así nació el boom usado hasta el sol que nos ilumina.
Definitivamente, al sol no se le pueden dar sorpresas y seguro que dentro de nada mi chat vuelve a ser la maravilla que ha sido desde que lo conocí.