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El primer eslabón de la mayoría de los diálogos es preguntarle al otro si está todo bien.
De ahí tenemos entonces la respuesta en líneas generales es una declaración de adversidad mezclada con estoicismo, como por ejemplo:
“Pues bien, será”
“Regular por lo conforme”
“Aquí vamos”
“Poco a poco”
En la Venezuela de los tiempos difíciles, la respuesta ha pasado a ser de enfermo terminal: “Bueno, considerando las circunstancias” …
Los españoles “van tirando”, y en Brasil, la respuesta más común es “la vamos llevando”, todo lo cual repite el mensaje de que las cosas no van bien, pero, de nuevo, el que responde enfrenta las penas con su mejor cara.
En cambio, pregúntenle a un portugués si está todo bien para que vean la respuesta.
“¡Tiene que estar!” Además, responden con cierta sorpresa de que le hayas preguntado semejante cosa, porque el TIENE está tan arraigado que lo contrario llama la atención.
¿Qué será que pasa? Yo no tengo idea, pero es así. Como también es así su manera particular de saludar y despedirse, sobre todo por teléfono.
Al saludar, antes de entrar en materia, te preguntan cómo has estado con nombres y apellidos (en mi caso es Doña María de Lourdes Delgado Osorio), si tuviste un buen fin de semana, en fin, practican la cultura del “TIENE que estar”. Al despedirse, se deshacen en cortesías del tipo, “Fue un placer hablar con usted” (de nuevo el nombre completo), “Quedo muy feliz por haber hablado con usted”, “¿Hay algo más en lo que la pueda ayudar?” y generalmente piden permiso antes de retirarse de la llamada.
Existe en este país una actitud positiva y proclive a la felicidad realmente conmovedora. Yo digo que dentro de ese ambiente cuesta mucho más que se produzca un desenlace desagradable, porque ¿cómo, si del otro lado lo que viene es pura amabilidad?
Una vez hace muchos años en una juguetería en Caracas fui testigo del siguiente diálogo entre el vendedor y una cliente:
– Esta muñeca vino rota, dijo de muy mal talante la cliente
– ¿Y usted vino a cambiarla?
-¡No! Te lo vine a contar nada más…
No sé de dónde era esa señora, pero portuguesa definitivamente no era…