Gente que Cuenta

Derecho a aburrirse, por Áxel Capriles

W.L Thomas Atril press
W.L Thomas,
Pero una vez al año, 1884
Cromolitografía
Fuente: https://www.printsandephemera.com/

En mi infancia, mi padre todavía trabajaba seis días a la semana. Los sábados en la tarde lo íbamos a buscar a la oficina y seguíamos directo hacia el litoral central, a una diminuta casa prefabricada sobre un terreno rojizo en Playa Grande. Durante los meses de julio y agosto también se acostumbraba a trabajar, así que, a pesar de que las vacaciones escolares duraban casi tres meses, nosotros tan solo nos íbamos de vacaciones unos 15 días. El resto del tiempo permanecíamos en casa y los niños teníamos que resolvernos, inventar cómo pasar el tiempo. Recuerdo que durante uno de esos largos veranos se me ocurrió crear un periódico de la casa en el que recogía todo lo que acontecía en el hogar. Entrevistaba a la cocinera, relataba lo que le había ocurrido al loro o al perro. Luego lo extendí con noticias del vecindario. Había tardes en que nos aburríamos encerrados dentro de la casa, viendo caer la lluvia, los torrenciales palos de agua de Caracas.

En esa época no había madres preocupadas por llenarnos la agenda de actividades, padres angustiados por conseguir un campamento de verano. Hoy mis nietos son niños hiper ocupados. Además de que el horario escolar abunda en quehaceres extracurriculares, al salir del colegio deben correr de un sitio a otro, a la clase de tenis, a la clase de francés, a la clase de música. Los pocos momentos de ocio los rellenan con un frenético apego a la Tablet, repleta de videojuegos absorbentes.  Y es igual en los viajes y desplazamientos en coche, los teléfonos móviles de los padres con un enjambre de juegos han sustituido a la conversación o al silencio, al lento y espeso divagar del pensamiento no dirigido.

En la novela de Saúl Bellow El legado de Humboldt, el protagonista Charlie Citrine, un escritor exitoso con una vida enredada, soñaba con escribir la gran obra maestra sobre el aburrimiento, hacer con el tedio lo que Marx había hecho con el capital o Durkheim con la división del trabajo. Al aburrimiento, a la improvisación, al tiempo libre, debemos mucho del pensamiento creativo. El tedio mueve la ensoñación diurna que propicia la conexión de ideas, la originalidad. Durante la plaga de Londres de 1665, la Universidad de Cambridge cerró.  Isaac Newton tuvo que retirarse a su granja. Sin clases ni otras actividades, sin distracciones, en ese tiempo muerto, monótono, tras observar caer una manzana, Newton formuló la ley de la gravitación universal. Hoy el síndrome del niño hiper ocupado va en aumento. Como adultos al ritmo de la competencia empresarial, los pequeños viven bajo la presión del tiempo, con horarios rígidos, copados. Sin espacios para la exploración y el descubrimiento, sin el aburrimiento que surge del “nada que hacer”, el estrés sustituye y amenaza la creatividad.

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Axel Capriles Ensayista, psicólogo y economista, es ante todo un crítico de la cultura. Diplomado por el C.G. Jung de Zúrich, su último libro es 'Erotismo, vanidad, codicia y poder. Las pasiones en la vida contemporánea', publicado por Turner.

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