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Gente que Cuenta

Lecciones de viaje,
por Lucy Gomez

Victor Borisov Musatov Atril.press
Victor Borisov-Musatov,
Andén de espera, 1894
Fuente: https://www.wikiart.org/

Como últimamente he experimentado actividades muy cansonas y largas, decidí que hay que aprovechar los tiempos muertos que generan para aprender cosas útiles.

Por ejemplo: de un problema físico que tuve hace algún tiempo me quedó una prevención contra las escaleras mecánicas. Extendía el pie tan lentamente que era incapaz de subir por ellas, así que, para llegar a cualquier piso de un edificio, optaba siempre por las escaleras normales o por los ascensores. Ahora, como salto y brinco sin ningún problema, pensaba que los rastros de aquellos días se habían desvanecido por completo, hasta que llegué a una estación de Metro llena de escaleras mecánicas. No hubo manera de subirlas.

El otro inconveniente —que atenta contra mi larga costumbre de viajar sola— es el sistema de trenes, cuyas pantallas anuncian paradas sin horarios seguros. Por el altavoz avisan la llegada de líneas de todas partes con pocos minutos de anticipación, pero quien no esté atento y sepa exactamente por qué andén pasa su tren, está perdido. Por no hablar de las máquinas expendedoras de billetes, que parecen mantener una guerra personal contra todo aquel que se retarde unos segundos en marcar su destino. No es de extrañar que una gran mayoría de personas mayores, personas con movilidad reducida y extranjeros recurran al viejo sistema de las taquillas para huir de aquellas máquinas aterradoras.

Me tocó hacer un trámite extraordinariamente largo a kilómetros de casa, con todas las probabilidades en contra y con el fantasma de tener que regresar derrotada. Para colmo, me habían advertido sobre la lentitud de los trenes debido a unas averías mecánicas que arrastraban meses. Armada de paciencia, salí a las ocho de la mañana para una cita programada al mediodía.

Superé la primera prueba gracias a una señora que, al verme mirar las máquinas con desolación, me dijo que no me preocupara, que a ella tampoco la querían y que mejor compráramos los billetes en la taquilla.

Pero de ahí en adelante todo pareció confabularse en mi contra: los trenes avanzaban a paso de tortuga y, a cada momento, anunciaban cambios de ruta que obligaban a caminar hacia andenes cada vez más lejanos. La hora de mi cita se acercaba de forma siniestra y yo parecía alejarme de mi destino.

Sin embargo, me negué a desesperarme y se me ocurrió una idea: ¿por qué no dedicar al menos tres cuartos de hora a descifrar las rutas en abstracto, prestando atención solo al mecanismo y no al nombre del lugar?

Y, ya puestos, había que aprovechar para domesticar las escaleras mecánicas. Subir y devolverse. Una y otra vez.

Estuve una hora en eso. Y aprendí. Llegué a mi destino tras practicar y practicar; mi retraso fue de apenas tres minutos.

Tras el intensivo ferroviario, pude incluso orientar a una jovencita que preguntaba con desconsuelo cómo llegar a su casa. ¡A mí! Ella no sabía que en las pantallas, justo debajo del nombre de la estación, discurre una cinta con los pueblos por donde pasa el ferrocarril. Mi cursillo acelerado de escaleras mecánicas también dio sus frutos. A las dos de la tarde, con dos habilidades nuevas en el bolsillo y la diligencia cumplida, regresé a casa sin más contratiempos.

Lucy Gómez
Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años. es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores. lucygomezpontiluis@gmail.com

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