Pirotecnia,
por Lucy Gómez
Esa noche de verano, como muchas otras, se iluminó el cielo y sonaron explosiones. Eran los fuegos artificiales que marcaron el final de las fiestas del pueblo de al lado, pero podían verse a distancia. Diez minutos impresionantes que me pusieron al día con la variedad de colores, diseños y belleza que se despliega centenares de veces en la costa mediterránea.
Era una coreografía con libreto largo: entradas de luces, despliegue y diseño de figuras. Nada que ver con los de mi infancia, que no pasaban de ser luces doradas que subían algunos metros en el cielo, casi siempre en Año Nuevo.
Se han industrializado de tal manera que hay leyes que regulan su uso o los prohíben, como es el caso de Países Bajos, donde no solamente tomaron en cuenta el riesgo que supone usarlos de manera inconve...












