La ola, por Lucy Gómez
La ciudad ve llegar el calor como una plaga. Primero se leen los avisos de las agencias de meteorología y luego llega la pared pegajosa y caliente: una barrera aérea y húmeda que llena cuartos, salas, pasillos y avenidas. Es la ola de calor.
La calle se divide ahora en aceras con sol y aceras con sombra. Hay que planearlo todo: a qué hora ir al gimnasio, cuándo ir de compras para conseguir ropa adecuada y evitar fundirse bajo una blusa de manga larga o un pantalón tejido. Hay que saber cuándo llegar al súper por si se acabó algo (por ejemplo, el agua mineral en botellas de 8 litros), programando cada viaje fuera de las horas de temperaturas máximas.
Si se te ocurre no hacerme caso y salir a las horas en las que está haciendo 31 grados o más, puedes fundirte en mitad de la calle. Hay ...












