Gente que Cuenta

Linsanity real,
por Victorino Muñoz

Jeremy Lin Atril press
Jeremy Lin
Fuente: https://en.wikipedia.org/

Pese a su aspecto asiático, Jeremy Lin fue un jugador de baloncesto nacido en California. En 2011, un momento en el que los Knicks de Nueva York no eran el equipo ganador que es ahora, Jeremy Lin tomó las riendas del desmantelado quinteto y comenzó a anotar y a anotar, haciendo increíbles jugadas.

Durante una parte de la temporada, mantuvo un alto promedio de puntos, al nivel de una súper estrella. Esto despertó a una afición dormida y generó una histeria colectiva, hasta el punto que se llegó a creer que Jeremy Lin sería el próximo Michael Jordan, un poco más blanco, ojos rasgados y cabello en punta.

La euforia duró poco, solo unos juegos. Pasó como una tormenta tropical; y antes de terminar la temporada, ya los Knicks y Jeremy Lin volvían a ser otros más del montón. Pero, mientras mantuvo acaparada la atención, en los medios se usó el término linsanity (haciendo juego con la palabra insanity: locura en inglés), para referirse al fenómeno.

Luego, el uso degeneró hasta convertirse este en sinónimo de algo así como una pompa de jabón, o como el destello de los fuegos artificiales. Intenso, poco duradero y a la vez totalmente inútil. Linsanity se usa en ocasiones para hablar de esa euforia que generan algunos jugadores en el público, y luego desaparecen ambos, jugador y euforia.

Y es que la linsanity es un fenómeno donde se requieren los dos elementos de la ecuación: el aparente portento deportivo y el público ávido de un héroe, capaz de aferrarse a cualquier clavo ardiente.

Yo creo que también hay linsanity más allá del deporte. Puede haberlo en política (no mencionaré casos particulares), en la música, en el arte, o en la vida cotidiana. Quiero decir, a veces nos encontramos con personas que dan unos destellos y unas muestras de genialidad, y despiertan entusiasmo, pasión, qué sé yo qué.

Luego, un día los vuelves a ver o a escuchar, y parecen como apagados, como sin vida. Lo mismo que la euforia o alegría que suscitó. Y las palabras que dicen ya no transmiten nada. Es como una linsanity verbal.

Una vez pasó con un profesor, compañero de trabajo en una institución. Dijo algo en una reunión y de repente todos lo querían, lo consideraban un genio y lo buscaban para hablar con él y pedirle consejos.

Yo lo invité un par de veces a tomar café. Pero no dijo nada extraordinario. Peor aún: la misma frase, aparentemente genial, fue repetidas muchas veces; la dijo tanto, que yo lo único que pude añadir fue: “la cuenta, por favor”.

¿Quién se equivocó? ¿Él o yo? Tal vez la culpa no es del ciego. En fin, ustedes me dirán. Fue sólo otro caso de linsanity en la vida real. Por cierto, ¿han conocido algún caso así?

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Victorino Muñoz valenciano, autor de "Olímpicos e integrados", ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y "Página Roja", publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017. rvictorino27@hotmail.com Twitter:@soyvictorinox Foto Geczain Tovar

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