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Gente que Cuenta

Momo,
por Lucy Gómez

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“…intento relacionarme con los animales… antes de interactuar con sus dueños”.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/

Ayer me volvió a pasar. Me ocurre que intento relacionarme con los animales, especialmente con perros y gatos, antes de interactuar con sus dueños. Y me entiendo, por supuesto, mucho mejor con ellos. Los dueños, casi siempre, me encuentran por lo menos sospechosa.

Llegué a casa, abrí la puerta del edificio y salieron de la primera puerta de la izquierda dos hermosísimos perros, enormes, con los que me he topado alguna vez. Los saludé con un «¡hola!» entusiasta y ya me iba a acercar a al menos pasarles la mano, cuando detrás salió su dueño, con cara seria, casi de pocos amigos. Me miró feroz, yo di un paso atrás e hizo un gesto para que me apartara, una especie de «cuidado», muy antipático él. Los perritos, que son unos pastores alemanes grandotes y adorables, estaban a punto de empezar a juguetear conmigo cuando los apartaron con una orden. Con el rabo entre las piernas, me metí en el ascensor.

Tengo una irresistible atracción, un inmenso amor por los perros y me pasa lo contrario que a las personas que los temen. En lo que los veo, siento un inmenso cariño y deseo de por lo menos pasarles una mano por las orejas.

Y ahora pienso que es gracias a Momo, el primer animalito que tuve, porque después vino Chichita, una morrocoya que no me hacía el menor caso. Pero Momo era lo contrario por lo cariñoso, y eso que tuvo que soportarme mucho porque en esa época, con unos tres o cuatro años, yo vivía bajo la mesa del comedor, jalándole las orejas o el rabo, e intentando a veces montarme encima a caballito.

Todas esas cosas, aquel perro de raza indefinida, peludo, amarillo y con un rabo largo, las soportaba sin alejarse. Jugueteaba conmigo debajo de la mesa, en la escalera, donde fuera. Es mi primera referencia de un animal bello, cariñoso, paciente e inteligente.

Luego tuve a Abend, pero ya tenía niños, quienes la eligieron en un refugio de animales. Mi hija le puso el nombre porque entonces aprendía alemán; la perrita era negra y ella creyó que la palabra significaba «noche» y sí, pero en realidad más bien traduce «atardecer».

Creció y la malcriamos de manera importante. Me volvió a convencer del inmenso lazo que nos une a estos animales que dan alegría, nos protegen, juegan y aprenden con nosotros en un compañerismo de especie que confirmo cada vez que los encuentro. Siempre me cautivan y ellos, hay que decirlo, simpatizan conmigo aunque sus dueños me encuentren sospechosa.

Lucy Gómez
Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años. es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores. lucygomezpontiluis@gmail.com

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