Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 22/3

 

 

 

Hay sonidos que tienen la capacidad de transportarnos a la infancia de un golpe y el «¡Jejeje-jé-je!» del Pájaro Loco es, sin duda, uno de ellos.

Hoy recordamos a su creador, Walter Lantz, quien el 22 de marzo de 1994 se despidió del mundo, dejándonos en herencia a uno de los personajes más anárquicos, divertidos y, por qué no decirlo, desesperantes de la era dorada de la animación.

La historia de cómo nació Woody (su nombre original) parece sacada de uno de sus propios episodios. En 1940, Walter Lantz y su esposa, Grace Stafford, estaban de luna de miel en una cabaña en el Lago Sherwood, California. La paz nupcial se vio interrumpida por un persistente y ruidoso pájaro carpintero que no dejaba de picotear el tejado. Cuando empezó a llover, descubrieron que el ave había hecho agujeros en el techo. Walter, indignado, quería espantarlo, pero Grace, con una visión que valía oro, le sugirió que, en lugar de enojarse, convirtiera a ese «molesto» visitante en un personaje. Así nació Woody: un ser cuya única misión es romper la monotonía y sacar de quicio a los cuerdos.

En sus primeros años el Pájaro Loco era, digamos, poco agraciado: ojos desorbitados, patas gruesas y una conducta «peculiar». Con el tiempo, Lantz fue suavizando su apariencia, pero nunca domesticó del todo su espíritu: seguía siendo ese bichito incómodo que se ríe cuando uno intenta imponer el orden.

Su voz no fue siempre la misma: la risa original fue creada por el legendario Mel Blanc, y cuando este firmó exclusividad con Warner Bros (para Bugs Bunny), Lantz tuvo que buscar un reemplazo. Tras audiciones fallidas, su propia esposa, Grace Stafford, grabó una cinta de forma anónima y Lantz la eligió sin saber que era ella. Grace dio voz al personaje por décadas, aunque inicialmente no quería aparecer en los créditos porque pensaba que «los niños se decepcionarían al saber que Woody era una mujer».

El Pájaro Loco ha aparecido en 196 cortos, en 350 películas de dibujos animados, en 2 modernas de larga duración y posee una estrella en el paseo de la fama de Hollywood. Mafalda, quien no requiere presentación, siempre ha señalado ser su «fan» y pedía que lo premiaran con un Óscar. De hecho, Walter Lantz fue premiado en 1978 por la Academia con una estatuilla de manera honorífica.

Hoy, su creación sigue ahí, recordándonos que un poco de irreverencia y una buena risa son el mejor remedio contra el aburrimiento.