
Torre del sol, avión, 1913
Fuente: https://artvee.com/
Yo no sabía, o a lo mejor sí, y lo tenía guardado en algún rincón de la memoria, pero un avión nunca vuela sobre el agua en línea recta del punto A al punto B. La ruta se define de acuerdo con los lugares donde en caso de emergencia podría hacer un aterrizaje forzoso.
También recordé que los aviones siempre cargan más combustible del que necesitan, unas cuantas horas de más, por si acaso.
Uno tiende a creer que volar es despegar y llegar, pero en realidad todo está lleno de márgenes, de desvíos previstos, de planes B que ojalá no haya que usar. Desde el asiento parece sencillo, pero desde la cabina, no tanto. En todo caso, para nuestro alivio o nuestra ansiedad máxima, mientras estamos a bordo, la responsabilidad no es nuestra.
Me meto por esa calle y me pregunto que si esas son precauciones normales para evitar una catástrofe en el aire, ¿cuáles serían sus equivalentes en la vida diaria, donde sí respondemos directamente?.
Andar por ahí sin ningún tipo de protección, aunque sea la de un paraguas, no parece buena idea, sobre todo porque casi siempre llueve cuando a uno se le olvida. Tampoco conviene ir sin una “gasolinita” de reserva: siempre es mejor tenerla y no necesitarla, que al revés.
¿Y emocionalmente? Bueno… sin ser mucho de dar consejos, yo diría que entra la famosa prudencia. Los brasileños dicen que prudencia y caldo de gallina no le hacen daño a nadie, y yo, mientras más vieja, más de acuerdo.
Claro que, a pesar de las canas a veces se nos olvida y afortunadamente muchas es muy raro que pase algo.
Pero también ocurre lo contrario: uno se cuida, prevé, calcula, lleva paraguas y combustible de sobra… y aun así la tormenta llega. Como si la vida, de vez en cuando, se empeñara en recordarnos que no hay garantías.
A modo de reflexión de comienzo de año, quizá lo más sensato no sea tratar de controlar nada, sino apenas ser un poco prudentes y no sacar demasiado la cabeza por la ventana.
Me parece mejor sentirte que tuviste un problema a pesar de las precauciones, que cargar con el sambenito de que te pasó por insensato. El “se veía venir”, o peor aún “yo te lo dije”, es poco más o menos que insoportable, no importa de dónde venga: si del eterno sabihondo, o peor, de nuestro interior, que es más difícil de callar. Es lo más que se puede hacer, porque de resto no somos dueños de más nada.
Por lo demás, buen viaje a todos… Que cada quien cargue el combustible que pueda, trace los desvíos que le resulten posibles y, si hace falta, encuentre dónde aterrizar.