
Flores en el alféizar de la ventana, (1912-1913)
Fuente: https://www.wikiart.org/
Ese día, no hubo necesidad de regar la planta que con ternura me ofreciste. Era pequeña. Bastaba con ahuecarla entre mis manos y acariciarla para que sintiera el calor en la raíz de su alma. En los días y meses siguientes, una sola palabra y sus hojas tiernas y verdes llenaron de luz las ventanas. Fue asombroso sentir cómo la planta que trajiste, envuelta en ternura, descubría el rincón más pequeño de la casa, y cómo la luna, a pesar de la calle estrecha y ruidosa, descendía roja del cielo y permanecía allí conversando hasta que ambas bostezaron y despertó el amanecer. Entonces, como una larga sombra extendiéndose por la casa, el otoño trajo el silencio que empequeñece el alma de las plantas. La luna, cansada de la calle estrecha y ruidosa, se alejó más hacia el cielo, y las palabras, ventanas de luz, olvidaron la planta que una vez me ofreciste con ternura.