
Esfera armilar de la Escurialense, ca. 1582
Fuente: https://es.wikipedia.org/
Tengo un inquieto sobrino de 9 años que ametralla a mi hermana con preguntas a toda hora y mientras los demás vemos en él a un futuro investigador, ella lo ve como una mosca nacida para molestarla especialmente.
Desde por qué el Sol se oculta, hasta quién dibuja los límites de los países, pasando por el por qué los bebés canguro nunca se caen de la bolsa de sus madres cuando éstas saltan, todo es objeto de la mirada curiosa de mi sobrino y de su exigencia de respuestas.
Lo llevé al Monasterio del Escorial, el refugio de Felipe II, y en la imponente biblioteca, nos dimos cuenta de que los miles de volúmenes resguardados en las vitrinas estaban colocados con los lomos hacia adentro. No había manera de saber ningún título ni imaginar de lo que hablaban. Durante el camino de regreso estuve conversando con una IA esperanzado en que me diera respuestas para tranquilizar al Indiana Jones de la familia.
Aparentemente esa práctica es frecuente en bibliotecas no funcionales, que albergan textos muy antiguos y delicados y en donde no se va a consultar nada. Mi sobrino se sorprendió de que hubiera una biblioteca en la que no se consultaran los libros tal y como él hacía en su escuela, cuando si le interesaba el título, simplemente lo sacaba y lo leía.
Las explicaciones de que eso se hacía para proteger los lomos que generalmente eran obras de arte, o para usar el canto dorado de las páginas como un elemento decorativo o para integrar los cantos de los libros a la arquitectura de las bibliotecas le parecieron insuficientes a mi sobrino y para cuando se lo devolví a mi hermana seguía insatisfecho. A decir verdad, yo también.
─ Felipe II no solo controlaba territorios… controlaba el saber ─ susurraba Manolo ─. Su biblioteca era un símbolo de poder y una fortaleza donde se aseguraba de que nadie tuviera acceso a conocimientos peligrosos y que estos siempre estuvieran en manos de quien merecía tenerlos. Solo sus administradores sabían lo que se ocultaba detrás de esos cantos mudos. Eran secretos aparentemente a la vista.
─ Una visión cuestionable ─ repliqué ─ nadie debe tener el monopolio del conocimiento.
─ Es cierto… el problema es decidir quien merece el conocimiento, pero ¿no es más cuestionable que cualquiera tenga acceso a cómo fabricar una bomba?
Me quedé con la duda hasta que mi hermana me llamó indignada y me advirtió que la próxima vez que saliera con mi sobrino, me quedaría con él una semana entera.