
Fuente: https://stockcake.com/
Como la gente ha seguido insistiéndome, cada vez que me ven con mis perros y gatos, he tenido que volver sobre el tema. No, no, les respondo: no me molesta para nada tener que limpiar sus pelos regados por todos lados, sus necesidades fisiológicas o los desastres que hacen cuando deciden ponerse a jugar con lo que no deben.
A menudo les pregunto a estos impertinentes (porque es lo que me parecen, ya que ellos no me ayudan ni a limpiar ni me dan para la comida de los animales): si usted tuviera un hijo, ¿le molestaría acaso tener que recoger lo que riegan, bañarlos o asearlos? ¿Verdad que no? Y si ya los tiene, sabe mejor que nadie esa respuesta.
Pues, aunque no se me parezcan, ese perro y ese gato que usted ve allí, son mis hijos. Son mis niños peludos, chiquitos y orejones. Los amo como a los hijos que no tengo, y aunque tuviera hijos, también seguiría queriéndolos, porque me dan alegrías que no me dan los humanos (empezando por aquellos que se meten en lo que no les concierne).
Claro, el asunto es que un perro o un gato son y siempre serán niños (y esto lo debe tener muy en cuenta quien decide adoptar una mascota). Actuarán como un bebé de uno o dos años a lo sumo. No saben ni sabrán nunca dónde deben hacer sus cosas y dónde no, qué pueden agarrar y qué no. ¿Es eso un problema? No realmente, no para mí; no me molestan sus locuras. Y si dañaron un objeto, esa cosa me importará menos que ellos, siempre.
Ahora, si usted tuviera un hijo y le dijeran que nunca va a crecer, al menos no mentalmente, sino tal vez solo de tamaño, ¿acaso va a dejar de quererlo, de alimentarlo, de asearlo o de cuidarlo? Preveo que su respuesta será nuevamente no. Lo va a querer, lo va a cuidar, lo va a proteger, sabiendo precisamente eso: que para muchas cosas es y será un niño.
Y para terminar y no ponerme latoso, aunque pueda parecer cruel: si usted tuviera un hijo, y supiera que no va a vivir más de diez, acaso doce, con suerte quince años, ¿no lo amaría mucho más, sin preocuparse por lo que hace?
Es esto lo que me pasa cada vez que veo a mi perro y a mi gato, cuando veo el fondo de sus ojos claros, como dice la canción. No, no los voy a regañar ni a pegarles ni a gritarles por lo que hicieron, porque el tiempo limitado que tengo para compartir con ellos y ellos conmigo quiero que sea solo para retibuirles el amor que me dan.