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Son huertos de hierbas para cocinar y comer. Pueden ser de cualquier tamaño, desde el de la repisa de la cocina, donde apenas caben un par de macetas —una de albahaca y otra de perejil—, hasta el terreno donde se coleccionan decenas de plantas, no solo culinarias, sino también fragantes o medicinales.
No es necesario vivir en el campo para cultivar a lo grande. Están de moda los grandes huertos urbanos en edificios (los rooftops), que escalaron de los balcones a las terrazas y que utilizan hasta los dueños de restaurantes para darle sentido al cultivo de proximidad.
Además de las amas de casa, los precursores de estos jardines fueron los monjes medievales, quienes en sus monasterios cultivaban plantas medicinales y comestibles. Ellos fueron el origen de muchas industrias de licores o condimentos.
Para planear el nuestro, sea del tamaño que sea, hay que conocer el ciclo de vida de estas plantas, entender dónde colocarlas y cuánto nos durarán.
Pueden ser anuales: nacen, crecen, producen semillas y mueren en un año (como la albahaca, el cilantro, el eneldo, el anís, la borraja, el hinojo o la manzanilla). Luego están las bianuales, como el perejil; y las perennes, que siempre ocuparán el lugar donde las coloques, como la lavanda, el romero, el orégano y el cebollín.
También debes controlar la exposición a la luz solar: todas necesitan por lo menos de seis a ocho horas. Por otro lado, no todas prosperan en el mismo tipo de suelo. El estragón, la melisa y el cilantro, por ejemplo, necesitan espacios «ricos», con dos partes de compost o humus y una de tierra de jardín normal o comercial en la maceta. Si trabajas en un terreno, levanta una capa de cinco centímetros de tierra y llénala con humus o compost. En los suelos «medios», la proporción es una cuarta parte de humus o compost, otra cuarta parte de arena y el resto de tierra de jardín; esto es lo mejor para la albahaca, el perejil, la mejorana, el eneldo y el azafrán. Pero hay plantas que necesitan un suelo más bien seco y arenoso, como la lavanda, la salvia, el tomillo, el orégano, el comino o el hinojo. A estas les va bien que el terreno o la maceta contenga una tercera parte de arena, otra de compost y otra de tierra de jardín.