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Twilight zone,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 279c

Twilight zone,
por José Manuel Peláez

Para refugiarnos de un mundo en el que los misterios están perdiendo su encanto, Manolo y yo buscamos películas o series antiguas en las que, aunque toscamente, lo inexplicable sea seductor. Por eso acabábamos de tener una sesión en la que disfrutamos de varios capítulos de la mítica Twilight Zone (Dimensión Desconocida), una serie de culto a la que podíamos regresar con la confianza de encontrar detrás de situaciones, aparentemente normales, lo fantástico, lo extraño o lo inquietante. Terminamos de ver un capítulo llamado Still Life que ponía a la fotografía de personas en el centro de atención y que arrancaba de la siguiente manera:  Alguien descubre una vieja cámara con un rollo que, al ser revelado, muestra a integrantes de lo que parece una expedición. Uno de los fotografiados resu...
Gente que conoces,<br/> por Helena Paneyko
Helena Paneyko, 279c

Gente que conoces,
por Helena Paneyko

Hay personas que nunca han estado frente a ti y, sin embargo, viven contigo desde hace años. Los desconocidos que, de alguna manera, son más conocidos que los propios conocidos. Son los escritores cuyo trazo has seguido como quien sigue un río: libro tras libro, año tras año. Ellos, que han tenido la valentía de desnudar su alma con palabras, te han acompañado en silencios, en noches largas, en dudas y en celebraciones. Te inspiran, te sostienen, te iluminan, te estremecen. Y nunca han escuchado tu voz. Son los actores que encarnan vidas que no son suyas, pero que terminan siendo parte de la tuya. Los pintores que dejan en un lienzo lo que sienten, y tú lo reconoces como si fuera tu propio pulso. Los músicos que jamás han sabido tu nombre, pero han afinado tu ánimo, tu nostalgia, tu ...
El sendero II,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 279c

El sendero II,
por Harold Vas

El sendero I Seguimos las pasarelas que atravesaban la cuenca termal. Bajo nuestros pies, la tierra borboteaba. Había pozas de un azul imposible, costras blancas y franjas amarillas, verdes y anaranjadas que se extendían sobre el suelo como si alguien hubiera derramado una caja de pinturas. El olor a azufre aparecía y desaparecía con el viento. Los niños avanzaban deprisa, deteniéndose ante cada surtidor y cada charco humeante. A veces el vapor los ocultaba por completo y solo podía escuchar sus voces al otro lado de aquella nube tibia. Después reaparecían unos metros más adelante, como si el paisaje los hubiera devuelto. Poco a poco dejamos atrás las aguas termales y entramos en una zona más húmeda, cubierta de sauces y hierba alta. Un arroyo estrecho corría entre los árboles. ...
El mejor regalo,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 279c

El mejor regalo,
por Victorino Muñoz

Al leer un título como este, tal vez pensaría el lector en cuál podría ser ese mejor regalo. A ver, imaginemos, dependiendo de nuestro gusto: quizás sea un libro, una bolígrafo caro, una joya, una prenda de vestir, bombones, flores; o algo menos material, es decir, no un objeto sino quizás una invitación a cenar, un viaje o un paseo… Bueno, sí, todos esos son buenos regalos, y uno los agradece, llegada la ocasión de recibirlos. Pero para mí existe uno que ampliamente supera a estos. Y es que, si yo lo deseo, puedo comprarme ropa, regalarme un libro, invitarme a comer en un buen restaurant, como dice Sinead O´connor en una canción. Sin embargo, hay algo que yo mismo no me puedo dar: escucharme. Tengo para mí que este es el mejor regalo, y no hay que esperar alguna ocasión especial ...
Un pestón,<br/> por Luli Delgado
Luli Delgado, 279c

Un pestón,
por Luli Delgado

ler em português        Lo primero que uno piensa y lo primero que dicen los demás: «bueno, de los males, el menor».Pero ve y despiértate con ese ardor de garganta y el cuerpo en su mayor evidencia, para que veas. Va a durar una semana, va a pasar, no es nada que no se cure; además, a todo el que le cuentes te va a contracontar alguna historia. Que si el té de jengibre con limón, que si el caldo milagroso, que si a la vecina le duró un mes. Todo es verdad, pero mientras la tienes es como si el mundo se fuera a acabar.Los ojos lloran lo que no has llorado en años —los analistas sobre esto siempre tienen su parecer—, y el cuerpo duele como si te hubieran dado la paliza que no recuerdas haber recibido, todo regado con estornudos que estremecen la razón. Por no hablar de la tos, que vale por t...
Te cuento que…<br/> por Suzan Matteo 25/10
Suzan Matteo, 279c

Te cuento que…
por Suzan Matteo 25/10

Hubo un tiempo en que navegar por el océano podía convertirse en una pesadilla. Un capitán podía orientarse por el sol y las estrellas, pero determinar la longitud, es decir, su posición al este o al oeste, era un problema de difícil solución. Y en aquel entonces, equivocarse no era precisamente una anécdota graciosa: un error podía llevarlo a encallar o naufragar. En 1714, el Parlamento británico ofreció hasta 20.000 libras por una solución fiable. Astrónomos y matemáticos se pusieron a hacer cálculos. John Harrison, relojero inglés y autodidacta, pensó que quizá la respuesta estaba en llevar la hora de casa a bordo. La idea era ingeniosa: si el barco conocía la hora exacta de Greenwich y la comparaba con la del lugar donde se encontraba, podía calcular su longitud. Fácil de explica...