Resiliencia, por Getulio Bastardo
Caminaba sobre aquel piso duro y salado. Los pies ya no sentían el ardor quemante del suelo caliente: se había acostumbrado tanto a esa aspereza que la consideraba parte natural del mundo, igual que la sal que se le colaba entre los dedos a pesar del calzado de hilo tejido sobre goma reciclada que usaba.
Para ir a la escuela tenía que atravesar toda la sabana seca, árida, caliente y salada.
Tampoco el sol le quemaba ya. Parecía que su espalda ligeramente encorvada, repelía los rayos incandescentes. Y aun así, no tenía prisa. Su andar era lento, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en el suelo, como si buscara algo perdido; o, más bien, como si buscara aquello que nunca se le perdió.
No tenía edad para cargar con una espalda doblada, de modo que no podía achacar...

