La bruja,
por Getulio Bastardo
Cuando uno oye hablar de una bruja, de inmediato imagina la figura que primero nos vendieron los cuentos infantiles y después la televisión: una anciana de rostro arrugado, cubierta de verrugas, envuelta en harapos negros y rodeada de toda clase de objetos misteriosos, entre los que nunca faltan un caldero humeante, un cuervo y una culebra.
Un familiar me pidió un día que lo acompañara a visitar a su bruja. Según él, aquella mujer poseía poderes extraordinarios: podía escudriñar el pasado y predecir el futuro con absoluta precisión.
Llegamos a una casa de una urbanización popular en los llanos venezolanos. Era una vivienda pequeña, pero cómoda, igual a tantas construidas por los programas gubernamentales. Aquella fue mi primera decepción.
Yo había imaginado que tendríamos que inte...












