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Getulio Bastardo

Fanatismo deportivo,<br/> por Getulio Bastardo
262b, Getulio Bastardo

Fanatismo deportivo,
por Getulio Bastardo

El momento que vive el mundo es propicio para reflexionar sobre la afición desmedida hacia determinadas ideas, personas o actividades. Si nos atenemos al criterio del Diccionario de la Real Academia Española, el fanatismo se define como el «apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias y opiniones, especialmente religiosas o políticas». Dentro de esta definición cabe perfectamente el fanatismo deportivo, aunque la RAE no lo mencione de manera explícita. De hecho, a los seguidores apasionados de un equipo de fútbol o de béisbol se les suele llamar simplemente fans. Recientemente, los aficionados del París Saint-Germain destrozaron parte de su propia ciudad mientras celebraban la obtención del campeonato europeo. ¿Es esto racional? Difícilmente. El fanatismo es, en gran ...
Acumuladores,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 261c

Acumuladores,
por Getulio Bastardo

Los descubrimientos y conocimientos científicos suelen llegar a la humanidad impulsados por una finalidad práctica. Los ejemplos abundan: el láser, concebido inicialmente como una curiosidad física, terminó revolucionando la medicina, las telecomunicaciones y la industria; las microondas, surgidas de investigaciones sobre radares, encontraron su lugar en millones de cocinas alrededor del mundo. Los conocimientos psicológicos no escapan a esta realidad. Conceptos desarrollados en el ámbito académico o clínico terminan incorporándose al lenguaje cotidiano y pasan a formar parte de la cultura popular.Dentro del pensamiento psicoanalítico clásico, se sostiene que el desarrollo psicológico infantil atraviesa diversas etapas: la oral, la anal y la genital, entre otras. Cada una de ellas implica ...
Anatomía patológica,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 259d

Anatomía patológica,
por Getulio Bastardo

Las anécdotas sobre profesores, estudiantes y exámenes son incontables. Sin embargo, recuerdo una en particular porque encierra una enseñanza que considero tanto filosófica como práctica: la importancia de la observación y la atención a los detalles.Comencemos por definir la anatomía patológica. Se trata de la especialidad médica que estudia las alteraciones estructurales, macroscópicas, microscópicas y moleculares producidas por las enfermedades en las células, los tejidos y los órganos. Su finalidad es establecer diagnósticos, comprender los mecanismos de la enfermedad y orientar el tratamiento de los pacientes.En la entrada del anfiteatro de Anatomía Patológica del antiguo Hospital Los Andes, en Mérida, había una inscripción en latín grabada sobre el arco de la puerta. El texto decía:Hi...
Fotos artificiales,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 258d

Fotos artificiales,
por Getulio Bastardo

Hay pintores que pintan retratos; otros pintan espíritus. Con sus trazos plasman no solo el rostro, sino también el carácter de quien tienen delante. Hace algunos años, cuando estudiábamos medicina, teníamos excelentes profesores. Eran verdaderos maestros. Entre ellos destacaba uno por su sabiduría, su oratoria y esa rara capacidad de explicar lo complejo con aparente facilidad. Sus clases eran cualquier cosa menos aburridas, a pesar de la distancia emocional que mantenía con los alumnos. Era un hombre alto y delgado, de porte erguido, muy serio, con apellido y fenotipo nórdicos. Cuando termina una clase o una conferencia, suele ocurrir que un grupo de asistentes —sea público general o estudiantes— se acerca al expositor para comentar algo o expresar una opinión que por pena o tim...
Química del pensamiento,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 255c

Química del pensamiento,
por Getulio Bastardo

¿Alguna vez se han preguntado cómo logra el cerebro cumplir con todas sus funciones? Algunas parecen elementales, como el reflejo rotuliano: ese movimiento involuntario en el que el médico, con un pequeño martillo de goma, da un golpecito en la rodilla y nos hace levantar la pierna. En este proceso interviene un arco reflejo simple, donde la señal viaja de una neurona sensorial a una neurona motora. Sin embargo, la complejidad aumenta cuando entramos en el terreno de las emociones. Cuando un hecho triste asalta la memoria, el rostro se ensombrece, el corazón se acongoja y puede brotar una lágrima. Por el contrario, un recuerdo alegre nos ilumina con una sonrisa espontánea. En estos casos, ya no hablamos de un circuito simple, sino de redes de miles de neuronas interconectadas y estru...
¿Impulsividad o inconsciente?,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 254b

¿Impulsividad o inconsciente?,
por Getulio Bastardo

¿Por qué nos enfermamos? El choque entre nuestra biología y la sociedad Desde la perspectiva del psicoanálisis, la vida humana es un tira y afloja constante. Por un lado, tenemos al Ello, ese "motor" interno cargado de deseos primitivos que solo busca el placer inmediato. Por otro, está el Superyo, que es básicamente la voz de la cultura, las normas y los "deberías" que la sociedad nos impone. En medio de este fuego cruzado queda el Yo, que intenta ser el mediador. El problema es que, para encajar en la sociedad y cumplir con las normas, el Yo suele terminar sacrificando nuestros deseos más auténticos. Esta represión constante nos deja agotados, angustiados y, en última instancia, abre la puerta a la neurosis: terminamos enfermando nuestra mente para poder convivir con los demás. ...
Cerebro triuno,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 253b

Cerebro triuno,
por Getulio Bastardo

En la escuela nos enseñaron que el ser humano tenía cabeza, cuerpo y extremidades, en el liceo añadieron que el cerebro tenía dos hemisferios y que cada uno de ellos tenía varios lóbulos, luego en los años 60 el neurocientífico Paul MacLean  sugiere que el cerebro humano no es una estructura única, sino un conjunto de tres sistemas que evolucionaron en etapas distintas. La propuesta de Paul MacLean sobre el “cerebro triuno” ha sido muy influyente para comprender, de forma didáctica, cómo reaccionamos ante el mundo. Aunque hoy la neurociencia considera que el cerebro funciona como una red integrada más compleja que tres sistemas separados, este modelo sigue siendo útil como metáfora clínica y educativa. El llamado cerebro reptiliano representa nuestras respuestas más automáticas. Ante...
Bajo costo,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 250c

Bajo costo,
por Getulio Bastardo

En aquellos días luminosos de mi juventud, cuando por primera vez comencé a volar, comprar un pasaje significaba algo simple y completo: adquirir el derecho a viajar. No había letra pequeña ni sorpresas de último momento. En ese boleto venía todo incluido, como si el viaje fuese una promesa íntegra: el asiento —no cualquiera, sino uno asignado con dignidad—, el equipaje de mano, la maleta en cabina y la de bodega. Y durante el vuelo, como un gesto casi ceremonial, nos ofrecían bocadillos, café, refrescos, algún licor y, por supuesto, agua, sin que nadie tuviera que sacar la billetera a mitad del cielo. Tampoco existía esa ansiedad moderna de imprimir documentos o mostrar códigos en pantallas. El pasaje era un objeto tangible, casi entrañable: un cuadernillo de hojas coloridas que se iba...
Béisbol, por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 249b

Béisbol, por Getulio Bastardo

No me hice fanático del béisbol en la juventud, ni siquiera en la adolescencia. Mi vínculo con ese juego nació mucho antes, en la niñez, cuando comencé a seguir a los Leones del Caracas. Los juegos los escuchábamos por la radio; la televisión aún no se había inventado o, al menos, no había llegado a popularizarse entre nosotros. Tenía doce años cuando ocurrió algo que quedó grabado para siempre en mi memoria: el primer juego sin hits ni carreras en la historia de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Lo lanzó el zurdo estadounidense Lenny Yochim, de los Leones del Caracas, el 8 de diciembre de 1955, frente al Magallanes. “En el estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria”, repetían los locutores con solemnidad. El marcador final fue 3-0. Nunca lo olvidé. La segunda gran alegr...
Espejos,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 239c

Espejos,
por Getulio Bastardo

He decidido no cortarme más el pelo. Es una determinación que venía rondando mi cabeza desde hace muchos años, desde mucho antes de salir de Venezuela, cuando aún no sabía que el exilio también podía instalarse en el cuerpo. No es una decisión estética ni un gesto de rebeldía tardía. Tampoco tiene que ver con la vanidad de quien intenta disimular la calvicie dejando crecer unas pocas mechas para engañar al cuero cabelludo desnudo. Nada de eso.La razón es más simple y, al mismo tiempo, más honda. Tiene que ver con un principio filosófico tan antiguo como incómodo: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y eso es, precisamente, lo que observo a diario. Personas —muchas— con la realidad plantada frente a los ojos que, aun así, prefieren girar la cabeza, mirar hacia otro lado o, en el colm...
Redes sociales,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 238c

Redes sociales,
por Getulio Bastardo

Antes de la era de Internet y de las redes sociales, las opiniones tenían un territorio acotado: la plaza, la esquina, la mesa gastada de un bar. Allí se reunían los contertulios a ensayar sus verdades, a veces con vehemencia, a veces con furia, pero siempre dentro de un círculo limitado. Las discusiones podían ser ásperas, incluso violentas en palabras, pero morían allí, en ese espacio donde aún era posible reconocer el rostro del otro. Hoy, en cambio, la palabra se ha vuelto errante y desbordada. Las discusiones ya no pertenecen a nadie y, sin embargo, hieren a todos. Se libran en plazas invisibles y entre desconocidos que se atacan como si se conocieran de toda la vida. La polémica se vuelve personal sin historia compartida, y la opinión —despojada de contexto— se transforma en juici...
Rojita,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 237b

Rojita,
por Getulio Bastardo

El aire estaba impregnado de trabajo: los olores se mezclaban con los ruidos. Cada hombre en su faena; las chanzas se confundían con las órdenes, y los gritos de advertencia con las carcajadas. El campo estaba vivo. Veinte hombres trabajando en el trapiche lo confirmaban y, al final del día, podían verse los frutos del esfuerzo: los conos de azúcar morena descansaban sobre toscos tinglados de madera, alineados tal cuerpos en reposo. Uno de esos hombres era “Rojita”, moreno como los demás, alegre, dueño de una risa fácil y de una voz que por las noches se volvía relato. Después de la cena, cuando el cansancio aflojaba la lengua, contaba historias. Cada noche surgía una distinta, y todas encontraban oyentes. Con el tiempo, Rojita terminó siendo una de esas historias como parte del lugar, ...