El Marino III,
por Getulio Bastardo
El marino I
El marino II
Durante el breve recorrido casi no hablaron. Ella, siempre sonriente, le preguntaba por su oficio: —¿Dónde has estado con tu barco? ¿Qué países y puertos conociste? ¿Cómo es la vida a bordo? ¿Cuánto tiempo pasan en el mar y cuánto en tierra? ¿De qué parte del país eres?
El marino respondía con evasivas, no por timidez, sino porque aún no se recuperaba del susto del hombre de blanco.
Ella advirtió su turbación en la cortedad de sus palabras. Detuvo la moto, giró y lo miró de frente: —Tienes cara de asustado, como si hubieras visto un fantasma. Estás pálido.
Él le sostuvo la mirada sin atreverse a confesar la verdad: que sí estaba asustado y que sí creía haber visto un fantasma. Tampoco quiso negarlo. Se excusó diciendo que estaba exhausto y preocupado por el ca...












