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Getulio Bastardo

El Marino III,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 275c

El Marino III,
por Getulio Bastardo

El marino I El marino II Durante el breve recorrido casi no hablaron. Ella, siempre sonriente, le preguntaba por su oficio: —¿Dónde has estado con tu barco? ¿Qué países y puertos conociste? ¿Cómo es la vida a bordo? ¿Cuánto tiempo pasan en el mar y cuánto en tierra? ¿De qué parte del país eres? El marino respondía con evasivas, no por timidez, sino porque aún no se recuperaba del susto del hombre de blanco. Ella advirtió su turbación en la cortedad de sus palabras. Detuvo la moto, giró y lo miró de frente: —Tienes cara de asustado, como si hubieras visto un fantasma. Estás pálido. Él le sostuvo la mirada sin atreverse a confesar la verdad: que sí estaba asustado y que sí creía haber visto un fantasma. Tampoco quiso negarlo. Se excusó diciendo que estaba exhausto y preocupado por el ca...
El marino (II),<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 274d

El marino (II),
por Getulio Bastardo

Continuación de El marino INo tenía otra opción más que caminar.Ya la noche estaba casi completamente cerrada.No era un hombre temeroso pero los recuerdos de las leyendas, cuentos o mitos que se habían tejido alrededor de la carretera le provocaron cierta aprehensiónEl camino estaba recién enderezado y asfaltado. Cada cierto tramo se veía al borde de la carretera una cruz en señal de la muerte accidental de algún paisano.Cuando menos lo esperaba, se vió acompañado de otro caminante, era un hombre moreno alto, vestido de blanco, incluso su sombrero era de ese color.Se dio cuenta de su presencia al volver la mirada hacia el frente después de haber estado extasiado un rato, viendo cómo la luna llena emergía del mar.Con el rabillo del ojo lo vio y volteó completamente el cuello hasta mirarlo d...
El marino,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 273b

El marino,
por Getulio Bastardo

 El buque insignia de la Escuela Naval de la República estaba anclado en El Peñón. Zarparía a las 18:00 horas rumbo a otro destino en las costas del país.Los marinos que habían estado de permiso fueron llegando uno a uno.René llegó retardado. Tan retardado, que desde el pequeño muelle vio alejarse la embarcación, que ya comenzaba a difuminarse en el horizonte claroscuro.Conocía de memoria la bitácora del barco y decidió encontrarse con él en el próximo puerto.Conocía la ruta por tierra. Más de una vez la había transitado en colectivos y, como era un tipo valiente y voluntarioso, emprendió el camino para encontrarse con su cuartel marino.Llegó hasta la carretera. El tránsito no era mucho y, cada vez que pasaba un automóvil, sacaba el brazo para pedir que se detuviera. Ninguno lo hizo. Y le ...
Vivir solo,<br/>por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 272b

Vivir solo,
por Getulio Bastardo

Durante mucho tiempo alimenté la fantasía de vivir solo. Cuando me imaginaba envejeciendo, no me veía en una habitación estrecha con su baño adjunto, ni tampoco en un pequeño apartamento de un solo ambiente. No: la escena siempre transcurría en una cabaña frente al mar o a la orilla de un río. Un refugio apacible donde yo existiría en absoluta independencia, dedicado por entero a la lectura y la escritura. En la arquitectura ideal de aquel miniparaíso no había espacio para pensar en la cotidianidad: pasaba por alto los servicios de lavandería, la preparación de las comidas o el mantenimiento diario del hogar. Con el tiempo caí en la cuenta de un pequeño pero crucial detalle: jamás aprendí a cocinar. A lo sumo, mi alcance culinario se limita a un par de huevos revueltos y unas rebanadas ...
Niño feliz,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 270b

Niño feliz,
por Getulio Bastardo

¿Cómo se definiría actualmente a un «niño feliz»?Si pensamos en los niños con mayor exposición mediática —como los hijos de Messi, Cristiano Ronaldo, Beckham o, en su momento, los príncipes Guillermo y Enrique, hijos de Diana y Carlos de Inglaterra—, es evidente que no solo no les falta nada, sino que les sobra de todo. De la planificación de su alimentación probablemente se encarga un nutricionista, y un chef profesional la ejecuta. Su ropa y calzado provienen, sin duda, de reconocidos diseñadores. Y sobre sus juguetes, ¿qué más se podría añadir?Sin embargo, nada de eso responde a la pregunta inicial.Permítanme intentar responderla (me despacho y me doy el vuelto):Existen padres que abarrotan la habitación de sus hijos con juguetes que solo llaman la atención mientras son novedad, lo que ...
Buhoneros,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 269c

Buhoneros,
por Getulio Bastardo

Mi amigo cree, y yo también, que las personas que venden cosas en las aceras de las calles —y que en algunos países, como en Venezuela, se llaman buhoneros— viven al día.Él dice que esas personas producen diariamente lo suficiente para cubrir sus gastos: temprano en la mañana, con la primera venta, se desayunan; con las siguientes, almuerzan, y a veces les alcanza para cenar.Claro que ese mismo día, o en los siguientes, tienen que pagar a los proveedores, los servicios, la ropa y el calzado; y los más valientes, hasta los colegios.Ahora comprendo a una paciente que una vez me dijo:—¿Usted no sabe lo terrible que es ser buhonera?Y yo agregaría: en el trópico es peor.La referencia viene a cuento porque este amigo es un profesional universitario emigrado, con una vasta experiencia en su profe...
La bruja,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 268b

La bruja,
por Getulio Bastardo

Cuando uno oye hablar de una bruja, de inmediato imagina la figura que primero nos vendieron los cuentos infantiles y después la televisión: una anciana de rostro arrugado, cubierta de verrugas, envuelta en harapos negros y rodeada de toda clase de objetos misteriosos, entre los que nunca faltan un caldero humeante, un cuervo y una culebra. Un familiar me pidió un día que lo acompañara a visitar a su bruja. Según él, aquella mujer poseía poderes extraordinarios: podía escudriñar el pasado y predecir el futuro con absoluta precisión. Llegamos a una casa de una urbanización popular en los llanos venezolanos. Era una vivienda pequeña, pero cómoda, igual a tantas construidas por los programas gubernamentales. Aquella fue mi primera decepción. Yo había imaginado que tendríamos que inte...
El eco,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 267c

El eco,
por Getulio Bastardo

Aún no eran las seis de la tarde. El sol, ya inclinado hacia el horizonte, teñía la superficie del océano de amarillos, anaranjados y rojos, convirtiendo aquella hora crepuscular en un espectáculo de una belleza casi poética.Un automóvil del último año, provisto de todas las comodidades y la tecnología que la época permitía, se detuvo en una explanada junto a la carretera. Desde allí se divisaba una extraña formación rocosa que ningún viajero se atrevía a visitar. Se levantaba entre dos cerros que formaban una honda quebrada.El conductor del vehículo era el mismo hombre que, muchos años atrás, recorría aquellos parajes en un humilde bote de remos. Ahora transitaba por el antiguo camino de mulas, recientemente rectificado y asfaltado. El paisaje había cambiado; él también. Sin embargo, cier...
Cayetanito II, por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 266a

Cayetanito II, por Getulio Bastardo

Las mulas llegaron solas al caserío. Conocían el camino de tanto recorrerlo junto a su amo. Al principio la gente se extrañó; después, al verlas sin el comerciante, la inquietud dio paso a la alarma. Se organizó de inmediato una partida de búsqueda que decidió seguir el mismo sendero por donde habían regresado los animales. Todos conocían a aquel comerciante honrado que iba y venía de pueblo en pueblo con su recua de mulas, recorriendo la costa para vender mercancías. Algunas eran importadas: finos algodones, sedas y linos. Otras las adquiría en el campo y luego las revendía en los caseríos. No vivía allí; era un hombre de caminos. Había una trocha que atravesaba la tierra árida y reseca, uniendo el caserío con el pueblo más cercano. En un recodo del camino lo encontraron tendido sob...
Cayetanito, por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 265a

Cayetanito, por Getulio Bastardo

Decían que aquel hombre estaba cruzado; que ninguna brujería ni maleficio podía hacerle daño. Unos aseguraban que tenía un pacto con un muerto; otros, más exagerados, afirmaban que una bruja lo protegía. Su padre, entre bromas y temores, solía llamarlo Fausto.Un bote de madera, de los que abundaban en aquella costa de pescadores, entró lentamente en la bahía conocida por la profundidad de sus aguas y la estrechez de su playa.La pequeña embarcación avanzaba sobre un mar sereno que contrastaba con los pensamientos cargados de incertidumbre del hombre que lo navegaba. Los movimientos rítmicos y constantes imprimían a cada palada una fuerza regular, casi incansable. La pesca era su oficio; el bote, su medio de transporte y también su herramienta de trabajo.Al aproximarse a la orilla, dejó desc...
Dos disparos,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 264c

Dos disparos,
por Getulio Bastardo

Todo el mundo lo escuchó. Era época de cosecha, tiempo de faena. La hacienda hervía de actividad. Decenas de peones servían al patrón: unos trabajaban en los cañaverales, cortando, limpiando y amontonando la caña para llevarla luego al trapiche; otros se afanaban alrededor del molino. El trapiche era un verdadero frenesí. Por encima del estruendo del motor que movía las mazas encargadas de triturar los tallos y extraerles el jugo, sobresalían los gritos de los obreros, las órdenes del maestro mielero, los gruñidos de quienes obedecían a regañadientes, las risas —y hasta las carcajadas— de algún bromista, mezcladas con el rebuzno de un asno, cansado o quizá simplemente aburrido. De pronto, todo aquel trajín se detuvo. Dos disparos, uno inmediatamente después del otro, rasgaron el a...
Fanatismo deportivo,<br/> por Getulio Bastardo
262b, Getulio Bastardo

Fanatismo deportivo,
por Getulio Bastardo

El momento que vive el mundo es propicio para reflexionar sobre la afición desmedida hacia determinadas ideas, personas o actividades. Si nos atenemos al criterio del Diccionario de la Real Academia Española, el fanatismo se define como el «apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias y opiniones, especialmente religiosas o políticas». Dentro de esta definición cabe perfectamente el fanatismo deportivo, aunque la RAE no lo mencione de manera explícita. De hecho, a los seguidores apasionados de un equipo de fútbol o de béisbol se les suele llamar simplemente fans.Recientemente, los aficionados del París Saint-Germain destrozaron parte de su propia ciudad mientras celebraban la obtención del campeonato europeo. ¿Es esto racional? Difícilmente. El fanatismo es, en gran medi...