Gitanos,
por Luli Delgado
ler em português Los gitanos de mi infancia venezolana eran simplemente lugares comunes. Gente que usaba argollas doradas, leía las cartas, tocaba panderetas y danzaba alrededor del fuego. Junto con los vaqueros, piratas y caperucitas rojas, inspiraban todos los años nuestros disfraces de Carnaval, pero hasta ahí.Años más tarde, ya viviendo en Brasil, vi un grupo de lo que me parecieron gitanos sentados en una acera. Una de las mujeres tenía en su regazo una niña preciosa de más o menos dos años. Yo no sé de dónde me salió el impulso, pero sin más le dije que si me la daba, yo la criaba. Ella se me quedó viendo extrañada y me respondió: “yo no tendría coraje, señora”. En ese momento me di cuenta de que lo que acababa de proponerle era un perfecto disparate y que, después de todo, si...






