Algo cambió en mí,
por Ricardo Báez
Ya no veo lo maquinal en esas presencias que antes daba por resueltas. Donde creía encontrar repetición, ahora percibo una forma de atención; donde suponía reflejo, comienzo a intuir decisión. No sabría decir en qué momento ocurrió ese desplazamiento, pero desde entonces el mundo parece menos predecible y, al mismo tiempo, más vivo.
Es como si la inteligencia no estuviera concentrada, ni jerarquizada, ni reservada a unos pocos, sino desparramada: distribuida en gestos mínimos, en trayectorias casi invisibles, en respuestas que no necesitan explicarse para ser eficaces.
Y eso me maravilla.
Pero también me inquieta.
Porque si la inteligencia está ahí, en lo que antes consideraba automático, entonces mis categorías eran demasiado estrechas. Y si eran estrechas, ¿cuántas cosas más ...




