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Gente que Cuenta

Editorial

Buenos días y buen domingo a todos. Inauguramos el último trimestre de 2026 con una nueva entrega preparada por la gente que cuenta.

En esta oportunidad, abrimos con José Manuel Peláez con un relato que probablemente sentirán como algo propio: es sobre cosas que cada quien guarda en su casa porque conservan la huella de momentos que solamente tienen valor para su dueño. Pasen revista para que vean.

Seguimos con Alfredo Behrens y una sesión espiritual en un terreiro de macumba, donde los espíritus encuentran su camino de expresión. Luli Delgado una vez más le agradece a los portugueses su manera tan especial de ser, mientras Jeraige Reinoso nos habla del colágeno y Lucy Gómez nos cuenta de sus aventuras por el sistema ferroviario español. Ensalada total de temas, pero seguro les va a gustar.

Sigamos.

Al contrario de tanta gente que se las da de refinada y de modales exquisitos, Victorino Muñoz se confiesa una persona básica. Usa un solo tenedor para todo tipo de comida, no entiende ni de ballet ni de ópera, y, lo más importante, no siente ningún escrúpulo en admitirlo.

Mientras tanto, Getulio Bastardo llega a la última entrega de su relato El Marino. Como en las veces anteriores, les dejamos el enlace de cada una de las otras entregas para que relean o se pongan al día.

Dejamos por último, pero no menos importante, dos testimonios de creencias que existen o existieron en otros lugares. Una es la de las muñecas quitapenas guatemaltecas, pensadas originalmente para las niñas pero que hoy en día son de uso común para librarnos de los pesares. Su autora, Helena Paneyko, a partir de esta edición se incorpora al grupo de la gente que cuenta. Sea bienvenida. La otra es la figura del comepecados que nos trae Suzan Matteo. Existió en Inglaterra y Gales hasta 1906, fecha en que murió la última persona dedicada a este oficio. Consistía, tal como su nombre lo indica, en comerse los pecados de quien muriera, a cambio de unas monedas, pan y cerveza. Lo que nos parece que no llegó a suceder es que alguien se haya comido los suyos cuando falleció. 

Si hasta la mitad de las páginas advertimos que esta edición era una verdadera ensalada, ahora parecería que está plenamente justificado nuestro parecer.

Además, les traemos un nuevo mensaje de Tarot del Mundo de Clara, un Ahorcado que Angélica Tovar les preparó y nuestra sección de Cartas a la gente que cuenta.

Como de costumbre, dejamos a su disposición nuestro Newsletter para que se inscriban y reciban El Atril directamente en sus correos electrónicos, así como nuestra dirección contacto@atril.press para que nos hagan llegar sus comentarios y sugerencias.

Esta semana los dejamos con la obra Casa solariega de Körtvélyes. Es de 1907 y obra del pintor húngaro József Rippl-Rónai. Sobre su nombre les dejamos un enlace con su biografía.

Con esto nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro, no sin antes reiterarles que es un placer recibirlos y que agradecemos la visita de cada uno de ustedes, que el tiempo ha convertido en habitués de la casa, cosa que realmente nos encanta.

Una buena semana para todos y un saludo muy especial.

La gente que cuenta

Jozsef Rippl Ronai Atril press
József Rippl-Rónai,
Casa solariega de Körtvélyes, 1907
Fuente: https://www.wikiart.org/

Buenos días y buen domingo a todos. Inauguramos el último trimestre de 2026 con una nueva entrega preparada por la gente que cuenta.

Abrimos con José Manuel Peláez y un relato que probablemente sentirán como propio: es sobre esos objetos que guardamos en casa porque conservan la huella de momentos que solo valen para su dueño. Pasen y vean.

Seguimos con Alfredo Behrens y una sesión espiritual en un terreiro de macumba, donde los espíritus encuentran su camino de expresión. Luli Delgado, una vez más, le agradece a los portugueses su manera tan especial de ser; Jeraige Reinoso nos habla del colágeno y Lucy Gómez nos cuenta sus aventuras por el sistema ferroviario español. Ensalada total de temas, pero seguro les va a gustar.

Sigamos.

Al contrario de tanta gente que se las da de refinada y de modales exquisitos, Victorino Muñoz se confiesa una persona básica. Usa un solo tenedor para todo tipo de comida, no entiende de ballet ni de ópera y, lo más importante, no siente ningún escrúpulo en admitirlo.

Entre tanto, Getulio Bastardo llega a la última entrega de su relato El Marino. Como en las veces anteriores, les dejamos el enlace de cada una de las anteriores para que relean o se pongan al día.

Y para cerrar, dos testimonios de creencias de otras latitudes. La primera es la de las muñecas quitapenas guatemaltecas, de la mano de Helena Paneyko, quien a partir de esta edición se incorpora al grupo de la gente que cuenta. La otra es la figura del comepecados, que existió en Inglaterra y Gales hasta 1906, año en que murió la última persona dedicada a este oficio. Consistía, tal como su nombre lo indica, en comerse los pecados de quien muriera a cambio de unas monedas, pan y cerveza. Lo que dudamos que haya ocurrido es que alguien se haya comido los suyos cuando le tocó el turno.

Además, les traemos un nuevo mensaje de Tarot del Mundo de Clara, un Ahorcado que Angélica Tovar les preparó y nuestra sección de Cartas a la gente que cuenta.

Como de costumbre, dejamos a su disposición nuestro newsletter para recibir El Atril directamente en sus correos electrónicos, así como nuestra dirección contacto@atril.press para que nos hagan llegar sus valiosos comentarios y sugerencias.

Esta semana los dejamos con la obra Casa solariega de Körtvélyes, de 1907, del pintor húngaro József Rippl-Rónai. Sobre el autor les dejamos un enlace con su biografía.

Con esto nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro, no sin antes reiterarles que es un placer recibirlos y que agradecemos la visita de cada uno de ustedes, que con el tiempo los ha convertido en habitués de la casa, cosa que realmente nos encanta.

Una buena semana para todos y un saludo muy especial.

La gente que cuenta