
Francia, posiblemente Amiens, entre 1300 y 1310.
Fuente: https://ica.themorgan.org/
Aunque entiendo las dificultades de todo editor ya sea de periódico, de libros o de programas de televisión, no me gusta cuando me exigen cambiar lo que escribo. Supongo que hay algo de mi narcisismo de por medio, pero también está en juego mi propia estima acerca de lo que quiero decir exactamente. Es una pelea vieja que he sostenido en muchas ocasiones y que a veces gano y otras pierdo, aunque cada vez con mayor gracia. Pero sigue sin gustarme.
El asunto había llegado a un enfrentamiento feroz con la terquedad de X (mi verdugo de turno y cuya identidad prefiero mantener oculta) empeñado en eliminar de mi texto un ejemplo que, según su criterio, no venía al caso y distraía la lectura de su idea principal.
Rumiaba yo mi dolor delante de Manolo con la esperanza de que él me diera más argumentos para seguir molesto (en esta oportunidad no había encajado la derrota con ninguna gracia) y para eso había encontrado un argumento casi perfecto que enmascarara mi ego herido.
─ Lo que más me molesta ─ le decía a Manolo ─ es la contradicción.
─ ¿Cuál contradicción?
─ X es admirable. Ha levantado su empresa a pulso, trabaja de sol a sol, lucha y vence los obstáculos que encuentra en su camino y para mí es, casi siempre, un ejemplo de perseverancia… menos cuando se pone terco.
─ ¿Cuál contradicción? ─ repitió Manolo.
─ Vamos a ver: el perseverante está motivado por el deseo de lograr algo por muy difícil que sea, es capaz de cambiar de estrategia porque atiende nuevas informaciones y por eso avanza ¿Estás de acuerdo?
─ Ciento por ciento.
─ El terco ─ continué con mi ataque ─ está motivado por el miedo a no tener razón, no es capaz de cambiar, no escucha, sigue porque no puede hacer otra cosa y el resultado es que se estanca ¿cierto o falso?
─ Ciento por ciento cierto ─ Manolo parecía el eco de una cueva.
─ Entonces ser perseverante y terco es una contradicción.
Y aquí fue donde Manolo no me siguió dando la razón. Según él, la perseverancia es una virtud que puede convertirse en terquedad cuando, por circunstancias o por tocar puntos demasiado sensibles de las personas, se deja de hacer la pregunta acerca del porqué actúo o hablo. Yo había expuesto las diferencias entre el terco y el perseverante, pero…
─ No hay contradicción, dentro de cualquiera vive un perseverante y un terco. Siempre deberíamos preocuparnos cuál domina… ¿empeñarse o perseverar?… that is the question.