Gente que Cuenta

¡Gran oportunidad!,
por José Manuel Peláez

Ernst Ludwig Kirchner Atril press
Ernst Kirchner 1880-1938,
Figura en el trampolín
Fuente: https://artvee.com/

La frase de “hay que sentar cabeza” siempre me ha parecido disonante. Como si quisiera decir que una cabeza sentada piensa mejor que otra en movimiento. La entiendo en el sentido de que en algún momento hay que enfocarse y poner todas nuestras habilidades al servicio de un propósito, pero la frase sigue sin gustarme. Y, aun así, la pensé cuando mi jefe me propuso un trabajo con mejor sueldo, mayores beneficios y condiciones más cómodas. Quizás era el momento de “sentar cabeza”. Lo malo es que el trabajo era en un lugar ajeno a mí y muy lejos de mis querencias y mi idioma.

Tenía dos días para decidir.

─ ¡Qué gran oportunidad! ─ clamó Manolo cuando se lo estaba contando.

─ Pero si no sabes ningún detalle, Manolo… ¿gran oportunidad de qué?

─ De equivocarte.

Del discurso con el que continuó Manolo, deduje que estaba cambiando su hábito de hablar poco y de forma precisa. Tuve que escuchar una encendida narración según la cual equivocarse encierra un tesoro que pasa por varias etapas: primero tienes que tomar una decisión porque ya no queda trampolín y o saltas o te devuelves, lo que es una deshonra. Entonces… saltas, con los ojos cerrados vas cayendo, chocas con el agua helada, te hundes y braceas enérgicamente hacia la superficie para respirar. Enseguida piensas que has cometido un error y que si no hubieras saltado estarías más calentito.

─ No te estoy entendiendo mucho, Manolo.

Y siguió con la etapa de la aceptación de que ya no había remedio, y que de nada servía arrepentirse.

─ El arrepentimiento es el cloroformo del carácter ─ pontificó ─ por eso te das cuenta de que solo te queda flotar y nadar y comienzas a hacerlo y… poco a poco te va gustando. Brazada… brazada… brazada… respiras, el agua te acaricia cada vez con más cariño hasta que descubres que no importa si te equivocas, lo que importa es lo que haces después.

─ ¿Y si no le encuentro el gusto a nadar y me salgo de la piscina? ─ dije desafiante.

─ Sería maravilloso porque vas a descubrir que fuera de la piscina solo hay caminos que conducen a otros trampolines donde siempre encontrarás el mismo miedo a equivocarte… hasta que lo pierdas.

A fin de cuentas, equivocarse no era el problema, según Manolo, sino dejar de buscar lo bueno en la equivocación porque lo único que no tiene recompensa es no hacer nada.

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José Manuel Peláez Profesor universitario de Literatura del Renacimiento y Teatro Contemporáneo. Escritor de ficción para cine, televisión y literatura, especialmente policial. Sus novelas “Por poco lo logro” y “Serpientes en el jardín” se consiguen en Amazon. Ha creado y dirigido Diplomados de Literatura Creativa y de Guion audiovisual en la Universidad Metropolitana de Caracas. Actualmente mantiene un programa de cursos virtuales relacionados siempre con la Narrativa en todas sus formas. josemanuel.pelaez@gmail.com

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