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Gente que Cuenta

La reunión,
por Alfredo Behrens

Edvard Munch Atril press
Edvard Munch,
Junto al lecho de muerte, 1893
Fuente: https://www.wikiart.org/

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        El aire en la habitación 412 se había vuelto tenue, ese tipo de silencio pesado y expectante que se acumula alrededor de un pulso que se apaga. Arturo yacía reclinado contra las almohadas, con una respiración débil y entrecortada. A su lado, su hija, Clara, le sostenía la mano encallecida, con la piel alrededor de los ojos irritada por días de constante vela.

—¿Papá? —susurró ella, apretándole los dedos.

Arturo no se giró hacia ella. Sus ojos azul claro estaban fijos en el rincón vacío cerca de la ventana, donde el sol de la tarde cortaba el piso de madera en una diagonal brillante. Una leve y lenta sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.

—Llegas tarde, Pedro —murmuró Arturo, con una voz sorprendentemente clara, aunque no más alta que el murmullo de las hojas secas—. Te dije que el puente estaba caído.

Clara se tensó. Pedro era su tío: el hermano mayor de Arturo, que se había ahogado en el río hacía cincuenta años.

—Papá, solo estoy yo —dijo Clara suavemente, sintiendo cómo las habituales palabras de consuelo se le atoraban en la garganta. Pero mientras hablaba, la temperatura de la habitación cayó drásticamente. Un frío que nada tenía que ver con el termostato se le asentó sobre los hombros. Los vellos de sus brazos se erizaron, no por miedo, sino por una presión repentina e inconfundible en el ambiente: como entrar a una habitación llena de gente donde todos han dejado de hablar de pronto para escuchar.

Arturo comenzó a asentir, moviendo la mirada del rincón hacia el pie de la cama. —Lo sé, Marta —se rio entre dientes, dirigiéndose al aire vacío donde la madre de Clara solía sentarse décadas atrás—. Guardé los rojos para ti. Están en el porche.

Clara miró hacia el espacio vacío. Sus ojos solo veían el aire polvoriento y el equipo médico, pero su pecho se apretó con un peso profundo e innegable. El aire se sentía denso, cargado de una presencia suave y vibrante. No era un fantasma solitario; se sentía como una reunión. El espacio alrededor de la cama parecía ocupado, lleno del calor de personas acercándose, inclinándose, esperando para darle la bienvenida a alguien que vuelve a casa.

—Están todos aquí, ¿verdad? —susurró Clara, mientras se le derramaban las lágrimas.

Arturo exhaló un largo y pacífico suspiro, y sus dedos se relajaron entre los de ella. La habitación se sintió de pronto más ligera, vacía otra vez, dejando atrás únicamente la quietud de una vida consumada.

Alfredo Behrens Atril press
Alfredo Behrens es PhD por la Universidad de Cambridge, ha sido profesor de Liderazgo para grandes escuelas de negocios y publicó o fue premiado por las universidades de Harvard, Princeton y Stanford. Tiene cuatro hijas, y con su mujer Luli Delgado vive en Oporto, Portugal, desde 2018. Algunos de sus libros pueden ser comprados a través de Amazon. alfredobehrens@gmail.com

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