
Cabeza de mujer, 1915
Fuente: https://www.wikiart.org/
Yo era de las que iban todas las mañanas al parque que quedaba cerca de mi casa y corría y me estiraba y me disparaba cien abdominales como si nada. No recuerdo cuándo dejé de hacerlo, a lo mejor cuando nos mudamos para acá, pero lo cierto es que, malagradecido a morir, mi cuerpo ahora parece el del Hombre de hojalata.
No estoy hablando de dolor puntual, o de algo que me deje en cama. Hablo de ese dolor que aparece cuando hago un poquito más de esfuerzo del habitual. Algo tan simple como mover cosas, limpiar a fondo, o cambiar una rutina, que inevitablemente llega la factura.
Para colmo, vivo en un país donde la tercera edad lleva la delantera, y veo viejitos que suben, bajan, hacen mercado o van a la farmacia y no comentan nada, o porque son muy estoicos, o porque nadie se lo pregunta.
A mí tampoco me lo peguntan, si a ver vamos, pero la que pregunta soy yo:
¿Soy yo la única que se siente así?
¿O es que todos sentimos lo mismo y nadie dice nada?
Parece que con los años hay cosas que se viven en silencio, pero igual, a mí a veces me duele a gritos.
He leído que lo que pasa es que los músculos cambian, que las articulaciones ya no responden igual, que el cuerpo va acumulando historia. Pero también he leído y visto gente que asegura categórica, que, si comes yo qué sé, duermes no sé cuánto y practicas lo de más allá, puedes llegar a los 90 con la energía de un saltimbanco.
A decir verdad, la gente se pone francamente fastidiosa con eso de la edad, los kilos y el cansancio.
“Pero es que tú…” y una retahíla sobre lo que comes, lo que caminas, lo que haces y dejas de hacer. Mi argumento es que yo hice ejercicios como una loca, hacía hasta danza varios años, fui delgada, aunque comí lo que me provocó la vida entera, y no es ahora que me va a dar por contar calorías. La verdad, lo que quiero es contarles que ayer limpié mi casa a fondo y hoy no me aguanto ni los brazos ni las piernas, y que, recién llegada a Portugal, hace ocho años, un día por pura fiebre volteé como una media el primer apartamento donde vivimos, que era como de 200 metros. ¡Y no me pasó nada!
Se me que es mejor preguntar qué hay además del esfuerzo físico. Porque cansancio, por ejemplo, hay de todas, todas. Dicen que es que el cuerpo se expresa. Pues el mío, como diría Lulucita, habla más que un perdido cuando aparece…