
Sísifo, 1576
Fuente: https://pt.wikipedia.org/
Toda la vida le tuve una gran consideración a Sísifo por lo de su famosa piedra, sobre todo las veces en que la mía se perdió, inmisericorde, cuesta abajo en la rodada.
Yo, por lo menos, más de una vez logré que alguna llegara hasta arriba. Pero ¿se imaginan tener que subirla eternamente y verla caer justo antes de alcanzar la cima? Y peor aún, ¿volver a empezar para siempre?
Por razones que no vienen al caso me acordé de él y decidí averiguar un poco más.
Y resulta que Sísifo se las traía.
Para que se hagan una idea. Primero traicionó nada menos que a Zeus, delatándolo en el rapto de Egina a cambio de una fuente para su ciudad.
Cuando se enteró, Zeus se puso furioso y se lo entregó a Tánatos para que se lo llevara al infierno. Astuto como un zorro, Sísifo se las arregló para adular a Tánatos y terminó amarrándolo a una correa, logrando no solo salvarse del infierno, sino que con Tánatos amarrado se acabó la muerte por un tiempo.
Pero como no se sabía quedar quieto, se metió con Hades, el dios de los muertos y con Ares, dios de las batallas, quien negociaba préstamos de muertos con Hades para completar los soldados de sus batallas.
Por fin Hades logró soltar a Tánatos y le ordenó que se llevara a Sísifo a las mansiones de la muerte, pero antes de que se lo llevaran Sísifo le pidió a su mujer que no lo enterrara. Ya en el infierno, le reclamó a Hades que su esposa no lo había querido enterrar y a renglón seguido retomó a su cuerpo y huyó con su mujer, con lo que por segunda vez engañó a la muerte.
Siguió haciendo de las suyas hasta que por fin se murió de viejo. De regreso al infierno recibió el castigo de la piedra por el que yo siempre lo había compadecido tanto.
Pero ahora que sé quién realmente era, lo encuentro parecido a esa gente que va por la vida de artimaña en artimaña, siempre al borde del abismo y siempre cayendo de pie. Esos que manipulan, negocian, engañan… y aun así despiertan simpatía.
Lo más inquietante es que incluso condenados logran arrancar nuestra compasión.
Pero aquí se los digo: después de todo, la piedra terminó por ser no un absurdo del destino, sino la consecuencia de una vida terrena de engaños y manipulaciones.
Y yo todo este tiempo, compadecidísima.
No es la primera y me temo que no será la última vez que ruede como la piedra por no averiguar bien…