
Fotografía Hossein Farsad
Fuente: https://fineartamerica.com/
Cuando Rita falleció, Alan sintió la culpa.
Rita había salido de su clase de teatro. Aquella tarde, el grupo decidió estirar el tiempo; era el refugio de los que no querían volver a casa tan rápido, otros por tener compañía, y otros, porque les gustaba un poco de fiesta. En esas reuniones se empezaba hablando de los ensayos, de ideas para nuevas obras, y terminaban hablando de política, o de lo caro que estaba ir al supermercado. Rita seguía las conversaciones sin pasión, no consideraba tener grandes problemas. Para ella esas clases eran como ir al yoga, o al gimnasio.
Alan había chocado el carro de Rita unos días antes, y ella, para no hacerlo salir, se llevó el de él. Alan había descuidado mucho el mantenimiento de su vehículo, y por una tontería, y mala suerte, Rita fue asesinada cuando se disponía a volver a casa, y el carro no encendió después de varios intentos.
La tragedia fue de una sencillez aterradora. Una mujer que salía tarde de una clase de teatro fue asesinada fuera de su carro, al intentar robarla. El delincuente le pidió bajarse, y al él intentar encenderlo, asumió que ella había activado algún tipo de alarma para que no se lo llevara, y en su frustración, le disparó. Unas personas a media cuadra dijeron que el hombre gritaba histérico mientras batía el arma y los disparos sonaban como látigos infernales.
Alan entendió lo que había pasado cuando la policía le preguntó si tenía algún sistema de seguridad, ya que no lo habían logrado encender. No había ninguna alarma. Solo era el arranque dañado. Algunas veces se pegaba, y había que abrir el cofre para darle un pequeño golpe para que encendiera. Alan ya sabía cómo podría haber muerto Rita. Quizá trató de escapar, pero el carro no encendió, o el sujeto la interceptó cuando ella abría la tapa del motor para darle un par de golpes. En cualquiera de los casos, todo había sido culpa del arranque, el mismo que él tenía meses diciendo que arreglaría, y que solo recordaba cuando le tocaba abrir el cofre y golpearlo suavemente.

Nacido en Ciudad Bolívar. Vivo en Margarita desde 1998
Fotógrafo especialista en el área gastronómica y documental.
Colaborador en El Nacional, Todo en domingo y GastronomiaEnVenezuela.com
Publicaciones editoriales con Libros el Nacional, ULA, El Mercurio de Chile y Miro Popic.
Actualmente, me dedico a la fotografía gastronómica publicitaria y tengo una empresa de distribución de productos artesanales alimenticios.
jdvolcan@gmail.com