
Mujer gitana, 1920
Fuente: https://www.wikiart.org/
Es mi canción favorita del compositor y cantante Willie Colón, fallecido el pasado 21 de febrero. Descanse en paz maestro y gracias por su espectacular legado musical.
Ese día, para homenajear a quien me hizo y me hará bailar salsa y otros ritmos caribeños hasta el fin de los tiempos, me serví un vino y puse su canción, Gitana, a todo volumen.
Cerré los ojos y me transporté.
Por si un… día me muero….
Su ritmo, cadencioso y divino me poseyó.
Y tú… lees este papel….
Me dejé llevar por mi pareja invisible pero presente, mi muy británico esposo, ese que me recibirá en el cielo un día, bailando como un profesional, lo tenemos negociado. Él decía que nosotras las latinas teníamos “extra joints” (articulaciones adicionales).
Sin mirarte yo te miro
Sin sentirte yo te siento
Sin hablarte yo te hablo
Sin quererte yo te quiero…
Terminó la canción, abrí los ojos con una sonrisa y miré a unos caminantes frente a mi ventana que me observaban divertidos.
Los saludé sin vergüenza alguna, más bien con cierto orgullo y me senté a terminar mi vino, también esta reflexión.
La música tiene la facultad de desatar en mí demonios ocultos.
Es una sensación avasallante, un torrente melódico que mueve cada músculo de mi cuerpo y me invita a bailar, bailar, bailar…
Es irrelevante dónde esté, en el carro, caminando con mis audífonos en el parque, frente a mi ventana.
No me da miedo que se rían de mí o que digan que soy una vieja ridícula.
Bailando Gitana ahí frente a mi público cautivo fue una epifanía.
Cai en cuenta de que el baile, en cualquiera de sus géneros, salsa, merengue, tango, bachata, joropo, es una alegoría de esa palabra que a veces nos elude: libertad.
Gitana, gitana
Gitana, gitana
Tu pelo, tu pelo
Tu cara tu cara…
Y la libertad es justamente eso:
¡No tener miedo!
Descanse en paz, maestro.
Les dejo otro regalo musical, Gitana de Willie Colón.