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¿No les pasa? En cada paquete donde viene algo que compramos, especialmente si se trata de un aparato electrónico, se encuentran unas “instrucciones” en varios idiomas que cada vez más se convierten en tutoriales. El último que vi lo traían unos audífonos: un desplegable de 16 páginas con gráficos. De más está decir que al verlo me bloqueé inmediatamente. Entender el gráfico para colocar el aparato en modo Bluetooth me costó un mundo.
Esos tutoriales también se usan cuando deseamos informarnos de cómo funcionan o para qué sirve alguna aplicación en redes. He tenido que ver varios para entender cómo colocar fotos, videos, letreros… cuánto duran, cómo se ven mejor, etc. No se trata de un problema moderno en realidad. Las explicaciones detalladas para cumplir con procesos que nos interesan no son un asunto nuevo.
En la antigüedad existían, lo que cambió es el formato. Por ejemplo, un campesino hindú encontró enterradas a finales del siglo XIX, en una aldea hoy pakistaní llamada Bakhshali, unas setenta hojas de corteza de abedul, escritas en sánscrito. Parecía a primera vista un simple manual para el cálculo de compra y venta de mercancías. Cayeron después en manos de un filólogo alemán, Rudolf Hoernle, especialista en sánscrito y arqueología, que las analizó y escribió un trabajo sobre ellas. Después de su muerte, en 1918, D. R. Kaye, un historiador de las matemáticas, editó el trabajo y lo publicó en 1927, aunque su valor solo se reconoció a finales del siglo XX.
Lo que ahora se conoce como el Manuscrito Bakhshali contiene métodos de cálculo rápido, aritméticos y geométricos con los cuales se resolvían problemas complejos de forma rápida y precisa. Tanto que influyeron en el desarrollo actual de algoritmos y métodos computacionales en informática, matemáticas e ingeniería. La obra demuestra además que los hindúes fueron los primeros en conocer el uso del cero… Hay tutoriales de tutoriales.