Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo

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Grace Cossington Smith,
La tejedora de medias, 1915
Fuente: https://www.wikiart.org/

Ayer, 9 de mayo, se celebró el Día Mundial de los Calcetines Perdidos. Pues sí: hay un Día para eso. Y no digan que es una frivolidad, porque hay pocos hechos tan constantes y misteriosos como la desaparición de una media en la lavadora. Uno mete dos y sale una.

Aquí, por ejemplo, tengo una bolsa llena de calcetines «viudos». Medias abandonadas, esperando que algún día aparezca la compañera, como Penélope esperando a su amor en la estación.

Las medias nacieron mucho antes que la moda. En la prehistoria, el ser humano se amarraba pieles en los pies para no congelarse. Los griegos inventaron luego los sykhos, hechos con pelo de animal, y los romanos los perfeccionaron para que sus soldados no terminaran con los pies helados en el gélido norte. Los egipcios tejieron calcetines con la punta separada para poder usar sandalias, porque la humanidad siempre ha tratado de combinar comodidad y apariencia. En la Edad Media se volvieron símbolo de lujo, hasta que una máquina de tejer, en el siglo XVI, comenzó a democratizarlos. Ya en el siglo XX, el nylon los convirtió en esos humildes compañeros que hoy desaparecen misteriosamente en nuestras lavadoras con una frecuencia que ni Houdini.

Ese, precisamente ese, es el gran misterio de hoy: no su origen, sino su desaparición.

El calcetín revela mucho del ser humano. Hay quien usa medias negras para todo: personas que han decidido no perder tiempo combinando colores porque consideran que la vida ya trae suficientes dificultades. También quienes llevan dibujos y rayas de colores, gente optimista.

¿Teorías? ¡Para todos los gustos! Algunos, que seguramente no tienen nada mejor que investigar, han calculado que una persona puede perder 1.200 calcetines a lo largo de su vida. ¡Un dineral! Yo sospecho que las medias se fugan. Se cansan de la monotonía y un día deciden emprender una nueva vida junto a tapas de frascos y de contenedores de plástico…

El calcetín perdido es, en el fondo, una metáfora de la vida. Uno pasa años buscando lo que le falta… Tal vez por eso nos alegra tanto encontrar, meses después, el compañero desaparecido en la funda de una almohada o entre franelas. Porque aún conservamos la ingenua esperanza de que las cosas importantes regresen. Aunque sea sin oler a suavizante.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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