Gente que Cuenta

Viejo llorón,
por Victorino Muñoz

Rembrandt van Rijn Atril press
Rembrandt van Rijn,
Busto de un hombre con gorra, c.1631
Fuente: https://www.rijksmuseum.nl/

Si bien algunos dicen que los hombres no lloran, hasta cierta edad yo creía que solo estaba permitido soltar algunas lágrimas por tres razones:

– Porque nos deja una mujer

– Porque pierde nuestro equipo (de fútbol o, en mi caso, de básquet)

– Porque nos arrancamos accidentalmente un pelo de la nariz (eso sí duele, compadre)

Pero, he aquí que he llegado a cierta edad y me he convertido en un viejo llorón. Me empiezan a conmover tantas cosas que antes, en mi juventud, hubiera visto hasta con cierta indiferencia o, por lo menos, serenidad. Por ejemplo:

– Paso todos los días paso trotando frente a un conjunto de edificios y veo a un señor, enorme como una montaña, que pasea un perrillo; el animalito está paralizado de las patas traseras. Y el señor lo pone en la grama, se acuesta con él, espera que el perro termine de olisquear y lo mueve para otra parte… Luego, sigo trotando, pero ahora voy llorando.

– Un matrimonio, dos personas mayores, cerca de 80. Están en un café. Él, por lo que veo, ha de haber sufrido un ACV; está parcialmente paralizado. Han pedido una pizza, al parecer celebran algún aniversario en el que debe ser un sitio significativo para ellos. La señora da de comer en la boca al que supongo es su esposo; pero es su mirada lo que me obliga a voltear y dejar de observar la escena. Sin embargo, ya estoy llorando.

Estas y otras ocasiones se repiten más y más, cada vez con mayor frecuencia, por culpa de las redes sociales. Aparecen solos los videos, o me los envían: un grupo de personas rescatando a un perro que cayó a un río crecido, y lo logran; una mujer que es la única representante olímpica de un pequeño país, y lucha para poder terminar el maratón, y aunque llega de última, el público lo celebra a rabiar…

Todas esas escenas me ponen, como estoy ahora que las describo, con lágrimas nublando mis ojos. Y es que, tal como decía, me he convertido en un viejo llorón. Dicen que con la edad nos hacemos más sensibles, porque somos más conscientes de nuestra vulnerabilidad, porque acumulamos más experiencias de pérdidas y cosas así.

Por eso, aprovecho la ocasión para pedirles a mis amigos, por favor, ya no me envíen más videos de ese tipo, porque… ya va, esperen un momento: sniff, sniff… me estaba sonando la nariz. Mejor dejo hasta aquí. Nos vemos.

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Victorino Muñoz valenciano, autor de "Olímpicos e integrados", ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y "Página Roja", publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017. rvictorino27@hotmail.com Twitter:@soyvictorinox Foto Geczain Tovar

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