
Feriado en el pueblo, 1914
Fuente: https://www.wikiart.org/
El año está lleno de feriados, de todos los países y tamaños: fines de semana, los de un solo día, más “puentes” locales, nacionales e internacionales.
Algunos se estiran hasta convertirse en fiestas patronales y pareciera que en los países latinos, por nuestra tradición católica y cierta tendencia fiestera, se multiplican.
Me parecían exageradas la cantidad de fiestas patronales, que eran por supuesto feriados regionales de mi país, Venezuela. Se puede pasar todo el año dando vueltas por todas las regiones y todos los meses hay una o varias, así que se puede ir de fiesta en fiesta sin problemas.
Pero eso no es nada si se toma en cuenta lo que ocurre en el origen de esa matriz fiestera latinoamericana que es España. La cosa aquí se multiplica por regiones y ya no se trata de cambiar de región para cambiar de fiesta, sino simplemente cambiar de pueblo. Cada pueblo tiene su calendario propio y cada mes tiene su afán. Así que el total de fiestas en el país es un juego de mesa fiestero, donde se pueden combinar fiestas regionales y días “nacionales” para tener un “finde” largo, musical y colorido. No hablemos de tiempos como la Semana Santa, el Carnaval o la Navidad, donde se combina la reverencia y la solemnidad de los actos religiosos y procesiones, con la reunión y la fiesta.
Sin olvidar que de repente una calle puede estar cerrada porque uno de los grupos étnicos del país está con una fiesta importantísima y todas las tiendas, árabes para poner un ejemplo, o chinas, están cerradas, y eso puede significar toda la calle. Hay que saberse las fiestas de uno y las de los demás.
Recuerdo un cumpleaños familiar. Había dejado para última hora la compra del regalo, porque total, la vía principal del pueblo donde vivo está siempre abierta… Pero ese día hubo alguna Inmaculada importantísima que no había tomado en cuenta y había caído en viernes, con lo cual había un buen finde, combinado con un lunes feriado también por ser día nacional. No había una tienda abierta. Al final, solo vi una barbería que, aunque estaba a punto de cerrar, fue mi salvación. Me imagino que le di lástima al señor, que pospuso el cierre para venderme un maletincito de viaje. Así que ojo, los feriados son cosa seria, hay que aprenderlos y sobrevivir.