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Una de las señales de que un jardín funciona —no solamente para alegrar tu vida, sino para limpiar el aire— es que se convierta en una referencia de animales voladores, desde pájaros a abejas, pasando por los sírfidos (animales parecidos a unas mosquitas en tamaño); es decir, que atraiga efectivamente a polinizadores.
Una parte de mi trabajo siguiendo esta idea fue construir un jardín con especies atractivas. Pensaba que las flores lo eran todo: unas cuantas begonias, margaritas, tulipanes, no sé, bien grandes y bonitas… Pero me he llevado una sorpresa. Resulta que lo que primero ha dado resultados han sido las flores del perejil. Los narcisos amarillos son preciosos, pero como todos los bulbos, las flores duran abiertas un mes y medio. Después la planta vuelve otra vez al estado latente.
En cambio, el perejil ha florecido hace más de un mes y sigue produciendo umbelas, unos paraguas de interminables florecitas blancas que atrajeron permanentemente, cual aviso fluorescente, a un ejército de animales. La clave está en la estructura de sus flores, que les permite a insectos pequeños y medianos posarse. Su néctar es más accesible así y las abejas, por ejemplo, pueden moverse entre flores transportando polen, lo que resulta en un aumento de semillas y en una polinización eficiente.
Los sírfidos tienen larvas que se comen a los pulgones, una de las plagas más temidas. Comparten esa preferencia con las mariquitas. También llegan mariposas pequeñas… Esas umbelas son cómodas por lo anchas y amplias. Se pueden alimentar varios insectos a la vez. Inclusive se beneficiarán los cultivos vecinos por el efecto llamada.
Cultivar el perejil es sencillo: colocas en el fondo de una maceta unas piedrecitas o pedazos de anime para que fluya el agua de riego. Llenas la maceta de tierra de jardín para todo uso. Puedes comprar las semillas en cualquier vivero, tienda de horticultura o escogerla en la red. Riega, y en la superficie húmeda espárcelas a menos de medio centímetro unas de otras, tapa con poquita cantidad de tierra, un medio centímetro. Con riego y sol —de 4 a 6 horas diarias— en una semana empiezan a germinar. Se dejan en un sitio soleado con la tierra siempre húmeda. Si la temperatura es alta, riega diariamente. Si llueve mucho, una vez por semana. Al perejil también le gusta el fertilizante, por ejemplo humus de lombriz o compost. Ya verás.