
Imagen generada por la IA
Desde que tengo dos cuentas de WhatsApp me ha dado por hablar cada vez más conmigo mismo. Esta es una costumbre que creo tenemos todos (me refiero al diálogo interno); sin embargo, yo lo he llevado a otro nivel, al convertirlo en una buena manera de ejercitarme en esta difícil esgrima de la argumentación.
En tal sentido, cuando tengo una idea para comenzar a escribir algo (como los artículos para esta página), uno de mis yo toma partido por una de las dos posiciones. Por ejemplo, si las redes sociales traen más cosas buenas que malas; o viceversa.
Y entonces, dale que te doy, comienza una andanada de discursos ya a favor, ya en contra.
– Las personas pueden compartir con quienes tienen sus mismos intereses, gustos y afinidades – dice uno de mis yo.
– Sí, pero entonces pueden encerrarse solo en aquello que les interesa – responde mi otro yo.
– Así pueden sentirse aceptadas y un poco mejor consigo mismas, incluso cuando tengan gustos algo extravagantes – continúa el primer yo.
– El problema es que de esa manera también refuerzan sus prejuicios; no pasa nada si se trata cosas que no perjudican a alguien o a sí mismos; pero, caso contrario, nadie les alertará acerca de posibles consecuencias no deseadas. Y esto es mortal en el caso de adolescentes…
Dejando de lado el ejemplo, y volviendo al tema central, la ventaja de esta manera de proceder es que, como señalé en un artículo anterior, siempre puedo comprender los distintos puntos de vista de una situación.
También, cuando estoy conversando, me llegan más fácilmente los argumentos (de hecho, muchas veces digo cosas que ya he pensado o discutido conmigo).
Se preguntarán, acaso, qué hago cuando voy a escribir y debo tomar partido e irme por una de las dos vías. Pues, si no es necesario decantarse, opto por exponer las dos o las varias que haya.
Y si no queda más remedio, pues, recuerdo quién soy yo y quién es la sombra con la que practico esgrima…
Por si se lo están preguntando también, en este artículo no sé cuál de los dos es el que habla. Tal vez ambos, porque algunas veces estoy de acuerdo conmigo mismo.