Gente que Cuenta

Hambre de saber,
por Victorino Muñoz

Claude Raguet Hirst Atril press
Claude Raguet Hirst,
Naturaleza muerta con libros, ca. 1910-20
Fuente: https://nmwa.org/art

En El crimen de Silvestre Bonnard, de Anatole France, se lee este diálogo:

—¡Cuántos libros! ¿Los ha leído usted todos?

— Desgraciadamente. Por lo cual no sé nada, pues ninguno de esos libros deja de desmentir al otro; de manera que, una vez conocido lo que dicen todos, no se sabe qué pensar.

De verdad que para quien no lee habitualmente, una persona que frecuenta los libros podría parecer un gran sabio. Mas no es así, ya que, como insinúa Anatole France, tanta lectura nos puede dejar sumidos más bien en un mar de confusiones.

Esto diría una persona sabia y sensata, de esas que ya no se ven mucho, al admitir que por más que leemos siempre estamos lejos de saberlo todo; incluso, mientras más sabemos más nos percatamos de cuánto nos falta. Claro que no falta el caso contrario, de aquel que solo se ha leído un librito… o aun sin leerlo, tiene un telefonito que le da las respuestas.

En fin, se podría uno preguntar, entonces, para qué leer tanto o para qué escribir más libros si no se va a llegar a saber nunca nada con claridad, y si apenas se publica algo ya cae en la obsolescencia o salen miles a refutarlo y otros tantos a ignorarlo.

Vana cosa es leer con pretensión de saber, respondería yo; o leer con pretensión de saberlo todo. Sin embargo, pese a admitir tal imposibilidad de llegar a la totalidad o al saber último, nunca vamos a poder dejar de lado los seres humanos la curiosidad o la necesidad de indagación.

Haciendo una comparación: si tuviéramos hambre, ¿acaso desdeñáramos el único mendrugo de pan a nuestro alcance, creyendo que no nos llenara? Seguramente no, como hacemos con algunos libros que, literalmente, nos devoramos. Tampoco despreciáramos un plato de comida pensando que luego tendremos hambre.

Siempre tendremos hambre, de saber y de comer, en el sentido de que nunca podremos satisfacernos del todo. Por ello, mi ambición al leer es más bien modesta. Y luego puedo afirmar es que sé algo, o que sé esto.

Y lo que no sé, no me preocupa; del mismo modo que al comer, para seguir con la analogía, solo pienso en lo que estoy disfrutando, sin angustiarme por qué comeré mañana.

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Victorino Muñoz valenciano, autor de "Olímpicos e integrados", ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y "Página Roja", publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017. rvictorino27@hotmail.com Twitter:@soyvictorinox Foto Geczain Tovar

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