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Pasar el día,<br/> por Luli Delgado
Luli Delgado, 260d

Pasar el día,
por Luli Delgado

ler em português        Creo que ya no existe la figura, porque ahora las familias se levantan corriendo para no llegar tarde adonde tengan que ir. Pero cuando yo era pequeña existía "pasar el día": alguien mayor llegaba a casa, se quedaba a almorzar, dormía la siesta, merendaba y después regresaba. Sin preparativos especiales, pero era sin duda un gran acontecimiento.En mi familia había un ángel. Se llamaba Yeyé y desde siempre fue viejita: ojos claros, voz muy suave. Llegaba con su carterita negra y de algún bolsillo sacaba invariablemente un caramelo o una estampita. Contaba despacio, como si las palabras tampoco tuvieran apuro, y uno podía escucharla sin saber bien de qué hablaba y aun así sentirse acompañado. Al final de la tarde, después de un día maravilloso, pedía insistentemente q...
Expedición,<br/> por Lucy Gómez
Lucy Gómez, 260d

Expedición,
por Lucy Gómez

Había una vez una ciudad pequeña, un suburbio más bien, con su única biblioteca pública que abre poco después de las siete de la mañana. Como los lectores son escasos, promueve actividades para que los libros reciban el aliento de la gente. Y así, en su puerta se agrupan durante el día mamás con sus bebés, adolescentes o corredores en bicicleta que se reúnen en sus salones y animan el ambiente. El detalle es que, en ese pueblo, los libros no se encuentran solo allí o en sus escuelas, sino en las calles. Están en los basureros —ahora llamados “centros de reciclaje”— muy puestecitos, esperando que aparezcas y te los lleves. Y no creas que son cualquier libro, no. Algunos deben haber costado bastante, como El Círculo Mágico de Katherine Neville, de 541 páginas, que estaba en su caja dorada...
La culebra,<br/> por Leonor Henríquez
Leonor Henríquez, 260d

La culebra,
por Leonor Henríquez

read it in English        Más que sorprenderme, me confundió.Estaba allí en la puerta de entrada de mi casa. Al principio pensé que sería una rama. Pero no, era una culebra y era enorme.Me quedé como de piedra, pero saqué el celular para tomarle fotos.La perturbé. Se enroscó y me tiró a morder.Las culebras aquí no son venenosas y las he visto cerca del río, pero nunca tan grandes como esta.Al final me enteré de que era una Garter Snake, comunes en Norteamérica y me reconfortó saber que son apreciadas porque protegen las casas de los roedores y otras pestes.En fin, no pasó de un susto, pero me dejó pensando en cual sería el significado espiritual de la serpiente y qué mensaje trajo a mi puerta.Lo primero que vino a mi mente fue Esculapio, dios de la medicina y la curación. La serpiente se u...
Hambre de saber,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 260d

Hambre de saber,
por Victorino Muñoz

En El crimen de Silvestre Bonnard, de Anatole France, se lee este diálogo: —¡Cuántos libros! ¿Los ha leído usted todos? — Desgraciadamente. Por lo cual no sé nada, pues ninguno de esos libros deja de desmentir al otro; de manera que, una vez conocido lo que dicen todos, no se sabe qué pensar. De verdad que para quien no lee habitualmente, una persona que frecuenta los libros podría parecer un gran sabio. Mas no es así, ya que, como insinúa Anatole France, tanta lectura nos puede dejar sumidos más bien en un mar de confusiones. Esto diría una persona sabia y sensata, de esas que ya no se ven mucho, al admitir que por más que leemos siempre estamos lejos de saberlo todo; incluso, mientras más sabemos más nos percatamos de cuánto nos falta. Claro que no falta el caso contrario, de...
Las soledades, <br/> por Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 260d

Las soledades,
por Soledad Morillo Belloso

Hay muchos tipos de soledades, y cada una tiene su manera particular de morder. Algunas llegan como un perro callejero que se mete en casa sin pedir permiso; otras entran acicaladas, con guantes de seda, casi amables, casi necesarias. La soledad no es una: es un archipiélago entero, un mapa lleno de islotes donde uno encalla sin darse cuenta o donde, a veces, decide quedarse a mirar el horizonte sin testigos. Hay una soledad que es ruido: la que se siente en medio de la gente, cuando las voces ajenas pasan como viento y no rozan nada. Esa soledad es un apagón interno: afuera todo brilla, pero adentro no prende ni un fósforo. Y está la otra, la que uno busca como quien se quita los zapatos después de un día largo. Esa soledad tibia, doméstica, que huele a café recién colado y a página en...
Te cuento que… <br/> por Suzan Matteo 14/7
Suzan Matteo, 260d

Te cuento que…
por Suzan Matteo 14/7

Estaba leyendo la prensa hace poco, y vi la noticia de que había habido un problema en la Estación Espacial Internacional. Nada grave: una fuga de aire en el módulo ruso Zvezda obligó a los cuatro astronautas a refugiarse dos horas en sus cápsulas por si tocaba evacuar. Sellaron el escape, tomaron café y siguieron trabajando. Noticia de un día. Y me preguntaba: ¿cómo es que mandamos gente al espacio cada seis meses como si nada y apenas sale en una esquinita del periódico? Confieso mi ignorancia: yo oigo «estación» y pienso en la del Metro, o en la de gasolina. Pero no, esta es una casa del tamaño de una cancha de fútbol que va dando vueltas a la Tierra, con humanos orbitando a 400 kilómetros de altura, haciendo experimentos, reparando tuberías y quejándose de la comida deshidratada. ...