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Gente que Cuenta

¿Blanco, blanco, blanco?,
por Luli Delgado

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Fernand Léger,
El gran desfile, 1953
Fuente: https://www.artsy.net/

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        El otro día vi en Instagram que el agua oxigenada no debe usarse en heridas, porque esa espumita blanca que creíamos tan antiséptica, no cura nada sino que destruye los tejidos. Vaya uno a saber.

Pero luego vi a Shakira hablando de miscegenación en América Latina y, gracias a mi eterna travesura mental, conecté ambas cosas. Oxigenada y miscegenación no tienen nada que ver, salvo sus letras en común. Pero sigamos.

Shakira recordaba cómo en nuestro continente la sangre y la cultura se han cruzado sin pedir permiso. Y es verdad. Por el Caribe ha entrado y salido el mundo entero: europeos, africanos, aborígenes. Una marea interminable. Ella contaba cómo heredó la danza del vientre, huella de los ocho siglos musulmanes en la península ibérica. A nosotros también nos tocó un retazo: basta mirar a un venezolano criollo para entender que en cualquier esquina de Oriente Medio pasaría por un paisano más.

En América Latina la pureza es una ficción. Mientras otros se atrincheran en su identidad —los chinos son chinos, los rusos, rusos—, nosotros somos el resultado de un enredo fascinante. Chico Buarque, al recibir el Premio Camões, recordó que por sus venas corre sangre de amos y de esclavos. No hay purismo cuando se lleva el conflicto y la reconciliación en el mismo ADN.

En Venezuela esto se resolvió con sabiduría popular: el que no tiró flechas, tocó tambor. Si no hay ancestro indígena, hay ancestro negro, y cuando alguien pretende darse aires de hidalguía, siempre aparece aquello de que «en Venezuela nadie aguanta los tres golpes».

—¿Fulano es blanco? —Sí.

—¿Pero blanco, blanco? —Bueno, sí.

—¿Pero blanco, blanco, blanco? —Ah no, ya ahí no.

A la tercera indagación, los tres golpes de la blancura inmaculada se caen. Estamos tan impregnados de la mezcla que solo ahora, con el mundo obsesionado por las etiquetas, nos da por teorizar lo que ha sido la realidad de toda la vida: nuestra identidad no es un bloque de mármol, sino una espuma viva que no para de reaccionar…, como el agua oxigenada sobre la herida.

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Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y Video – por The American University, Washington, DC. Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas. delgado.luli@gmail.com

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