
Rosas en el jardín de Hoshede en Montregon, 1876
Fuente: https://www.wikiart.org/
Si crees imposible tener un jardín de rosas por falta de espacio, te equivocas. Hay rosales de todos los tamaños: desde arbustos hasta miniaturas, con alturas que van desde los diez centímetros hasta los cuatro metros. Además, existen las variedades silvestres, que crecen con fuerza sin necesidad de nuestra intervención.
Por su altura y hábito de crecimiento, algunas variedades pueden ser «de a pie». Alcanzan entre 3 y 4 metros, requieren poda y son las típicas de los jardines tradicionales. Sin embargo, existen ejemplares de solo 2 metros que florecen varias veces al año, así como trepadores con tallos largos que pueden guiarse y atarse para cubrir arcos, pérgolas y celosías con flores simples o dobles.
También encontramos rosas más pequeñas: las tapizantes, que se desparraman por el suelo y son ideales para decorar muros y rocallas; y las sarmentosas, que regalaran ramos de 3 a 20 flores.
En cuanto a su época de floración, se dividen en dos grandes grupos: los no remontantes, con una floración abundante y espectacular una sola vez al año (en verano); y los remontantes o reflorecientes, que regalan una fuerte eclosión en primavera y continúan floreciendo de forma intermitente hasta el otoño, con flores grandes o en ramilletes. Y, por supuesto, están las miniaturas, perfectas para cultivar en maceta.
Los rosales son una de las especies que más han transformado botánicos y viveristas en cuanto a tamaño, color y hábito. Las rosas antiguas e históricas son aquellas que existían antes de 1867, fecha en la que se logró el primer híbrido de té. Hoy disponemos de más de 30.000 híbridos. La primera representación conocida de una rosa data del siglo XVI a. C. en el palacio de Cnosos, en la isla de Creta. También se cuenta que adornaban los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia.
Es crucial tomar en cuenta estas variedades al planear un jardín: por más que nos fascinen las rosas antiguas, florecen una sola vez al año, un detalle clave al decidir espacios, colores y aromas.
Si buscas flores casi todo el año, vale la pena considerar las Rosas de Damasco o damascenas, base fundamental de la industria de aceites esenciales y agua de rosas. Para un arbusto mediano, manejable y muy perfumado, los híbridos de té son sumamente populares: sus tallos son largos y rectos (algunos trepadores) y producen flores dobles de 8 a 12 centímetros en repetidas ocasiones al año. Más pequeñas son las grandifloras, capaces de exhibir de 5 a 7 flores por rama, muy duraderas y resistentes tanto al frío extremo como a las plagas.
Una variedad inolvidable son las polyanthas: arbustos compactos con racimos de 7 a 15 flores pequeñas (de unos 5 centímetros), muy resistentes a enfermedades, que florecen continuamente incluso sembradas a semisombra.
Del cruce entre las híbridas de té y las polyanthas nacieron las célebres floribundas, que florecen de abril a octubre. Reúnen la exuberancia de las polyanthas con la riqueza cromática y la elegancia de las híbridas de té, formando racimos en arbustos de 50 centímetros a un metro, sumamente resistentes a los hongos.
Y, finalmente, la solución para quienes no tienen espacio: las miniaturas, de entre 10 y 40 centímetros. Únicamente necesitan sol (directo o a través de una ventana) y los cuidados básicos de cualquier planta: fertilizante, agua y cariño. Con eso, florecerán durante todo el año.