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Gente que Cuenta

A divertirse todos, por Áxel Capriles M.

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Maruja Mallo,
Verbena, 1927. Acervo del Museo Reina Sofía de Madrid
Fuente: https://rebeccambender.com/

¿Recuerdan aquellos tiempos en los que se hablaba de la cultura del trabajo, de Max Weber y la ética protestante, del oficio, la disciplina y el aplazamiento del placer? Esa época se acabó. Vivimos en una cultura del entretenimiento. El mejor ejemplo es la ciudad de Madrid, convertida en el destino urbano más deseado y cotizado del momento por su oferta de diversión, recreo y ocio. Tras dos meses de un verano cada vez más prolongado en el que la ciudad literalmente se paraliza, septiembre arrancó con el estreno del circuito Madring de Fórmula 1, que movilizó a 350.000 asistentes, al que siguió el Madrid Fashion Week, los conciertos de Shakira y centenares de eventos y espectáculos de todo tipo.  El cambio de cultura es global. Si el Festival de Cine alegra las calles de Venecia, enseguida lo hará el Okotberfest de Munich. La nueva cultura del goce está a la vista en cualquier calendario municipal. No hay ciudad o pueblo que no tenga su festival de arte, de fotografía, de cine, su feria gastronómica, sus fiestas patronales, su maratón, su noche de los museos, su temporada de conciertos al aire libre. El ocio dejó de ser un paréntesis para convertirse en una programación.

Durante casi cuatro siglos, el trabajo fue el eje moral de Occidente. El descanso era una pausa funcional dentro de una vida ordenada por la producción, y el que no trabajaba debía excusarse. El ocio era sospechoso. La prosperidad que la disciplina produjo terminó financiando su antítesis. El sistema exigía trabajadores austeros durante el día y consumidores hedonistas por la noche, y ninguna ética sostiene ambas cosas mucho tiempo. La diversión dejó de ser una recompensa para convertirse primero en un derecho y después en un deber. Hoy el mandato no es producir, sino disfrutar, y gozar de manera visible. El cambio se evidencia en las más diversas encuestas sobre tendencias en las nuevas generaciones. En el año 2021, tras la pandemia, en China, surgió el movimiento “Tang ping”, “tumbarse boca arriba”, una suerte de filosofía práctica que rechaza la presión social por trabajar en exceso y buscar el éxito material. En Occidente nació un movimiento similar llamado “Quiet quitting”, “renuncia silenciosa”, que llama a trabajar lo mínimo indispensable y a no realizar ninguna tarea, ni aceptar responsabilidades adicionales a las contratadas. La vida está para disfrutarse.

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Axel Capriles Ensayista, psicólogo y economista, es ante todo un crítico de la cultura. Diplomado por el C.G. Jung de Zúrich, su último libro es 'Erotismo, vanidad, codicia y poder. Las pasiones en la vida contemporánea', publicado por Turner.

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