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Gente que Cuenta

Los detalles, por Soledad Morillo Belloso

Rembrandt Atril press
Rembrandt,
Filósofo en meditación, 1632
Fuente: https://es.wikipedia.org/

Se suele decir que “el diablo está en los detalles”. La frase suena a advertencia antigua, de esas que se murmuran en las cocinas mientras se desgrana el día y se suspira porque las cosas que deseábamos no salieron como esperábamos.

Y sí, en lo pequeño se esconden las trampas: la palabra que se desliza con veneno, la mirada que se desvía un milímetro y deja ver la grieta, el gesto que parece inocente pero abre la puerta a la sombra. El diablo trabaja ahí, en lo microscópico, donde pocos miran, donde un descuido basta para torcer el rumbo.

Pero casi nunca se dice lo otro, lo que equilibra la balanza: Dios también está en los detalles. En la precisión que endereza, en la pausa que ordena, en la exactitud que sostiene. Dios se instala en lo mínimo, en lo que no presume, en lo que parece irrelevante pero mantiene el mundo en su sitio. Un clavo bien puesto, una frase que encaja como llave, un silencio que evita el derrumbe. Ahí está, sin aspavientos, sin gritonería, haciendo su trabajo.

Los detalles son territorio de guerra. En lo grande todos saben moverse; en lo pequeño es donde se revela quién es quién. El diablo enreda, empuja, sabotea. Dios afina, ilumina, acomoda. Ambos conviven en esa franja diminuta donde se decide todo sin que nadie lo note. A veces basta un gesto para salvar un día entero; a veces un olvido lo condena.

Porque al final, lo que somos se decide ahí, en ese territorio mínimo donde lo que parece pequeño es, en realidad, lo que sostiene todo. Los detalles son la frontera donde se libra la batalla entre lo que nos quiebra y lo que nos sostiene. Y en esa frontera, cada minucia importa.

Porque hay oscuridad, pero también hay luz. En cada detalle cabe una chispa: un gesto que recompone, una palabra que aligera, una mirada que devuelve el aire. La vida no se sostiene por grandes hazañas, sino por pequeñas claridades que se encienden cuando menos lo esperamos. Y es en esas claridades donde Dios hace su trabajo silencioso, paciente, casi secreto.

Los detalles de Dios, que a muchos nos cuesta ver, al final, no solo nos revelan; también nos rescatan. Porque en lo mínimo —en lo que parece apenas un susurro— puede caber la fuerza suficiente para enderezar un día, una historia, y hasta, tal vez, una vida entera.

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Soledad Morillo Belloso Escritora, novelista, cuentista, ensayista, periodista, articulista. soledadmorillobelloso@gmail.com @solmorillob

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