
Henricus de Alemannia con sus alumnos. segunda mitad del S. XIV.
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Siguiendo con el asunto de las reflexiones sobre las clases, otro comentario, o más bien queja, que suelo escuchar entre los estudiantes del nivel universitario es que les gustan unas asignaturas y las otras no. Y esta preferencia se traduce en prestar atención solo a determinadas materias, incluso en dejar de entrar a las clases que no les resultan tan gratas, sea por el contenido o por el profesor.
Hay quienes piensan que se debe dar al estudiante lo que pida. Que el currículum debe adaptarse a lo que requiere el aprendiz, pues es él quien guía el proceso. Bueno, sí, se supone. Pero en el fondo no estoy muy de acuerdo; en verdad me resulta algo extraño que sea la persona que nunca ha estudiado la carrera la que va a tomar la decisión de lo que va a ver o no.
Es como si fuéramos (los docentes) manejando un taxi por un camino que conocemos y hacia un destino donde hemos estado. Pero los pasajeros (léase: estudiantes) que nunca han viajado al sitio ni pasado por ese camino, son los que nos deben guiar con respecto a cuál calle tomar. Bastante raro, pienso yo.
Por el otro lado, aparte del componente curricular o de contenido, está el asunto afectivo, porque la queja no es solo acerca de qué les enseñan, sino también cómo se sienten en determinados momentos, en algunas clases o con asignaturas. Aparte del “es que no entiendo para qué debo ver esa materia” está el “es que no me gusta esa clase”.
Yo trato de comprenderlos y les hago preguntas. Pero esas preguntas también van encaminadas a tratar de hacerles ver distintas cosas, como por ejemplo: la utilidad de lo que aprenden; o si el verdadero problema no está en las clases o materias, sino en el hecho de si les satisface o no la carrera que escogieron.
Digo, cuando nos gusta algo, no nos gusta todo de ese algo. Tal vez me atrae una persona y me fascinan sus ojos, su voz, pero no su carácter. Tal vez me gusta salir con ella, pero vive muy lejos. Ahora, si ese sentimiento de desagrado es mayor, entonces mejor desistir.
Por ello les pregunto si de verdad sienten amor por su carrera y si son capaces de tolerar lo que no les agrada para perseverar hasta culminar, como toleramos los defectos de la persona amada sin divorciarnos (y ella los nuestros). O si, caso contrario, se les hace insufrible, podrían pensar en buscar otra opción. Porque no es bueno ni matrimonio obligado ni carrera a juro.