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¡Ay… Macarena!,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 243c

¡Ay… Macarena!,
por José Manuel Peláez

No puedo decir de ninguna de las maneras que Macarena sea una mala persona. Otra cosa muy distinta es que yo no la pueda aguantar. Y, a veces, me llamo la atención al respecto porque no me parece correcto huir, esconderse o. mejor aún, evaporarse cada vez que me topo con ella en el pasillo. Al fin y al cabo, yo mismo reconozco que es una buena persona. Pero justamente esa es la razón de mi rechazo. Macarena es demasiado buena, es un melón en su justo punto de sazón al que le agregas azúcar, miel y crema pastelera. Ya decían los griegos que todo exceso es una falla y el exceso de bondad no tiene por qué escapar de esta Ley. Para Macarena no existen las emociones negativas. No se trata de que no las cultive, simplemente no existen. La pérdida de un amor es la puerta para encontrar otro...
Piratas con permiso,<br/> por Luli Delgado
Luli Delgado, 243c

Piratas con permiso,
por Luli Delgado

ler em português        Los corsarios eran, básicamente, piratas con los papeles en regla. Con la venia de sus majestades —a través de la llamada patente de corso— y a cambio de compartir parte del botín, hicieron de las suyas entre los siglos XV y XIX. Su misión era capturar barcos enemigos, saquearlos y, si hacía falta, hundirlos. De ahí tantas leyendas de tesoros fabulosos en el fondo del mar. Todo perfectamente “legal”.Si cometían excesos, no sufrían mayores consecuencias: estaban amparados por una corona. Y la corona, a su vez, se lavaba las manos alegando no tener responsabilidad sobre los actos de aquellos entusiastas del saqueo. Un acuerdo práctico: unos ponían la firma, otros los cañones.Ambos ganaban. Las coronas mantenían al enemigo a raya sin invertir en flotas propias, y los c...
Te cuento que…<br/> por Suzan Matteo 15/2
Suzan Matteo, 243c

Te cuento que…
por Suzan Matteo 15/2

¡Ah! Este año se dio la unión fatídica del Día de los Enamorados y el Carnaval. Dos fiestas juntas que parecen conspirar para recordarnos que la cursilería y el desorden son ineludibles. El primero, con sus mensajes empalagosos y rosas que huelen a obligación; el segundo, con su grito universal de «a que no me conoces»… En Venecia se esconden tras máscaras delicadas, porcelanas de misterio y olor a canal; en Río se entregan a la samba como si el mundo acabara en cada paso de cadera; y en alguno de nuestros pueblos, la guerra de agua es tan precisa que hasta las señoras más serias parecen francotiradoras. Hay países donde el carnaval ni cuajó, como Inglaterra, donde la rigidez es religión, o ciertos cantones suizos, donde el ruido excesivo es declarado crimen de guerra. En estas fe...