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El pecado inútil, por Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 253a

El pecado inútil, por Soledad Morillo Belloso

La envidia es el único pecado que, por más que se practique con devoción casi monástica, no rinde dividendos. Ni emociona. Apenas estorba, como un mueble feo heredado por compromiso. Es ese pecado capital que ni para pecado sirve. Uno la mira y no provoca ni cometerla. Es como un aguacate duro: promete, pero no entrega. Es un desperdicio total, como hacer cola para un trámite inútil. La envidia no produce beneficio alguno: ni placer culposo, ni desahogo, ni una anécdota digna de contarse con un café. Nada. Es el único pecado que no deja ni migajas. La lujuria deja historias sabrosas. La gula regala felicidad grasosa. La pereza es un spa espiritual. La ira alivia. La avaricia llena bolsillos, aunque sea de porquerías. La soberbia infla el ego. Pero la envidia… la envidia es un ventila...